Opinión

Aplausos y miradas al futuro

Tomás García Azcárate. Tomás García Azcárate.

Tomás García Azcárate.

Ya está todo prácticamente escrito sobre el carácter ejemplar de la respuesta que la cadena alimentaria ha dado a la crisis del Coronavirus. Mención especial merecen los subsectores de productos altamente perecederos entre los que destaca por méritos propios el de las frutas y hortalizas. Aplauso más que merecido pues.

Lo que interesa a este Paranoico son los desafíos que se presentan ante nosotros, lo que puede acontecer en un futuro.

Dentro de las hortalizas de invierno, Almería no solo es líder sino que ejerce. Como botón de muestra bien valen dos ejemplos: su protagonismo en la organización del sector más allá de la producción con HORTYESPAÑA y la coordinación comercial desarrollada durante la pandemia.

La posición de líder atrae la atención de los competidores que luchan con todas las armas posibles para recuperar (o conquistar) el terreno.

¿Cuáles son las armas que pueden utilizar en esta ofensiva? Yo veo tres: La calidad organoléptica y la seguridad de los productos almerienses; el medio ambiente tanto en su vertiente de sostenibilidad del consomé de agua como de reciclado en envases y embalajes y las condiciones laborales de los trabajadores del campo.

Sobre el primer bloque, las calidades organoléptica e higiénica, lo tienen francamente mal. Se ha producido, por un lado, una auténtica revolución comercial, con nuevas variedades que recuperan sabores tradicionales. Por otro, todas las estadísticas lo demuestran, los niveles de residuos en los productos de Almería están entre los más bajos de toda Europa (y no digamos del mundo) y el desarrollo de la lucha integrada, las producciones integrada y ecológica, se ha consolidado y sigue produciéndose.

Agua y trabajadores del campo

Desde que tengo uso de razón agronómica, me han asegurado que la sobre-explotación de los acuíferos de Almería iba a frenar su desarrollo. Me acuerdo de largas conversaciones al respecto con el representante de Almería en el Comité Consultivo del tomate que se reunía en el Ministerio de Comercio antes de nuestra adhesión a las Comunidades Europeas, para distribuir los cupos semanales de exportación, un joven líder muy reivindicativo llamado Jerónimo Molina.

Hasta ahora, hemos conseguido, no sin dificultades y errores, empujar la frontera productiva gracias a actuaciones tanto desde el lado de la demanda, las tecnologías que permiten aumentar la eficiencia de los riegos, como del lado de la oferta. Pero, sin duda, son dos campos, la oferta y la demanda, en donde queda todavía margen de mejora.

En cuanto a las condiciones de trabajo y alojamiento de la mano de obra necesaria para realizar las labores del campo, la crisis del coronavirus ja contribuido a ponerlas de actualidad.

Ha revelado primero que son trabajadores esenciales. Los venenosos bulos que los emigrantes vienen a robarnos los puestos de trabajo a los españoles y a abusar de nuestros servicios sociales y de salud, han quedado desmontado por la vida misma.

Al mismo tiempo, se han multiplicado los reportajes en los medios de comunicación europeos sobre las proactivas “esclavistas” que se practicarían y sobre las condiciones de vida y de alojamiento. Encima de la mesa del Ministro, están varias cartas de distintas cadenas comerciales europeas interesándose por el problema, ante el impacto que estos reportajes han tenido sobre la opinión pública y sus consumidores y preguntando si eran ciertas o no y qué medidas habían adoptado las Administraciones españolas al respecto.

Dejando aparte la composición política de nuestro gobierno, estas correspondencias han motivado los cambios normativos introducidos en los Reales y las inspecciones de los inspectores de trabajo.

En la misma línea de atención se encuentran las preocupaciones medioambientales. A pesar de la ingente (y meritoria) labor de SYGFITO, han aparecido foros en la prensa europeo con envases amontonados a proximidad de algunos invernaderos. En la misma línea, la multiplicación de los embalajes de los productos está a la orden del día.

Seguir siendo proactivos

Por si fuera poco, la Comisión Europea está embarcada en la dinámica del Pacto Verde (“Green Deal”) que se ha concretado en el mes de mayo pasado en la aprobación de dos estrategias que van a marcar su mandato: la de “la biodiversidad” y “De la granja a la mesa”. No tenemos sitio aquí para desarrollarlas pero basta con decir que vienen a reforzar los desafíos que he señalado en los apartados anteriores.

No cabe otra solución que seguir siendo proactivo. Las malas prácticas, laborales o medioambientales, no son ni mucho menos la regla pero son. Contrariamente a lo que algunos piensan y escriben, los hechos demuestran que son aún menos frecuentes en las explotaciones más grandes y profesionales, que asumen protocolos de calidad necesarios para poder acceder a las grandes cadenas comerciales.

No puede haber una falsa “solidaridad” de productores. Los más interesados en que las cosas queden claras y nítidas, en que se respeten las leyes, en que las condiciones de competencia entre los productores sean leales, claras y transparentes, son la gran mayoría de los productores que cumplen y hacen bien las cosas. No pueden no deben pagar justos por pecadores.

Problemas como las condiciones de vida y de alojamiento requieren de un partenariado público-privado y el compromiso de todos, desde los ayuntamientos hasta la diputación y la Comunidad Autónoma. En cuanto al Ministerio, deberían ser una de las prioridades recogidas en el futuro Plan estratégico de la PAC actualmente en proceso de elaboración, para disponer de los fondos posibles y necesarios al respecto.

La estrategia “De la granja a la mesa” consolida la visión de que los consumidores, los ciudadanos, los citadinos y urbanitas, los ecologistas, los defensores del bienestar animal, los sindicatos de trabajadores, los periodistas españoles y extranjeros son los aliados naturales del buen hacer.

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