Fusión entre amigos

Con menos afluencia de lo habitual -dicen que nadie es profeta en su tierra-, la joven promesa del jazz granadino, Sergio Pamies, ofreció un extenso concierto en el que mostró gran parte del repertorio incluido en su disco Entre amigos, y que completó con una serie de temas preparados para la ocasión junto al otro nombre del cartel: el armonicista Antonio Serrano. Ambos demostraron el excelente nivel de la última generación del jazz patrio. Y más concretamente la apertura de miras con que afrontan su música. El lunes en el Majuelo se escuchó jazz, obviamente, pero también, flamenco, tango, boleros, zambas y otros ritmos del folklore sudamericano, que toman prestados para el enriquecimiento cromático del concierto. De hecho, si por algo pecó la propuesta fue por exceso. Exceso tal vez de palos por los que transitaron y exceso también de músicos, con un escenario poblado de instrumentistas como no se había visto hasta ahora en el Festival, pero que con Sergio en un extremo y medio de espaldas al público y Antonio alineado con los vientos, dejó huérfano el frontal del escenario, salvo cuando El Moreno abandonaba sus percusiones para echarse unos bailes.

El resultado fue una actuación algo dispersa que de tantos sitios a los que quiso acercarse a veces dio la sensación de ir a la deriva. Y a pesar de ello se crearon momentos de altura. El concierto comenzó con Mientras dormías, uno de los temas del disco que Pamies ha elaborado junto a algunos artistas flamencos, y que sería muestra de la excelsa fusión de jazz y flamenco que el pianista ha querido crear con su trabajo. Sobre él irían construyendo el resto del concierto y a él volverían de forma continuada hasta rematarlo con Callados pensamientos.

La voz limpia y precisa de El Coloraíto, que se atrevió hasta con los boleros en Amnesia, dejó paso al protagonismo de la armónica de Antonio Serrano, un músico versátil que es capaz de adaptarse a diversos registros por el sorprendente dominio con que maneja su instrumento, y que ha hecho rendirse a su talento al propio Toots Thielemans. Sus intervenciones, como la chacarera La Cremosa, la Zamba nueva o el popurrí de temas de Piazzolla que hizo a solas con el piano, arrancaron los aplausos más entusiastas del personal.

Eric Sánchez con la trompeta y el fliscorno y Pedro Cortejosa al saxo aportaron solvencia y estuvieron brillantes en las partes más jazzísticas de la noche. Así como Horacio Fumero al que hay que atribuirle uno de los momentos más hermosos, con la intro que se marcó en el primer bis con Contrabajeando. Igualmente destacado y aplaudido fueron los bailes de El Moreno, sobre todo el que hizo por bulerías sobre el tema Yes or no de Wayne Shorter.

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