Restauradores invisibles: cuando la microbiología salva el arte

La biotecnología provoca una revolución silenciosa en los talleres de restauración y abre una nueva era en la conservación sostenible del patrimonio

¿Quién defiende a nuestro cerebro?

Representación artística del trabajo de los restauradores de arte.
Sandra Rincón Murcia
- Estudiante del Master de Biotecnología de la Universidad de Granada

03 de marzo 2026 - 03:59

Durante siglos los microorganismos han sido considerados como los grandes enemigos de la conservación artística: bacterias que erosionan la piedra, mohos que degradan el papel y hongos que estropean lienzos. Sin embargo, los avances en la biotecnología han cambiado completamente esta percepción. Hoy en día estos microorganismos que antes provocaban su deterioro se convierten en aliados para la recuperación de obras de arte en un proceso conocido como Biorestauración. La técnica se basa en el uso de microorganismos no patógenos o de sus enzimas extracelulares para eliminar contaminantes como sulfatos y nitratos sin alterar los pigmentos o estructura del material. Su principio se basa en aprovechar la actividad metabólica de estos microorganismos para sustituir a disolventes químicos tradicionales por procesos biotecnológicos más sostenibles y seguros para los restauradores, además de respetuosos con el medio ambiente.

Uno de los primeros casos documentados tuvo lugar en el Campo Santo Monumentale de Pisa (Italia), donde el equipo liderado por Giovanna Ranalli aplicó directamente sobre un fresco de Spinello Aretino la bacteria Pseudomonas stutzeri A29, seguida de una enzima proteasa purificada. Esta intervención permitió eliminar residuos de cola animal de restauraciones anteriores, restaurando la obra sin comprometer su integridad. En España, la biorestauración también ha sido aplicada con éxito. Investigadores de la Universitat Politécnica de Valencia, como Pilar Bosch y Pilar Roig, emplearon bacterias vivas embebidas en un gel biocompatible para limpiar los frescos de la Iglesia de los Santos Juanes, eliminando restos de pegamento antiguo sin dañar la superficie pictórica. Entre las cepas más utilizadas se encuentran Desulfovibrio desulfuricans, Desulfovibrio vulgaris y Bacillus subtilis.

El procedimiento implica la selección de cepas no patógenas o el uso de enzimas extracelulares que se inmovilizan en geles o membranas de polímeros naturales. Estas matrices controlan la difusión del agente biológico y mantienen la humedad óptima durante su aplicación. Tras colocar el gel sobre la superficie de mármol o la piedra se dejan actuar bajo condiciones controladas. Una vez completado el proceso, la matriz se retira y los microorganismos son inactivados y eliminados, garantizando que no quede proliferación residual. Estas técnicas suponen una alternativa ecológica frente a los métodos tradicionales, sustituyendo a disolventes tóxicos y abrasivos por sistemas biodegradables que no generan residuos y no comprometen la salud de los restauradores. Desde la perspectiva biotecnológica, se trata de un ejemplo donde la actividad enzimática y microbiana puede aprovecharse de manera controlada para degradar contaminantes específicos sin comprometer la integridad estructural de los materiales.

Como toda tecnología emergente, la biorestauración se enfrenta a retos. El desafío actual consiste en estandarizar estos procesos biotecnológicos y caracterizar el genoma de las cepas empleadas. Los estudios de revisión de investigadores como Cappitelli y sus colaboradores destacan la necesidad de desarrollar bancos de microorganismos certificados junto con protocolos de bioseguridad y trazabilidad que garanticen la fiabilidad y reproducibilidad de los procesos de biorestauración, asegurando que las intervenciones sean seguras para las obras, los restauradores y el entorno. En el ámbito europeo, proyectos como CoNFine (Conservation of built heritage: Natural Formulations against bio-deterioration) buscan perfeccionar estas estrategias mediante formulaciones naturales de enzimas. El objetivo: limpiar piedra y yeso patrimonial sin recurrir a biocidas tóxicos, combinando innovación biotecnológica y respeto medioambiental.

La biorestauración ya no es solo una técnica: es una estrategia de conservación responsable, donde restauradores y microbiólogos colaboran estrechamente. Cada intervención demuestra cómo la biología aplicada puede proteger y recuperar obras de arte con precisión, seguridad y sostenibilidad. En cada aplicación se observa cómo la microbiología y la restauración se integran de manera efectiva. El futuro de la conservación del patrimonio combina laboratorios, investigación y organismos diminutos que actúan como aliados invisibles, asegurando que nuestro legado cultural pueda preservarse de forma sostenible y segura para las generaciones futuras.

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