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La vitamina D, un tesoro tras la menopausia

  • La investigación ha sido liderada por el profesor Manuel Muñoz Torres, del departamento de Medicina de la UGR

El profesional médico debe asesorar y tratar con naturalidad la salud sexual de la mujer en la menopausia. El profesional médico debe asesorar y tratar con naturalidad la salud sexual de la mujer en la menopausia.

El profesional médico debe asesorar y tratar con naturalidad la salud sexual de la mujer en la menopausia.

Un estudio transversal con mujeres ha constatado que los niveles circulantes de una forma de vitamina D, 25-hidroxivitamina D y también conocida como 25(OH)D, están relacionados con un mejor metabolismo de la glucosa en quienes presentan osteoporosis tras la menopausia.

La investigación ha sido llevada a cabo en el Centro de Investigación Biomédica en Red (Ciber) de Fragilidad y Envejecimiento Saludable (Ciberfes), liderado por el profesor Manuel Muñoz Torres, del departamento de Medicina de la Universidad de Granada, del Instituto de Investigación Biosanitaria.

Para la investigación se ha utilizado una muestra de 40 mujeres con osteoporosis en las que se determinaron los niveles séricos de 25(OH)D y los parámetros de homeostasis de la glucosa, niveles de glucosa e insulina e índices de resistencia y sensibilidad a la insulina, además de evaluar parámetros antropométricos, bioquímicos, clínicos y marcadores óseos.

Según informa la UGR, actualmente no existen evidencias sólidas sobre qué niveles de 25(OH)D serían los óptimos para lograr beneficios sobre el metabolismo de la glucosa así como sobre otros objetivos de salud como la prevención de la enfermedad cardiovascular.

Uno de los objetivos de la investigación ha sido establecer la concentración óptima de 25(OH)D capaz de mejorar la homeostasis de la glucosa.

A partir de los resultados del estudio, los investigadores sugieren que optimizar los niveles de 25(OH)D en mujeres con osteoporosis posmenopáusica y que no presenten alteraciones establecidas en el metabolismo de la glucosa podría suponer una estrategia preventiva contra el desarrollo de comorbilidades asociadas a la osteoporosis posmenopáusica.

Es el caso del síndrome metabólico, la diabetes tipo 2 o complicaciones cardiovasculares, además de ejercer su conocido efecto beneficioso sobre la salud ósea.

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