Obituario

Amalia Carvajal

  • Llegó a La Chana después de pasar por una comuna y de colarse en la Facultad de Derecho entre los policías del régimen de Franco escondiendo bajo el poncho folletos a favor de la libertad.

  • Tras su sonrisa también existía una mujer firme en la defensa de sus convicciones. Amor y pedagogía.

Muere Amalia Carvajal Muere Amalia Carvajal

Muere Amalia Carvajal

Conocí a Amalia recién estrenado el curso 89/90. No era una madre normal: trabajaba y tenía una carrera universitaria. En cambio, nuestras madres eran amas de casa. Pero tal vez la mayor diferencia consistía en que el interés de Amalia por ti no se ceñía a quiénes eran tus amistades para valorar si eran las correctas. Ella quería saber de ti, le interesaba tu visión de la realidad. Fue así como conocí a la mujer educadora, además de a la mujer trabajadora. Pero Amalia era polifacética.

Llegó a La Chana con su marido después de pasar por una comuna y de colarse en la Facultad de Derecho entre los policías del régimen de Franco escondiendo bajo el poncho folletos a favor de la libertad. No fue casualidad la elección del barrio. Un grupo de activistas cristianos izquierdistas se repartieron por diferentes puntos de la ciudad con la intención de hacer comunidad, de organizar a la clase obrera. Por eso se dedicaron a participar en la fundación de la asociación de vecinos, de padres y madres del colegio, organizaron las primeras colonias de verano o, en particular, Amalia, montó el primer centro infantil, que no guardería, porque desde entonces, con otras muchas educadoras granadinas, dio comienzo una lucha de más de una década para el reconocimiento de la educación infantil, germen del tristemente desaparecido Patronato Municipal de Escuelas Infantiles.

Y de pronto, el grupo de adolescentes que éramos nos vimos sumergidos en el movimiento asociativo del barrio en actividades relacionadas con el medio ambiente, con la Paz, la cultura…, y la política. El PSOE para ella no fue un punto de llegada, era una extensión de su tarea cívica.

Con el alcalde Moratalla fue concejala de participación ciudadana. Y con no pocos problemas (entonces la política era mucho más cosa de hombres que ahora) montó los centros cívicos en los diferentes distritos, mimó el tejido asociativo y se peleó con sus compañeros para reclamar el teatro de La Chana o su biblioteca porque también era la alcaldesa del barrio.

Y toda esta tarea con un pensamiento feminista tan moderno entonces que hoy sigue siendo vanguardia.

Porque tras su sonrisa también existía una mujer firme en la defensa de sus convicciones. Amor y pedagogía. Algo que siguió trasladando a sus alumnos y alumnas universitarias del Magisterio de entonces. Ya jubilada se centró en el Grupo Motor de Mujeres de La Chana, en sus colonias de verano y en sus hijos y nietos. Pura dignidad de una activista que no se dio la más mínima importancia.

La echaré de menos con la gratitud del adolescente al que tanto ayudó para ser el hombre que hoy soy. Lo mejor es que este privilegio se cuenta por legión.

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