Microplásticos: los taxistas marinos de los fármacos
Estos diminutos fragmentos plásticos no solo contaminan el agua, también transportan fármacos y otras sustancias químicas que podrían acabar en el menú de nuestras mesas
Restauradores invisibles: cuando la microbiología salva el arte
Muy pocos fármacos, menos del 5%, se metabolizan por completo en nuestro organismo. El resto, simplemente, los excretamos tal cual o en forma de metabolitos derivados. ¿Dónde acaba todo eso que no procesamos? Va a parar, generalmente con nuestra orina a las aguas de ríos, mares y océanos. Y no viajan solos, comparten trayecto con los 11 millones de toneladas de plástico que llegan cada año a los ecosistemas acuáticos. Según datos recientes de Plastics Europe (2024), producimos más de 400 millones de toneladas de plástico anuales, de los cuales, menos del 10% se recicla. La fracción restante acaba acumulándose en distintos rincones de nuestro planeta, desde los polos hasta la selva amazónica. En su trayecto, los plásticos se fragmentan hasta alcanzar tamaños microscópicos, convirtiendo sus superficies en el anclaje perfecto para los fármacos. Las elevadas concentraciones de estos compuestos favorece que interactúen entre sí, y por ello mi investigación se centró en descubrir cómo se producen estas uniones y que las caracteriza.
Desde los laboratorios del departamento de Química Analítica en la Universidad de Granada, bajo la dirección del Dr. Alberto Zafra Gómez, he investigado un fenómeno que empieza a captar la atención de la comunidad científica: la capacidad de los microplásticos para interactuar con los residuos de medicamentos presentes en nuestras aguas. Mi trabajo de final de grado investigó cómo se forman estas combinaciones inesperadas, creando nuevos escenarios de contaminación que la ciencia empieza ahora a desentrañar. Durante un mes expuse dos tipos de plástico, el tereftalato de polietileno (PET) y el polietileno de densidad media (MDPE), a una mezcla de 29 fármacos distintos en agua de mar y agua ultrapura. Los fármacos pertenecían a siete familias terapéuticas distintas; analgésicos y antiinflamatorios, beta-bloqueadores, reguladores lipídicos, inhibidores de la bomba de protones, antihipertensivos, anticoagulantes y ansiolíticos. Analicé en qué proporción estos medicamentos se adherían a la superficie de los polímeros plásticos. Para ello, estudiamos cómo disminuía la cantidad de cada uno de los compuestos en el medio acuoso, mediante una técnica llamada cromatografía de líquidos de ultra alta resolución acoplada a espectrometría de masas. Los resultados fueron claros: el tipo de polímero influye significativamente en la adsorción, siendo el MDPE más eficiente que el PET en atrapar fármacos en su superficie. Además, descubrimos que el tipo de agua (ultrapura o de mar) apenas influía en la adsorción. Lo que realmente marcaba la diferencia era la estructura del plástico y la naturaleza del fármaco. Se observó que aquellos compuestos hidrofóbicos, con tendencia a evitar el agua, se unían con más facilidad a los plásticos del mismo carácter.
Esto solo son resultados preliminares. Aún hacen falta más estudios que confirmen estas tendencias y nos permitan avanzar hacia nuevas preguntas y enfoques, especialmente en un problema del que todavía desconocemos muchas de sus implicaciones reales. Por ejemplo, no sabemos con exactitud qué ocurre cuando estos microplásticos cargados de medicamentos son ingeridos por organismos marinos, ni cómo afectan a su fisiología o a la cadena alimenticia. Tampoco entendemos del todo cómo influye en estas interacciones la fotodegradación y el envejecimiento de los microplásticos, o la colonización de los mismos por distintos microorganismos. Comprender mejor estas interacciones químicas y biológicas es clave para anticipar posibles riesgos, tanto para la salud humana como para la ambiental.
El momento para investigar sobre el tema no podría ser más oportuno. En los últimos años, Europa está tomandoconciencia sobre el riesgo que suponen y ha endurecido la legislación sobre los contaminantes emergentes. Los fármacos, uno de los componentes más recientes de este grupo, están entre los más difíciles de retirar de las depuradoras. Conocer cómo se adhieren los fármacos a diferentes tipos de plástico puede ayudarnos a diseñar nuevos sistemas de filtración, mejorar los procesos de depuración o incluso desarrollar materiales que no faciliten este tipo de uniones. Aunque pueda parecer un problema lejano, esta realidad nos toca más cerca de lo que pensamos. Los microplásticos ya se han encontrado en alimentos tan cotidianos como la sal, el pescado o incluso el agua embotellada. Si además viajan cargados con restos de medicamentos, el desafío deja de ser solo ambiental para convertirse también en una cuestión de salud pública.
En la Universidad de Granada ya existe una apuesta clara para investigar este tipo de contaminantes emergentes. Este proyecto no se queda en observar el problema, sino que abre la puerta a posibles soluciones. Actualmente, estoy trabajando en el diseño de sistemas de filtrado biosostenibles basados en microorganismos, una línea prometedora que busca reducir esta doble contaminación de forma natural y efectiva. Mientras la ciencia avanza, el papel individual sigue siendo importante. Reciclar mejor, reducir el uso de plásticos innecesarios o desechar correctamente los medicamentos son pequeñas acciones que pueden contribuir a frenar un problema que, aunque microscópico, tiene consecuencias muy reales para todos.
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