Fallas 2019 | Cuarta corrida de la Feria de Valencia Pablo Aguado cotiza al alza

  • El sevillano consigue el único trofeo del festejo por una faena con torería y naturalidad

  • Álvaro Lorenzo y Luis David Adame cumplen

  • Encierro desigual de Alcurrucén

El matador de toros sevillano Pablo Aguado, en un pase de pecho, único diestro que cortó una oreja. El matador de toros sevillano Pablo Aguado, en un pase de pecho, único diestro que cortó una oreja.

El matador de toros sevillano Pablo Aguado, en un pase de pecho, único diestro que cortó una oreja. / Juan Carlos Cárdenas / Efe

De la torista corrida de Victorino Martín se pasó por un tramo con dos novilladas, festejos que deben mantenerse en las grandes ferias –como ha sucedido este año en Las Fallas– y de ahí a una corrida de toros con un cartel para aficionados con tres toreros jóvenes y con carreras prometedoras:Álvaro Lorenzo, Luis David Adame y Pablo Aguado, quien debutó en esta plaza y se alzó como el triunfador del festejo, consiguiendo el único trofeo.

La terna se las vio con un encierro de Alcurrucén recompuesto tras desechar los veterinarios varios toros. Los astados salieron fríos, como es habitual en su encaste, Núñez, por lo que hubo poco destacable en el capote, el tercio de varas y banderillas. Ninguno se distinguió por una buena pelea en el primer tercio. La corrida, en conjunto noblota y de escasa bravura, no ofreció especiales dificultades.

El sevillano Pablo Aguado, en la novena corrida de su carrera y convertido en una de las grandes revelaciones del año pasado, se presentó y convenció en Valencia. Calidad y faenas medidas. El tercer toro, colorao, fue protestado prácticamente desde su salida por problemas en la pata derecha. Parecía que las cosas eran difíciles de enderezar. Pero el magnífico temple del torero fue una medicina excelente para que el toro continuará embistiendo en una faena con torería y naturalidad, con ese toreo clásico que lleva dentro. Un remate con la izquierda resultó deslumbrante en el trasteo. Mató de estocada y cobró una merecida oreja.

Un mastodonte de 620 kilos y pinta colorada abrochó el desigual encierro de Alcurrucén. Pablo Aguado supo frenar la brusquedad del animal gracias, nuevamente, a su temple. Hubo bellos apuntes que salieron de su maravillosa izquierda. Con la espada se atascó.

El toledano Álvaro Lorenzo mostró buen concepto y anduvo seguro con la espada. Ante el que abrió plaza realizó una faena enmarcada en el temple y con escasa transmisión a un toro noble, pero al que le faltó chispa y eso que el toledano lo dejó crudo. Una labor que cerró con circulares invertidos y luquecinas y que rubricó con una estocada entera. Hubo una leve petición de oreja.

El cuarto, cuesta arriba, largo y alto, manejable, fue a menos y a mitad de la labor de Álvaro Lorenzo se aplomó. El toledano, correcto, no tuvo opción a la ligazón y el trasteo no caló en el público.

El mexicano Luis David Adame volvió a derrochar entrega en esta plaza tras llegar de su campaña en América. Comenzó su primera faena intercalando un muletazo por la espalda y cerró con circulares invertidos y manoletinas; destacando los momentos en los que empapó de muleta al manejable astado en un par de series con ligazón. Mató de estocada en la suerte de recibir y la presidencia no tuvo en cuenta la petición de trofeo.

Ante el largo y ensillado quinto, que repetía, Luis David realizó una extensa labor, en la que lo más importante fueron dos tandas con ligazón con la diestra. Cerró con circulares y unas bernadinas. Rozó el premio, tras un pinchazo hondo y un descabello y dio una vuelta al ruedo tras petición.

Para el recuerdo, una clásica faena del sevillano Pablo Aguado, en la que plasmó torería y naturalidad y por la que continúa cotizando al alza.

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