Semana Santa 2019

La lluvia trastoca el Miércoles Santo

  • Los Gitanos no regresa al Sacromonte y decide guarecerse en la Catedral ante las malas previsiones meteorológicas 

  • El Nazareno suspende su estación de penitencia tras verse sorprendida por la lluvia durante su salida

  • El resto de las cofradías recortan horario e itinerarios ante estas mismas previsiones pero, finalmente, El Rosario se recogió bajo la lluvia

El Nazareno suspendió su estación de penitencia El Nazareno suspendió su estación de penitencia

El Nazareno suspendió su estación de penitencia / Carlos Gil

El cielo plomizo que predominó durante todo el día y el bochorno sofocante daban a entender que la lluvia era inminente. Los mentideros cofrades se poblaban de imágenes del satélite y los partes que arrojaban las diferentes webs de meteorología. Esto, pues, hizo que la expectación de estas jornadas atrás no latiera de igual modo en las calles de la ciudad.

El público se retrajo, tanto en el entusiasmo inicial de ver a las hermandades salir de sus templos como también en las calles, acompañándolas en estos primeros tramos de su estación de penitencia. Sin embargo, todo discurrió con normalidad hasta que a las ocho menos cuarto de la tarde, Los Gitanos confirmaba que no regresarían al Sacromonte: suspendían su estación en el interior de la Catedral.

El nerviosismo y el desconcierto empezaron a latir de forma palpable a las ocho y veinte de la tarde. En ese preciso instante empezaba a llover en el centro de la ciudad: Los Estudiantes aceleraba su marcha para guarecerse bajo las naves catedralicias, con la expectativa de que pudiera seguir lloviendo e incluso arreciar.

La cofradía de La Paciencia, desplegada en el centro de la Carrera Oficial, se disponía a cubrir al primero de sus titulares y guarecía con plásticos la cola del manto de la Virgen de las Penas. En ese mismo instante, el palquillo de toma de horas esperaba que El Rosario empezara a pedir la venia.

Estas primeras gotas de agua – que sólo quedaron en eso – fueron suficientes para que El Nazareno comunicase a sus hermanos la decisión de suspender su estación de penitencia. La amenaza de lluvia que sobrevolaba Granada para las primeras horas de la noche ratificó esta misma decisión. Como acto sustitutivo a la salida, la cofradía del Convento de San José realizó en el interior del templo el rezo del vía crucis con sus hermanos. Los pasos se dispusieron para recibir la veneración de los cofrades y fieles que quisieron disfrutar de los titulares de la hermandad.

Guarecidos en el interior de la Catedral, Los Estudiantes decidieron agilizar su vuelta a San Justo y Pastor. Recortando el itinerario en la recogida, dispusieron directamente el cortejo en calle San Jerónimo una vez empezaron a salir los primeros tramos desde la Puerta del Perdón. Desde allí buscaron la Plaza de la Universidad y accedieron a la antigua colegiata de San Pablo.

Eso sí, los momentos vividos en la calle volvieron a dejar claro que la hermandad atraviesa una etapa dorada: espléndido cortejo y exquisita presentación de sus pasos. Sublime la Virgen de los Remedios, tanto en su andar como en su vestimenta, y qué decir del exorno floral. Faltó tan solo una mejor conjunción con la banda, que optaba por cortar las marchas en las arriás del palio.

Los hermanos de La Paciencia, sobre la marcha, tomaron la decisión que el diputado mayor de gobierno ya había sugerido: iniciar su vuelta a San Matías por el camino más corto y en el menor tiempo posible. Abrevió la cofradía, recortando la oportunidad de deleitar a la Granada cofrade con todas esas instantáneas que la hermandad regala en el regreso por las inmediaciones de la iglesia imperial.

Nunca son suficientes los momentos para disfrutar de la divina espalda del Señor de la Paciencia, del clásico exorno de claveles, del andar prodigioso de su cuadrilla y del pregón para los sentidos de quien manda bajo la trabajadera. Lo mismo ocurrió con la Virgen de las Penas, exquisitamente vestida, impidiendo seguir redescubriendo la armonía entre los pupilos de Jorge Mario Martín y los discípulos de José Melchor Perelló. Un maridaje que sigue cosechando partidarios. Habrá que esperar, pues, a un nuevo Miércoles Santo.

La cofradía de El Rosario se dejó querer por los cofrades en el inicio de su estación de penitencia. Roneando con el paso de palio, abriendo la caja de las esencias, ofreció todo aquello que es capaz de dar un palio de barrio. Lo propio hizo también el Señor de las Tres Caídas quien, en esta ocasión, ofreció una imagen semidesnuda de su misterio: faltó el romano en la delantera guiando el caminar del Cristo caído de Santa Isabel la Real.

El pronóstico también volvió a determinar el discurrir de la estación de penitencia de la cofradía, que se vio obligada a recortar su regreso aunque, finalmente, el palio de Nuestra Señora del Rosario tuvo que soportar el aguacero que cayó antes de la recogida.

Especialmente precavida fue la hermandad de Los Gitanos, quien ya barruntaba cómo terminaría por resolverse la jornada. El extenso recorrido de la cofradía sacromontana hizo reconsiderar a la junta de gobierno la viabilidad de seguir realizando estación de penitencia.

Los partes parecían confirmar, como finalmente fue, que antes de la medianoche la lluvia terminaría por sorprender al Señor del Consuelo y a la Virgen del Sacromonte camino de la abadía. La hermandad, inteligentemente, prefirió no arriesgar innecesariamente el patrimonio humano y artístico de la cofradía, guareciéndose en el interior de la Catedral. La hermandad no conoce todavía cuándo trasladar a sus titulares hasta Valparaíso.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios