Medio Ambiente

El verano en el que las medusas pasaron de largo por la Costa Tropical

  • Tras un 2018 intenso con numerosos afectados por picaduras, este año apenas se han registrado incidencias

  • El Aula del Mar realiza una serie de actividades informativas en las playas

Unas bañistas buscan medusas en la costa granadina. Unas bañistas buscan medusas en la costa granadina.

Unas bañistas buscan medusas en la costa granadina.

La Costa Tropical vivió en 2018 una época estival muy intensa de picaduras de medusas, llegando incluso a colgarse en varias playas las banderas roja por la presencia de estas. Este año por el contrario, "se han dado algunos casos sueltos de picaduras de medusas, algo normal" pero, por el momento, no ha habido enjambres de este animal acuático. Así lo indicó a Granada Hoy el biólogo Juan Jesús Martín, que también recuerda que "el mar no es una piscina de agua salada".

"En el mar hay vida, ellos son los habitantes del mar y nosotros de vez en cuando nos encontramos con ellos por lo que tenemos que respetarlos y convivir", afirmó Martín.

Las medusas más comunes en el litoral del mar de Alborán son la pelagia noctiluca o medusa luminiscente, pequeñas de color azulado/rojizo y traslúcidas; la Cotylorhiza tuberculata o aguacuajada, pequeñas y de color pardo, con tentáculos pequeños; o la Rhizostoma sp o aguamala, de gran tamaño y blancas traslúcidas.

Aunque sin duda, la que más expectación y alarma levanta es la Physalia physalis o carabela portuguesa, de tamaño medio, color azulado traslúcido con largos tentáculos que se desplaza en enjambres o grupos. No se trata de una auténtica medusa, sino de una colonia de hidroides.

Se trata de una especie atlántica pero no es raro verlas por el litoral granadino, ya que "estamos en el Mediterráneo, en el mar de Alborán, que es donde se mezclan el agua mediterránea y atlánticas. "A veces pueden entrar", indicó el biólogo.

Martín forma parte del Aula del Mar de Málaga, un laboratorio marino itinerante que ahora se encuentra en Almuñécar y que, de forma lúdica y divertida, informa a los bañistas de la necesidad de conservar los ecosistemas marinos, entre otros objetivos. "Cuando te pones una caracola en la oreja, la gente piensa románticamente que se oyen las olas del mar", explica el biólogo, mientras un niño intenta escuchar el ruido del Mediterráneo a través de una de estas caracolas, "pero en realidad lo que se escucha es la sangre y los líquidos que tenemos dentro del cuerpo".

Una niña juega bajo la supervisión del biólogo del Aula del Mar Una niña juega bajo la supervisión del biólogo del Aula del Mar

Una niña juega bajo la supervisión del biólogo del Aula del Mar / Alba Feixas

En muchas ocasiones, por desconocimiento o aburrimiento, "empezamos a coger cangrejos de las zonas rocosas y cuando termina el verano, no queda ninguno" explica Martín, quien asegura que en la zona de Almuñécar se encuentra "una especie de lapa con concha en forma de sombrerito chino que está en peligro de extinción, la Patella ferruginea, y hay que protegerla más".

Esta es una de las principales funciones que se realizan en este laboratorio malagueño que, en colaboración con la Concejalía de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Almuñécar, realizan en época estival talleres y charlas para dar a conocer la riqueza marina que hay en la zona.

Además de contar con esta especie de lapa en peligro de extinción, también cuenta con tortugas, delfines y algún tipo de ballenas, y mostrar algunas de las especies que habitan en el rompeolas y que están amenazadas, para ver como se puede compatibilizar el disfrute de la playa con la conservación del ecosistema. Por este particular laboratorio transcurren a lo largo de toda la mañana sinfines de niños y adultos que se acercan para comprobar por sí mismos los tesoros y riquezas que esconden el litoral granadino.

En ellos se pueden tocar, entre otras cosas, el pico de sección plana de un pez espada. "¿De qué creéis que está hecho este pico?", pregunta el biólogo ante la atenta mirada de un grupo de niños mientras se pasan unos a otros el resto del animal. "Queratina, al igual que las uñas".

Una voluntaria muestra a los pequeños ejemplares marinos Una voluntaria muestra a los pequeños ejemplares marinos

Una voluntaria muestra a los pequeños ejemplares marinos / Alba Feixas

Otra de las gran demandadas en este stand es la tortuga marina, y una de las que más preocupa a los biólogos, ya que, según explica Juan Jesús Martín a Granada Hoy, la mayoría de las que ingresan en el Centro de Recuperación de Especies Marinas Amenazadas (CREMA) es por ingesta de plásticos, mientras que "antiguamente venían porque las capturaban accidentalmente, pero ahora casi todas vienen con problemas digestivos".

