Toros Ginés Marín triunfa en su debut en Alicante

  • El pacense corta dos orejas, López Simón, una y David de Miranda escucha los tres avisos en el que cerró plaza

Ginés Marín, en su salida a hombros de la plaza de toros de Alicante. Ginés Marín, en su salida a hombros de la plaza de toros de Alicante.

Ginés Marín, en su salida a hombros de la plaza de toros de Alicante. / Manuel Lorenzo / Efe

La Feria de San Isidro, una de las mejores en resultados artísticos de los últimos años, también ha hecho estragos en cuanto a heridos, lo que ha supuesto que la primera corrida de la Feria de Alicante contara con dos sustitudos: el pacense Ginés Marín, que reemplazaba al sevillano Pablo Aguado –el torero más esperado del momento– y el onubense David de Miranda, por el valenciano Román. “Unos las firman y otros las torean”, se dice en el argot. Abriendo plaza y como único diestro que se mantenía en el cartel primigenio: Alberto López Simón.

Como materia prima contaron con un encierro de El Parralejo, de desiguales hechuras y juego y en su conjunto interesante.

Ginés Marín, con el peor lote, salió triunfante en su debut en Alicante gracias fundamentalmente al buen manejo del capote, firmeza en la muleta y al acierto con la espada. Se impuso al segundo toro, bien armado y cuesta arriba, manejable y que en algunas ocasiones derrotaba. El pacense, fácil y con soltura con la capa, realizó una faena seria, con poso dominador, que inició en los medios de rodillas con la diestra, destacando en un par de tandas por esa mano y brillando en una serie con calidad al natural, con un epílogo por bernadinas. Una estocada hasta el puño arriba valió por si misma el trofeo que le concedieron.

Corrida de El Parralejo, de desiguales hechuras y juego y en su conjunto interesante

Con el quinto, que calamocheaba, Marín volvió a demostrar el buen manejo del capote, con variedad y elegancia y con la muleta realizó una labor con buenos pasajes en los que aplicó temple hasta matar de un estocada entera bien ejecutada que le sirvió para otro apéndice y como pasaporte para su salida a hombros.

López Simón, con el mejor lote, consiguió un trofeo. El que abrió plaza, de buenas hechuras y cornidelantero, embestía con prontitud, clase y humillaba hasta hincar en varias ocasiones los pitones en la arena. Le faltó fuerza. El torero realizó una faena variada y extensa que comenzó de rodillas y terminó en un arrimón, siendo cogido, afortunadamente, sin consecuencias en un circular invertido y logrando lo mejor con la zurda.

López Simón volvió a realizar otra faena larga al cuarto, un castaño, bien presentado, que cabeceó en varas, pero que tuvo buena condición en la muleta, con recorrido y fondo. El madrileño, en una faena enmarcada en la ligazón, consiguió nuevamente los mejores muletazos con la izquierda. Curiosamente, en el cierre, unas bernadinas cambiando el viaje, fueron lo más ovacionado. En esta ocasión al primer envite le puso en bandeja un trofeo.

David de Miranda, quien hace unos días abrió la Puerta Grande de Madrid en su confirmación, vio como devolvían a su segundo toro a los corrales por el fallo con los aceros. El que cerró plaza impresionó por su empuje y entrega en varas, luciéndose Rafael Carbonell. Sin embargo, en la muleta, aunque con movilidad, no tuvo clase y salía suelto. David de Miranda, tras muletazos en los medios, con un par de ellos por la espalda, porfió voluntariosamente ante un animal que acabó reservón. Se la jugó en unas arriesgadas bernadinas y desgraciadamente falló con los aceros.

Ante el tercero, David de Miranda, que con el capote descolló en un quite por saltilleras, se enfrentó en primer lugar a un toro altote, con movilidad, nobleza y que repetía tras las telas, embistiendo mejor por el pitón izquierdo. El onubense realizó una faena con calado, que comenzó en los medios con estatuarios y en la que brilló en una serie al natural y otra, con transmisión, con la diestra en la que intercaló una arrucina. Mató mal.

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