Mítico Bar, el templo del barrio que conquistó Granada a base de alma
Cómete Granada
La historia de Borja Olmedo es la de una vocación tardía, una renuncia valiente y un sueño cumplido: crear un lugar con esencia, arte y verdad que hoy brilla con un Solete de la Guía Repsol
Hay bares a los que uno entra. Y hay bares que te abrazan. Mítico pertenece a la segunda categoría. No es solo un local en el corazón universitario de Granada: es un refugio, una taberna con memoria, un punto de encuentro donde el tiempo se diluye entre una copa, una tapa bien hecha y conversaciones que se alargan sin permiso. Que hoy luzca un Solete de la Guía Repsol no es casualidad; es consecuencia.
Detrás de esa barra está Borja Olmedo, granadino de 39 años, farmacéutico de formación y hostelero por vocación. Su historia no empieza entre fogones, sino en la rebotica de una farmacia. Durante una década ejerció su profesión mientras, casi en paralelo, germinaba una inquietud: la necesidad de aportar algo distinto a la hostelería granadina. “Quería crear el bar al que yo iría con mis amigos”, recuerda. Y esa idea, tan simple y tan compleja a la vez, lo cambió todo.
En 2018 dio los primeros pasos en la hostelería, compaginándola con la farmacia hasta que en 2021 tomó la decisión más difícil: dejar una carrera estable para lanzarse de lleno a su verdadera pasión. Antes de Mítico llegaron otros proyectos (Moana Poké, Humo de Origen y Parole) que le sirvieron como escuela, laboratorio y prueba de resistencia, incluso en plena pandemia. Borja y su mujer hicieron de todo: limpiar, cocinar, servir, apagar fuegos. Literal y metafóricamente. “El negocio lo hemos mamado desde abajo”, dice sin épica impostada, con la serenidad de quien sabe lo que cuesta cada logro.
Mítico abrió sus puertas el 4 de noviembre de 2022. Lo hizo, casi, a contracorriente: sin cristales aún colocados y con un vigilante durmiendo dentro para proteger el local. Pero con una idea clarísima. El nombre no fue casual. “Mítico” era una palabra que Borja usaba para todo aquello que consideraba auténtico, con valores, con verdad. Y eso quería construir: una taberna contemporánea que recogiera el espíritu de Cádiz, Sevilla, Málaga o Córdoba, filtrado por la identidad granadina.
El resultado es un espacio cálido, elegante sin ser distante, donde la música, la estética y la carta dialogan. Un bar donde puedes entrar “para una caña” y no saber cuándo te irás. La cocina es honesta y reconocible, pero ejecutada con mimo: tortillitas de camarones traídos vivos, croquetas de jamón impecables, brioches de pringá o calamares, patatas bravas memorables y una torrija que se ha ganado fama propia. Todo con precios contenidos y una premisa clara: aquí se viene a comer bien.
Pero si algo defiende Borja por encima de todo es el equipo. “Puedes tener un local precioso, pero si el servicio falla, todo se cae”. En Mítico se cuida a quienes cuidan al cliente, porque la estabilidad y la felicidad del equipo son la base de la experiencia. Quizá por eso el bar ha conseguido algo poco común: crear comunidad en un barrio universitario sin convertirse en un bar de estudiantes. Mítico es barrio, es ciudad, es punto de encuentro intergeneracional.
El Solete Repsol ha llegado como una confirmación. Un reconocimiento al trabajo diario, al detalle, a la constancia. “Premia los sitios a los que quieres volver”, explica Borja. Y eso es exactamente Mítico: un lugar al que siempre apetece regresar.
Cuando se le pide que lo defina en tres palabras, no duda: arte, esencia y mano antigua. Y cuando se le pregunta qué le gustaría que la gente supiera, responde con una sinceridad desarmante: “Que Mítico es una ilusión mía y de mi mujer para daros gloria bendita todos los días”.
Granada tiene muchos bares. Pero solo algunos se vuelven parte de su patrimonio emocional. Mítico ya lo es.
Mítico Bar
Pl. de la Encarnación, 6, Centro, 18001 Granada.
Horario: de lunes a domingo de 13:00 a 00:00 horas.
Instagram: @mitico_granada
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