El pastor de la Alpujarra mantiene viva la tradición trashumante en la provincia de Granada
La travesía la realizan con más de mil ovejas desde la Alpujarra hasta la Costa Tropical para encontrar los mejores pastos
Con la llegada del frío vuelve la trashumancia a Granada
A primera hora de la mañana, con el frío típico de esta época del año aún en el ambiente, Jorge Gallegos, junto a un grupo de familiares y amigos, se ha dispuesto a realizar un año más su particular peregrinación entre la Alpujarra y la Costa Tropical acompañado también por su rebaño formado por 1.200 ovejas. Es uno de los últimos trashumantes en la provincia de Granada, el último que realiza distancias tan largas en la cara sur de Sierra Nevada, y eso atrae las miradas de quienes se lo cruzan a su paso.
Es difícil pasar inadvertido. El silencio característico de la carretera de la Umbría es interrumpido esporádicamente por el sonido del motor de algún vehículo que recorre la vía en uno de los dos sentidos. La previsión meteorológica apunta a que la de hoy puede ser una jornada de mucha lluvia por el paso de la borrasca Francis; sin embargo, poco importa. "A las ovejas no les molesta la lluvia, y a nosotros tampoco", apunta Gallegos previamente a la marcha que finalmente se ha desarrollado sin una gota de agua. "Al final ha hecho hasta un poco de calor", señala al finalizar la etapa junto a la antigua instalación del cable aéreo que unía Dúrcal y Motril.
La travesía la realizan dos veces al año para buscar los mejores pastos para el rebaño. Permanecerán unos cinco meses en La Herradura para asegurar la hierba fresca y con el aumento de temperaturas emprenderán nuevamente su camino de vuelta a casa, a la Alpujarra. La travesía suma más de 100 kilómetros durante seis etapas, y aunque este oficio lo conoce bien desde pequeño porque lleva años acompañando a su padre y viendo como se llevan las riendas, desde hace cuatro años, él es quien dirige esta especial comitiva. "Mi padre se jubiló hace cuatro años para dar paso a las nuevas generaciones -él tiene 24 años-, este año me acompaña también mi hermano y lo que hacemos es seguir las tradiciones familiares para que no se pierdan", indica.
Reconoce que no es fácil realizar el trayecto, ya que al largo caminar y el desnivel se le suman las inclemencias meteorológicas. "Puede llover, nevar, cuando hacemos el camino a la inversa puede hacer un sol de justicia, las ovejas no entienden de eso y tienes que aguantar con ellas y resistir el tiempo que haga. De hecho, este fin de semana ha habido una borrasca grande con fuertes lluvias y tormentas, y hemos tenido que resistir al temporal".
El tramo de la carretera de la Umbría es uno de los más llamativos porque abandonan las vías pecuarias y necesitan ser escoltados por la Guardia Civil de Tráfico que va realizando distintos cortes en la A-346. Durante el trayecto no cesan las fotos, más de un curioso aprovecha el parón para bajarse del coche y grabar algún vídeo o intentar tocar la lana de las ovejas, aunque estas no se dejan con tanta facilidad y al más mínimo intento se apartan.
Emily, que lleva residiendo en la Alpujarra desde hace nueve años, siete de ellos en Cáñar, donde regenta un hotel rural, no ha dudado en acercarse a la carretera para ver el espectáculo visual del paso de las ovejas. "Vi por Facebook que era hoy y mis amigos que han venido de Holanda -haciendo referencia a Ber y Monique- me han dicho que querían verlo. El año pasado también vinieron para ver la trashumancia, les gustó tanto que me preguntaban todo el rato cuando se hacía de nuevo, y aquí estamos". En este sentido, reconoce que le gusta mucho verlo, "es algo muy de la zona y merece la pena verlo".
Durante el trayecto otros tantos curiosos que realizaban el trayecto entre la Costa y la Alpujarra y que se han visto obligados a reducir la marcha y respirar tranquilamente un rato hasta el paso de todo el cortejo, no han dudado en sacar sus manos por las ventanillas y grabar a las ovejas mientras rodeaban sus coches. Un ciclista, que pensaba que podría sortearlas sin tener que frenar su marcha se ha dado de bruces con la realidad y ha visto cómo, si la naturaleza pide paso, no hay mucho que se pueda hacer más que esperar.
Jorge apunta, mientras regaña a su acompañante más joven -de apenas unos años- por no dirigir bien al mulo por estar solo pendiente del móvil que es una pena que el oficio se esté extinguiendo porque "ya no queda gente para manejar el ganado, se van perdiendo las tradiciones y el trabajo de ser ganadero en general". Y añade que no es algo exclusivo de su sector. "Creo que es cada vez más difícil encontrar a gente joven que quiera trabajar en el sector primario y como no se le dé un impulso, esto acabará por extinguirse.
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