El Bajo Albaicín coge ideas en Madrid contra los efectos del turismo masivo

  • Participa en el III Encuentro de la red europea Vivre La Ville!

  • Aborda problemas como el ruido o el ocio en cascos históricos

El desarrollo de un turismo responsable y un ocio nocturno coherente que no expulse a los vecinos de cascos históricos como el Albaicín o el Realejo es un auténtico reto para las administraciones y los colectivos. En torno a este conflicto gira el encuentro internacional Vive La Ville!, un evento de ámbito internacional que se está llevando a cabo este fin de semana en Madrid y que cuenta con una amplia representación de vecinos de la asociación del Bajo Albaicín que han acudido dentro de la representación de la Federación Andaluza de los Centros Históricos para coger ideas que les permitan mejorar la vida en su barrio.

La Red de Vivre la Ville, denominada originariamente como Vivre París, nació en 2014 en la capital francesa con el objetivo de abordar los problemas que acarreaba el ocio nocturno bajo la organización del Ayuntamiento de la ciudad. Muy pronto, otras ciudades que también están sufriendo los efectos del turismo de masas decidieron unirse a esta red y participar en el encuentro anual que este año tiene lugar en Madrid. En el evento se pretende poner "especial énfasis en la renovación de las formas de participación política y organización de la sociedad civil contribuyendo a un proyecto colectivo capaz de afrontar retos fundamentales para el futuro de nuestras ciudades como la habitabilidad de sus centros históricos o la denuncia de prácticas sociales no reguladas especialmente centradas en el ocio nocturno". Aspectos que, por desgracia, resultan muy familiares para los vecinos del Bajo Albaicín en concreto y del distrito en general. "Tenemos unos problemas muy similares", destacó Lola Boloix quien lamentó cómo en ciudades como Venecia los vecinos han tenido que mudarse ante la afluencia masiva de turistas que, además, han disparado los precios de la vivienda y el ruido. Algo que en el Albaicín está empezando a ocurrir. En los últimos años el barrio se está convirtiendo en un área repleta de apartamentos turísticos. Esta expansión se complementa con el cambio de las tiendas tradicionales por comercios de souvenirs y los negocios de hostelería de toda la vida por los bares y restaurantes que ofrecen productos especialmente dedicados a los visitantes. El vecino cada vez representa menos en un barrio que, sin gente, está condenado a muerte pues son ellos quienes, con mucho esfuerzo, rehabilitan y arreglan sus históricas casas y cármenes y cuidan en la medida de sus posibilidades de este histórico barrio Patrimonio de la Humanidad, título que comparte con la Alhambra.

"La concentración de personas y los ruidos son dos de los problemas que más nos preocupan", destaca Boloix que espera traer de estas jornadas herramientas suficientes para empezar a trabajar por una mejora del barrio. Algo que esta asociación lleva haciendo años. En su página web actualizan cada día todo lo que sucede en el Albaicín, dan a conocer los informes de las juntas de distrito y denuncian todas las agresiones que sufre el entorno.

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