Ayer y hoy
  • Se quejaba la prensa de la ocupación del espacio público y de la música nocturna. De moda el Café Alameda con sus conciertos y la Cafetería Bibarrambla con su gramola en la plaza

Bares y terrazas ocupaban las plazas

Bares y terrazas ocupaban las plazas Bares y terrazas ocupaban las plazas

Bares y terrazas ocupaban las plazas

R. G.

La influencia que tuvo la celebración del Concurso de Cante Jondo de 1922 en la vida cultural y económica de Granada parece evidente; proliferaron los bares mejorando sus instalaciones y sobre todo ocupando calles y plazas con sus terrazas públicas y su música nocturna pero como estamos en Granada no faltaron algunos “peros”, a pesar de la calidad de las obras que allí se escucharon y de la profesionalidad de los intérpretes.

Uno de los periodistas más destacados del siglo XX fue el jaenero de Torredelcampo Constantino Ruiz Carnero, director del periódico El Defensor de Granada hace casi un siglo. Muy leída era su columna Silueta del Día que firmaba con el seudónimo de Constancio y en donde criticaba con descarado tono irónico la vida ciudadana metiéndose con los políticos, sobre todo con los de derechas. Ruiz Carnero llegó a ser alcalde de Granada aunque por unos días y, por su pertenencia al partido republicano, fue luego represaliado y fusilado en 1936.

Café Bibrambla. Viñeta de Miranda Café Bibrambla. Viñeta de Miranda

Café Bibrambla. Viñeta de Miranda

En una de sus Siluetas del verano de 1925 titulada Bares y pianolas, nos retrata la vida social granadina metiéndose con los bares y terrazas que además de ocupar el espacio público martirizaban al vecindario con sus músicas al aire libre y hasta bien entrada la madrugada. En su habitual ironía contesta a un amigo ausente que le preguntaba nostálgico qué tal va Granada. Constancio le dice: “Se está operando (en Granada) una maravillosa transformación. La ciudad progresa sensiblemente y los granadinos vivimos cada día más alegres… Nuestro progreso presenta características muy singulares; todavía la canalización de las aguas potables no es una realidad; no se ha mejorado el pavimento ni se han higienizado las viviendas…pero hemos conseguido muy notables adelantos. Por ejemplo, en el ramo de bares con pianola asistimos a un notorio florecimiento con gran alegría de los vecinos aficionados a la cerveza y a la música… De seguir por este camino llegará un día en que la ciudad entera estará convertida en un bar inmenso inundado de cerveza sobre el cual resonarán las dulces notas de un fox extraordinario tocado por una gigantesca pianola con la sonoridad de cien mil órganos”. No iba descaminado.

Ruiz Carnero. Silueta del día Ruiz Carnero. Silueta del día

Ruiz Carnero. Silueta del día

Allá por las décadas de los 20-30 estaban de moda locales tan emblemáticos como el Café Royal de la plaza del Ayuntamiento, regentado por Manuel Guzmán y reformado por el arquitecto Miguel Castillo Moreno (padre del reciente y vilmente asesinado exconcejal Castillo Higueras); el Café Alameda de la Plaza del Campillo, regentado por Francisco Gadea, ofrecía por las noches magníficos conciertos y alguna anécdota curiosa; y la no menos céntrica, situada junto a Los Muñecos, Cafetería-Lechería Bibarrambla en el nº 18 de la plaza fundada en 1907, tenía desde 1927 nuevo propietario en el empresario José Navarro López; modernísimo local en el lugar que ocupó el Café El Gato; lucía amplia terraza rellenando buena parte de la plaza en cuyo centro se instaló una gramola para hacer más agradable la estancia de los clientes, no la de los vecinos. Igual de lujoso era el Salón de Té y Pastelería El Pasaje, regentada por los hermanos López Mezquita, con doble entrada por Reyes Católicos y Zacatín.

Granada contaba con cafeterías de prestigio. El Café España de Plaza Nueva que se anunciaba abierto toda la noche. El lujoso Café Colón, el céntrico Café Suizo que acababa de inaugurar su reapertura el 3 de junio de 1917 regentados por los señores Lardelli y Lardi para convertirse en uno de los más emblemáticos locales decorado por el pintor y escultor Nicolás Prados Benítez. 

Han desaparecido las pianolas nocturnas pero un siglo después las calles y terrazas siguen igual de ocupadas y convertidas en un bar inmenso inundado de cerveza, como presagiaba Ruiz Carnero con profética certeza.

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