El motín de la naturaleza | Crítica El comienzo del cambio

  • En 'El motín de la naturaleza', Blom aborda la Pequeña Edad de Hielo europea y las repercusiones que dicho proceso tuvo sobre el origen del actual cambio climático

El historiador alemán, nacido en Hamburgo (1970), Philipp Blom El historiador alemán, nacido en Hamburgo (1970), Philipp Blom

El historiador alemán, nacido en Hamburgo (1970), Philipp Blom

El historiador alemán Philipp Blom ha distribuido su interés académico en varios periodos de la modernidad europea: desde la modernidad temprana (El coleccionista apasionado) y el siglo de la Ilustración (Encyclopèdie y Gente peligrosa), hasta la primera mitad del XX y el sustrato social y técnico que hizo posible su acusado belicismo (Años de vértigo y La fractura). Quedaba, pues, una aproximación al siglo XVII -también está pendiente el siglo XIX-, que hoy se solventa con El motin de la naturaleza, obra que abarca desde 1570 a 1700, pero que se centra, principalmente, en el siglo maldito, llamado así por la adversa climatología de aquella hora, cuyos efectos hoy se conocen como la Pequeña Edad de Hielo, y que Blom quiere vincular con el actual proceso de cambio climático.

Recordemos que es el arqueólogo Brian Fagan quien, en 2008, populariza tanto el fenómeno de la Edad de Hielo cuanto la historiografía climática y las herramientas e indicadores que le son propios. Será, sin embargo, Geoffrey Parker quien acometa una obra de gran ambición y rigor, cual es El siglo maldito, cuyo subtítulo: Clima, guerras y catástrofes en el siglo XVII, nos sugiere ya el alcance y el ámbito de tal estudio (recientemente, el norteamericano Kyle Harper, en El fatal destino de Roma, trataba de vincular el fin del imperio con el vaivén climático y bacteriológico de la Antigüedad). Conviene hacer, no obstante, dos precisiones de importancia: Fagan acota la Pequeña Edad de Hielo entre el 1300 y 1850. Esto es, entre la Italia de Petrarca y la España de Isabel II. Parker, por su parte, detallará la repercusión mundial de unas heladas extremas, seguidas de inundaciones y sequías, que afligieron a la población del XVII hasta límites extraordinarios.

Blom vincula el actual cambio climático con la economía capitalista que nace, en el XVII, en los Países Bajos e Inglaterra

¿Y qué hace Blom en El motín de la naturaleza? En primer lugar, reduce la Pequeña Edad de Hielo al periodo comprendido entre 1570 y 1700. Y en segundo término, asocia el surgimiento del mundo moderno a la Revolución científica del XVII y al pensamiento de Bacon, Descartes, Spinoza, etcétera. Con lo cual, Blom está obviando, de modo voluntario, los avances científicos del XV y XVI; vale decir, los siglos del Renacimiento y los descubrimientos geográficos, que dan origen canónico a la Modernidad. ¿Por qué? Porque Blom quiere vincular el actual cambio climático, originado en la actividad humana, con la economía capitalista que nace, en el XVII, en dos zonas principales de Europa, Países Bajos e Inglaterra, y estrechamente vinculados a la mentalidad calvinista definida por Weber.

La tesis de Blom sería, pues, que la Pequeña Edad de Hielo propició cambios en las cosechas, en la población, en las ciudades y en los modos de producción; cambios que alentarían la economía capitalista, tal y como se formula en aquella parte de Europa, y con las repercusiones que tendrían en todo el globo, a través de sus respectivas compañías marítimas. El calentamiento actual será, entonces, el fruto lejano y azaroso de aquel frío y aquellas hambrunas que amenguaron la población del orbe durante el XVII. En favor de la tesis de Blom están fenómenos tan conocidos como el crecimiento urbano del Seiscientos y la búsqueda de otros cultivos y otras formas de vida, propiciados por la pérdida de las cosechas. En contra de tal supuesto, podríamos decir que la Pequeña Edad de Hielo afligió a todo el planeta, mientras que dicha práctica económica, sustentada en los hallazgos de siglos anteriores, sólo se operó en una pequeña región europea.

También cabría decir que Blom comienza estudiando un fenómeno climático del que desconocemos, en buena parte, sus causas, para datar el origen de una nueva tribulación meteorológica, de sentido inverso, originada por la actividad humana. De por medio queda una crítica de la Modernidad, entendida como una búsqueda desaforada del lucro, como una santificación de la rapiña, que si bien nació del infortunio, como sostiene Blum, se dirige, a buen paso, hacia el abismo.

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