Adiós al alcalde con más votos de la democracia

Díaz Berbel, que presidió el Ayuntamiento entre 1995 y 1999, muere de un infarto en su casa del Albaicín a los 71 años · Fue también senador y diputado en tres legislaturas

Guillermo Ortega / Granada | Actualizado 18.06.2011 - 01:00
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Luis Gerardo García-Royo, muy afectado

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Los familiares de Díaz Berbel, abandonando su domicilio para trasladarse a la capilla ardiente.

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De Gabriel Díaz Berbel se han contado tantas cosas que al que no lo conocía le podía dar la impresión de que no era una persona real, sino una leyenda. Fue de todo menos discreto y su lema fue dejar huella en todo lo que hizo. Pero ayer, a la vista de tantísimas reacciones de cariño, de tristeza y de desazón, quedó demostrado que también la dejó entre todos aquellos a los que conoció. A los políticos, incluso a los que más se pelearon con él. A los periodistas, a los que era capaz de brindar ochenta titulares en una sola rueda de prensa. Y por supuesto a sus muchos familiares y amigos, que ahora lloran la muerte de una persona a la que le cuadra el adjetivo de irrepetible.

Gabriel Díaz Berbel murió en su casa del barrio del Albaicín a las 13:20 horas de ayer, según el parte oficial. Su mujer encontró su cuerpo sin vida y llamó al 112 y éste, a su vez, dio aviso a los servicios sanitarios. Pero ya nadie pudo hacer nada por él. La causa del fallecimiento: un infarto. En marzo había cumplido 71 años.

Hiperbólico, excesivo, indiscreto, deslenguado y campechano en grado extremo. Todo eso se ha dicho mil veces de él y probablemente todo es cierto, como también lo es, y él bien que se cuidaba de que se supiera, que era un hombre bastante culto, que dominaba al menos cinco idiomas, que triunfó como empresario y que fue el político que más votos consiguió en unas elecciones municipales. El 28 de mayo de 1995 se convirtió en alcalde de Granada con el apoyo de casi 70.000 ciudadanos. José Torres Hurtado, en estas últimas, superó por muy poco los 60.000. Y esa diferencia bien que se encargaba de propagarla mientras se tomaba algo en el bar Kiki (y ése era también su apodo), en pleno corazón de su barrio del Albaicín.

Aunque a él bien poco le importaba cómo lo llamaban. Cuando en 1997 vino a Granada Bill Clinton, por entonces presidente de los Estados Unidos, se puso una placa en su honor en el Mirador de San Nicolás, donde acudieron porque el invitado quería volver a ver un atardecer como el que contempló en su juventud. Había una errata en su nombre y dicen que el mandamás norteamericano torció el gesto y que el alcalde le quitó hierro a la cosa. "Tampoco es para tanto. A mí me dicen Gabriel, Grabiel, Gaby, Kiki... Y yo le respondo a todo el mundo", contó.

También trajo a Granada a las Spice Girls. Según él, esa visita tuvo aún más repercusión que la de Clinton. Puede que sí y puede que no, pero aquel día la Plaza del Carmen estaba abarrotada y él, radiante. Más aún que cuando ejerció de anfitrión del astronauta español Pedro Duque y seis compañeros de misión. También se los llevó a ver una puesta de sol a San Nicolás, aunque por un imperdonable error de cálculo llegaron cuando ya era de noche. Pero aparentó que le daba igual. Él siempre salía del paso.

Contar su biografía como una sucesión de hechos parece, en su caso, plomizo. A él seguro que le aburriría. Pero se supone que hay que decir que nació en Granada el 19 de marzo de 1940, que estudió en el colegio de los Maristas, que después se fue a Madrid a hacer Económicas y que más tarde logró la diplomatura en Dirección de Empresas en la Universidad de Stuttgart (Alemania), tras lo cual ejerció como jefe de ventas de Mercedes Benz en España.

Su carrera política comenzó relativamente tarde, cuando ya tenía cuarenta años. Ingresó en Alianza Popular y ese mismo año fue elegido presidente provincial de la formación, cargo que ejerció hasta 1987. Llegó a ser miembro de la Ejecutiva Nacional de AP antes de que pasara a llamarse Partido Popular.

