Las Ventas. Decimoséptima corrida de la Feria de San Isidro Manuel Escribano, herido grave

  • El diestro sevillano sufrió una cornada terrible en el muslo izquierdo, atravesado de parte a parte, por el cuarto toro de Adolfo Martín

  • Román, herido leve en el glúteo izquierdo, corta una oreja y Andrés Roca Rey da una gran dimensión

La presencia de Andrés Roca Rey, estrella del momento, que además ha elegido voluntariamente la corrida de Adolfo Martín, fue un acicate esencial para que en Las Ventas se colocara nuevamente el cartel de No hay billetes en uno de los festejos con mayor expectación de este San Isidro.

La terna –Manuel Escribano, Román y Roca Rey– fue tratada de principio a fin con una acritud excesiva por parte de un sector del público. Una acritud intolerable cuando Escribano, en una buena faena y tras jugarse la vida en banderillas, fue corneado de manera terrible. Al término de la operación, su apoderado, José Luis Moreno, afirmaba que la cornada atravesaba de parte a parte el muslo y que afortunadamente no afecta a arterias fundamentales.

Manuel Escribano, que iba camino de chiqueros para recibir a ese cuarto toro se encontró con que el torilero no se apercibió de ello. El gerenense recibió a la verónica con temple al astado, de exagerada cornamenta veleta, de esas que apenas caben en los engaños. En banderillas prendió tres pares de altura, poniendo en pie al público cuando clavó el tercero, por los adentros, librando una cornada de milagro. El sevillano comenzó la faena de largo, a unos treinta metros, con la diestra, intercalando pases por la espalda. Cuajó una serie con suavidad. Hubo pases de pecho larguísimos. Otra con la derecha tuvo vibración. Continuó con buenos naturales y aguantó una barbaridad en un pase de pecho. El toro se fue agriando y por el pitón izquierdo atrapó al torero y le propinó una cornada tremenda. Con el torero en la arena, el toro le buscó con saña para cornear más veces al diestro. Los banderilleros consiguieron quitar al toro y se lo llevaron de inmediato a la enfermería. Despachó al toro Román.

Escribano se había jugado el pellejo ante el que abrió plaza, un cárdeno, bajo y bien armado, con una larga cambiada de rodillas y dibujó dos bellas verónicas con el toro suelto. Brilló en banderillas con facilidad y acierto. El gerenense logró una serie diestra buena cerrada con un pase de pecho largo. Aviador, noble, no planeó, acometió a media altura, se paró de inmediato y el diestro alargó un trasteo de escasa chispa. Recetó una estocada de libro, de premio.

Román, muy entregado y con seriedad, cobró un merecido trofeo del quinto, un cárdeno, alto. El valenciano brindó su faena al ministro de Fomento, José Luis Ábalos. Con la diestra toreó despacio y con mando y al natural se lució en varios pasajes, rematados con largos pases de pecho. El público entró en la faena, coreada con oles. Mató de un certero estoconazo y cobró una oreja.

Con su primero, en el tipo de la casa, el valenciano se había jugado la vida con valor descarnado ante una alimaña, buscando el bulto por ambos pitones. En el epílogo, a pies juntos, con la diestra, se coló y lanzó un hachazo, hiriéndole con un puntazo en el glúteo izquierdo. Mató de casi entera.

Roca Rey estuvo impecable en su estreno con los adolfos. Con el sexto, Madroñito, de buenas hechuras y bajo, el mejor en juego del encierro, cuajó una gran faena como lidiador y artista. Desde la primera hasta la última hubo mando, temple y suavidad. Obra dentro del clasicismo, en la que únicamente se permitió algún pase por la espalda y otro mirando al tendido. Le faltó contundencia con la espada y tras pinchazo y estocada el público solicitó una oreja que denegó, injustamente, el presidente.

Roca Rey había recibido con el capote al tercero, algo montado, largo, andando hacia atrás con suavidad. En la muleta cumplió ante un toro incierto que le dio un aviso cuando manejó la diestra y se frenó en un par de ocasiones cuando muleteaba con la izquierda.

El espectáculo, en el que un sector del público despreció injustamente todo lo que hicieron los toreros, estuvo cargado de verdad, emoción y sangre.

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