Corpus de Granada 2019 | Día de los columpios Un martes para embarcarse... en la 'Barca Vikinga'

  • Los más pequeños abarrotan la 'calle del infierno' en la jornada de precios populares

  • Emoción en las caras de niños y padres y división de opiniones entre los feriantes

Varios jóvenes subidos en la barca vikinga Varios jóvenes subidos en la barca vikinga

Varios jóvenes subidos en la barca vikinga / Carlos Gil

En martes ni te cases ni te embarques. A menos que quieras subirte en el Gusano del Amor o en la Barca Vikinga. Si es así, no hay mejor día para hacerlo que el segundo de la semana según el calendario gregoriano. El tercero en la feria del Corpus. Para el 'granaíno' medio las atracciones –llamadas 'cacharros' o 'cacharritos' en otras latitudes– son columpios y la jornada de precios populares, 'el día de los veinte duros'.

Es así. No habrá jerigonza ni cambio de divisa que pueda cambiar eso. Y ese día, que ni cuesta veinte duros ni siquiera ya un euro como antaño, ha sido hoy. El día en el que lo menudo, los más 'peques' de la casa, y lo gigante, leviatanes de hierro que dan piruetas a toda velocidad, confluyen en el mismo espacio. Una enorme explanada situada a un nivel inferior de las casetas.

Es la 'calle del infierno', nombre importado de Sevilla que refleja a las mil maravillas lo que allí puede vivirse, y que no es ni más ni menos que una intrincada y compleja red de viales dibujados en función de la distribución de atracciones, puestos de maíz, máquinas diabólicas para perder los cuartos y una tómbola repitiendo un año más aquello de "qué alegría, qué alboroto, otro perrito piloto".

"Siempre toca", remata el chascarillo. Se refiere al premio. Pero el cielo también es posible tocarlo si, como Anabel y Francisco, llevas al pequeño Eric a montarse por primera vez en los caballitos poni, que por evidentes razones ya no son de carne y hueso sino mecánicos. Es la felicidad de unos padres disfrutando de la primera infancia de su hijo. Y como ellos, miles en el recinto ferial de Almanjáyar. Que la aprovechen, porque cuando crezca será el propio chaval el que ansíe tocar él mismo el cielo casi de manera literal en el Top Gun, el Inverter, el Projekt o cualquier otro macro columpio ambulante del ferial. Tendrán que entenderlo. Hace no mucho ellos también fueron niños y disfrutaron de aquel día con sus hermanos, primos, padres y titos.

Valentina no es todavía tan mayor, pero ya busca emociones algo más fuertes como las del túnel del terror o el vetusto Látigo. Clásicos de una feria que parece haber renunciado definitivamente a la noria. Y eso que años atrás llegó a haber dos instaladas. A ver si aprende de su hermana pequeña, la Mini Noria granadina, tan del Corpus como la misma Alhambra lo es de Granada.

Decía Emmanuel Petit que cuando llegó al Barça se dio cuenta que había tres clanes: los catalanes, los holandeses y todos los demás. Los feriantes de la 'calle del infierno' se dividen en dos: los que manejan los 'columpitos' pequeños y los que tienen máquinas capaces de poner nervioso al mismísimo Andrés Iniesta. Están bien diferenciados. Los primeros ocupan la parte de la explanada más cercana a las casetas y los segundos la línea de atracciones que linda con el Parque de Bomberos Norte. Muy ordenaditos y en fila india, como si tuvieran que estar controlados, de lo alto de sus colosos chorrean toneladas de adrenalina. Y gritos. Y frondosas melenas al aire. Y de vez en cuando también una chancla de dedo que se escapa.

Uno de esos empresarios es Vicente Araque. Un feriante con predisposición donde los haya. Su atracción se llama The Limit. En román paladino: sillas voladoras que suben 'mu' alto y dan vueltas. Habitualmente a cuatro euros, y ayer a dos, Araque se queja de que "una jornada así lo que hace es ventilarte el día anterior y el posterior". Y no parece precisamente una de esas personas codiciosas. "Hay iniciativas muy bonitas como esta o como el 'día del kilo' que hacemos en mi tierra, y que yo mismo he promovido en alguna feria; la clave es colocarlas en fechas que no comprometan los días fuertes", aclara. El 'día del kilo' es una jornada solidaria en la que darse una vuelta en el columpio sale gratis a cambio de un kilo de comida. Y su tierra, Alaquàs; provincia de Valencia. El único pueblo con el que está hermanado Lanjarón. ¿Será por el 'aqua'?

De allí también es Atracciones Buendía, el nombre facilitado por el propietario del Crazy Bob, un columpio que debuta en Almanjáyar y que alcanza velocidades de 120 kilómetros por hora según el propio responsable del mismo. A ras de suelo, ondulando y entrando en un túnel. Una auténtica locura. No 120, pero sí 1,20 metros es la estatura mínima para sacar billete en The Limit. Otra coincidencia más. Como los cuatro euros que cuesta montarse en ambas un día normal. Ayer, sólo 2. Es el nuevo precio popular. El mismo que también cobra Antonio López en el Monkey Saltarín (la rana de toda la vida pero en versión alevín). "Hay más afluencia en este día que el resto, pero los ingresos son más o menos lo mismos porque aunque recaudas menos por viaje viene mucha más gente". Lo comido por lo servido. Pues con un pan de pizza servido a la salida y comido de camino al periódico este redactor dice "hasta el año que viene, niños".

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