Su primer cargo público lo obtuvo en las elecciones autonómicas de 1982, en las que fue elegido diputado. En octubre de ese año consiguió un acta de senador por Granada. En 1986 pasó de la Cámara Alta a la Baja, ya que fue elegido diputado y ejerció como vocal en la comisión de Defensa. Su primer intento de convertirse en alcalde de Granada llegó en 1987, todavía bajo las siglas de AP, y se quedó a las puertas de la mayoría, a falta sólo de un concejal. Dos años después repitió como diputado nacional y trabajó en la comisión de Asuntos Exteriores.

En 1991 intentó de nuevo ser regidor y otra vez le faltó poco. Un pacto entre PSOE e IU le dio el triunfo al socialista Jesús Quero. Díaz Berbel se quedó en la oposición y de ese mandato se recuerdan enfrentamientos políticos muy agrios e intensos entre los dos, como ayer reconoció el propio Quero, que sin embargo dejó claro que por encima de eso estaba orgulloso de haberlo tenido como amigo.

En 1993 fue reelegido por tercera vez parlamentario en las Cortes, encargándose esta vez de la comisión de Seguridad. A esas alturas ya era una referencia en el PP, cuyo VII congreso regional presidió. Ahí fue donde resultó elegido número uno del partido Javier Arenas.

El premio a la constancia le llegó en 1995, cuando consiguió la mayoría absoluta en el Ayuntamiento de Granada, con quince concejales sobre un total de 27. Con él acababa un periodo de 16 años de gobierno local socialista. Renunció a su cargo de diputado y se centró en la política local, aunque en 1999 le desencantó no repetir en el cargo pese a que de nuevo fue el candidato más votado. Un tripartito formado por PSOE, IU y PA lo dejó fuera de juego. Eso, y saber que un sector de su partido no estaba con él, le hicieron dimitir en el año 2000.

Volvió al Senado, donde permaneció hasta 2004, y su último cargo público fue en CajaGranada, en la Comisión de Control.

Ya bien entrada la primera década de este siglo, las noticias sobre Díaz Berbel fueron más difusas y dispersas. Se había convertido en poco menos que una leyenda en vida. Se sabe que estuvo un tiempo viviendo en Marbella, donde trabó amistad con Jesús Gil y Gil, y dicen que andaba por allí con escolta.

No lo hizo, ni tampoco arregló sus diferencias con los populares de Granada. Antes al contrario, éstas fueron aumentando conforme pasaban los años. Aceptó un puesto testimonial en las listas autonómicas de 2008, pero en cuanto podía atacaba con fiereza a su dirección provincial, a la que reprochaba falta de transparencia y de democracia interna. Al único que salvaba era a José Torres Hurtado. "Ése es el más listo de todos, con ése no pueden", contó una vez en una entrevista a este periódico.

Pero una vez más, la cordura se impuso a todo lo demás. Ayer, en el entorno del presidente provincial del PP, Sebastián Pérez, comentaban que estaba profundamente afectado por la muerte de Díaz Berbel, que era algo que le había dejado noqueado. Pérez entró en política de su mano, cuando era un chico de poco más de veinte años recién salido de las Nuevas Generaciones.

Aun así, no se dio de baja en el PP hasta enero de 2011. Él se dejaba querer; decía que le iba la marcha. Pocos meses antes de las municipales también se habló de que iba a ir en solitario, apoyado por algunos empresarios o como franquicia granadina del partido que había fundado en Asturias Francisco Álvarez Cascos.

No lo vería muy claro, porque no se presentó. Siguió disfrutando con sus amigos en el Albaicín, donde vivía con Fátima Roca, la mujer con la que contrajo matrimonio en 2007 y que ayer tuvo un minuto para los periodistas que se acercaron a su casa. "Él siempre tenía un sitio para la prensa y hacía gala de su respeto hacia ella", dijo, para añadir que todavía no había asimilado la triste noticia. Fátima era la segunda mujer de Díaz Berbel, que antes había estado casado con Manola, ya fallecida, y con ella tuvo tres hijos.
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