Estos plásticos son un problema que repercute directamente con la población ya que, con la degradación "se acaban convirtiendo en microplásticos y animales filtradores como las coquinas, los mejillones o las almejas los filtran y acaban en nuestra mesa".

El biólogo incide en que el gran problema del mar es que conserva su riqueza oculta y "ojos que no ven, corazón que no siente", por lo que resalta que la sociedad debe hacer un esfuerzo y conocer el mar. "Todos vivimos directa o indirectamente del turismo y queremos bañarnos en aguas limpias, y si se destruye el ecosistema es imposible".

Varamiento de las tortugas

La diversidad marina de la Costa Tropical es muy rica en flora y fauna con praderas de posidonia, lapas en peligro de extinción, delfines o tortugas, entre otras muchas especies.

Especies, que en muchos casos, tienen que pasar por el CREMA, Centro de Recuperación de Especies Marinas Amenazadas del Aula del Mar de Málaga, que realiza una gran labor de conservación de especies marinas protegidas. Desde sus inicios, el CREMA ha superado los 3.000 mamíferos atendidos, de los cuales más de 200 han sido ejemplares vivos. En cuanto a tortugas marinas, tienen registrados más de 2.500 ejemplares que han pasado por sus instalaciones para recuperarse, realizar estudios de causa de muerte o registro y estudio de datos.

Según el Informe Regional sobre Gestión Sostenible del Medio Marino Andaluz de 2018, elaborado por la Consejería de Agricultura, Ganadería, Pesca y Desarrollo Sostenible del Gobierno de España, durante el año pasado se registraron en Andalucía los varamientos de 130 cetáceos y 49 tortugas marinas, lo que supone un 14,5% y un 42% menos, respectivamente, que en 2017.

Atendiendo a su distribución por provincias, en el caso de Granada, fue una de las provincias donde menos animales varados se encontraron. Cádiz y Huelva son las que mayor número de tortugas marinas registraron desde la puesta en marcha del servicio de emergencias (2008-2018). Y en el caso de los cetáceos, fueron las provincias de Málaga, Cádiz y Almería en las que mayor número de ejemplares vararon.

Imagen de una tortuga marina siendo cuidada por un biólogo Imagen de una tortuga marina siendo cuidada por un biólogo

Imagen de una tortuga marina siendo cuidada por un biólogo / G. H.

La media anual de varamientos de cetáceos es de 148 animales y durante 2018 se registraron 130 cetáceos, con una media mensual de 10,8 ejemplares.

Destacan los varamientos de especies muy inusuales y raras como un cachalote enano, dos rorcuales tropicales y un ejemplar de Zifio de true, el primer registro de esta especie en Andalucía.

Respecto a las tortugas marinas, 2018 se convierte en el año que menos varamientos se observan (48) desde que se comenzó el seguimiento en el 2008.

La especie de tortuga marina más frecuente en el litoral andaluz siempre es la tortuga boba con más del 90%, seguida de la tortuga laúd.

Es en la primera donde se mantiene esta tendencia a la baja. En el Levante no es perceptible y en el Estrecho-Alborán las fluctuaciones son muy altas. Por tanto, en el Golfo de Cádiz sí podríamos estar hablando de un buen resultado, siendo importante ahora estudiar si el dato se corresponde con una menor interacción pesquera en el área.

Emergencias, siempre activo

El servicio de emergencias frente a varamientos de tortugas y mamíferos marinos se inició el último cuatrimestre de 2007 con los objetivos de realizar un seguimiento con atención veterinaria de los animales vivos, recuperar y reintroducir al medio natural y valorar las causas de muerte de los cetáceos varados muertos. 

Los niños participantes atienden a la explicación sobre las tortugas y los plásticos Los niños participantes atienden a la explicación sobre las tortugas y los plásticos

Los niños participantes atienden a la explicación sobre las tortugas y los plásticos / Alba Feixas

El Equipo de Emergencias se encuentra activo los 365 días del año. Los avisos se canalizan a través del 112, que se pone en contacto con el teléfono de Emergencias del Medio Marino y que, a su vez, comunica la incidencia al equipo técnico provincial, que se encarga de organizar el trabajo en función del tipo de actuación a realizar.

Es recomendable no tocar estos animales cuando los encontramos en la playa, avisar inmediatamente al 112 y esperar a que llegue el equipo veterinario especialista.

Todas las tortugas varadas vivas, así como aquellos mamíferos marinos que puedan ser recuperables, son trasladados a un CEGMA o Centro de Recuperación Colaborador de la Consejería (tortugas, focas y pequeños cetáceos) o bien a una zona acotada (grandes cetáceos), con el fin de diagnosticar los procesos patológicos que presentan y administrar el tratamiento veterinario adecuado para su posterior reintroducción en el medio natural. En caso de muerte se realiza el estudio anatomopatológico del animal (necropsia e histopatología).

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