La medicina de precisión también se construye en silencio

Carencias estructurales y retos pendientes para una implementación real de la medicina de precisión

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Esquema de la medicina de precisión, todavía incompleta
Esquema de la medicina de precisión, todavía incompleta / María José Serrano
María José Serrano
- Directora del Laboratorio de Patología Molecular. Unidad Interprovincial de Anatomía Patológica. Hospital Universitario Virgen de las Nieves-Centro GENyO.

13 de enero 2026 - 04:59

La medicina de precisión ha supuesto un cambio profundo en la manera de entender la práctica clínica. Frente a modelos tradicionales basados en protocolos generalistas, este enfoque propone adaptar las decisiones diagnósticas y terapéuticas a las características biológicas específicas de cada paciente. Sin embargo, esta transformación no depende únicamente del avance tecnológico ni de la disponibilidad de datos, sino de la capacidad del sistema sanitario para integrar el conocimiento molecular en la toma de decisiones clínicas de forma coherente, rigurosa y coordinada.

La medicina de precisión no consiste en acumular datos, sino en tomar mejores decisiones. Y eso solo es posible cuando el diagnóstico molecular se entiende como parte de un proceso interdisciplinar. No obstante, durante mucho tiempo ha existido una resistencia implícita a reconocer esta debilidad estructural del sistema, una resistencia que, en parte, todavía persiste. Porque, aunque recientemente se ha reconocido la especialidad de Genética Clínica, el encaje profesional de otros perfiles clave en el diagnóstico molecular sigue siendo una asignatura pendiente.

Este párrafo resume uno de los principales retos actuales: la dificultad para asumir que la medicina de precisión exige cambios organizativos y culturales, no solo técnicos. La incorporación de pruebas moleculares avanzadas, como el análisis genómico o, de forma más incipiente, la biopsia líquida, ha avanzado a mayor velocidad que la adaptación de los equipos asistenciales. En muchos contextos, estas herramientas se utilizan sin una integración plena en circuitos clínicos bien definidos, lo que limita su impacto real en la atención al paciente.

El diagnóstico molecular es, por naturaleza, un ámbito transversal. Requiere la colaboración estrecha entre clínicos, genetistas, biólogos, bioinformáticos, patólogos y otros profesionales especializados. Sin embargo, esta colaboración no siempre está formalizada ni reconocida dentro de las estructuras sanitarias. Con frecuencia, el trabajo de interpretación molecular queda invisibilizado, reducido a un informe técnico que no siempre se discute de manera conjunta ni se contextualiza adecuadamente en la situación clínica del paciente.

Esta falta de integración no es solo un problema organizativo, sino también formativo. Muchos profesionales sanitarios no han recibido una formación suficiente en genética y biología molecular durante su etapa académica, lo que dificulta el uso crítico de la información molecular. A su vez, los especialistas en diagnóstico molecular no siempre participan en espacios de decisión clínica, lo que limita su capacidad de aportar valor más allá del laboratorio. El resultado es una fragmentación del conocimiento que va en contra del espíritu mismo de la medicina de precisión.

Además, el reconocimiento profesional sigue siendo desigual. Mientras algunas especialidades han logrado consolidar su papel dentro del sistema, otros perfiles esenciales continúan sin un marco claro de desarrollo, estabilidad y visibilidad. Esta situación no solo afecta a los profesionales implicados, sino que repercute directamente en la calidad del proceso diagnóstico y, por extensión, en la atención al paciente. Un diagnóstico molecular mal interpretado, o interpretado en aislamiento, puede generar incertidumbre, decisiones subóptimas o incluso errores evitables.

La medicina de precisión también plantea un desafío ético. Manejar información molecular implica asumir responsabilidades relacionadas con la confidencialidad, el impacto psicológico de los resultados y las implicaciones familiares de ciertos hallazgos genéticos. Estos aspectos requieren un abordaje multidisciplinar y una comunicación clara y empática con los pacientes, algo que difícilmente puede lograrse si el diagnóstico molecular se concibe como un acto puramente técnico.

En este contexto, resulta fundamental replantear el modelo de integración del diagnóstico molecular en el sistema sanitario. No se trata solo de incorporar nuevas tecnologías, sino de construir equipos estables, definir circuitos de decisión compartidos y reconocer el valor del trabajo interdisciplinar. La medicina de precisión no puede depender del esfuerzo individual ni del compromiso silencioso de unos pocos; debe apoyarse en estructuras que favorezcan la colaboración y el reconocimiento profesional.

Reconocer el valor del diagnóstico molecular y de quienes lo hacen posible no es una cuestión corporativa. Es una cuestión de calidad asistencial. Porque cada decisión clínica basada en información molecular bien interpretada puede marcar la diferencia en la evolución de una enfermedad.

La medicina de precisión no siempre se ve. No siempre se anuncia. Pero se construye cada día, en silencio, en los laboratorios y en el trabajo conjunto de equipos que hacen posible una atención más personalizada, más informada y, en definitiva, más humana. Desde aquí, mi reconocimiento a todos estos profesionales que, pese al escaso o nulo reconocimiento, continúan trabajando con pasión, responsabilidad y profesionalidad. Sin grandes titulares ni focos, pero con un impacto real en la vida de los pacientes.

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