El G20 se cita en Washington con más dudas que soluciones
La cumbre podría alumbrar un órgano que supervisaría a los 30 grandes bancos · Zapatero 'venderá' el modelo español
Como reza el tópico, el mundo entero vuelve hoy sus ojos hacia Washington, la capital de la primera potencia económica mundial, pero también el origen de la huracán financiero que ha convulsionado al planeta durante el último año. En concreto hacia el Museo Nacional de la Construcción, un edificio de ladrillo sostenido con columnas imponentes en el que se volverán a verse las caras, tras la cena de anoche en la Casa Blanca, los líderes de los principales países industriales y de las grandes economías emergentes, el ya famoso G20, congregados para intentar concertar una estrategia que haga frente a la peor crisis económica y financiera que se recuerda desde 1929.
Los participantes (EEUU, Alemania, Francia, Japón, Canadá, Italia, Reino Unido y Rusia, Argentina, Australia, Arabia Saudí, Brasil, China, Corea del Sur, India, Indonesia, México, Suráfrica y Turquía, más España y Holanda como invitados) determinarán cómo "responder a la crisis actual y sentar las bases de reformas para impedir que una crisis semejante se reproduzca en el futuro", como se encargó de definir el presidente estadounidense, George W. Bush.
Pero el margen de maniobra es estrecho por varias razones. Primero porque el anfitrión expira mandato y su sucesor, Barack Obama, no estará hoy presente. Del lado europeo incluso se reconoce ahora que la reunión sólo será un lanzamiento y no desembocará en un Bretton Woods II, aludiendo al nombre con el que se bautizaron los acuerdos que dieron origen, en 1944, a las actuales instituciones financieras multilaterales.
Según los pronósticos de The Washington Post, una de las principales conclusiones será la creación de una gran estructura que supervisará a los 30 bancos más grandes del mundo. El nuevo organismo, etiquetado como Colegio de supervisores, reuniría a "los reguladores internacionales para coordinar la vigilancia" sobre esas entidades y sería concebido "para agregar un nivel suplementario de vigilancia al control de los bancos y para corregir cualquier toma de riesgo excesivo", como las que alimentaron la actual crisis.
Por ahí pueden ir los indicios, sobre todo después de que el FMI y el Foro de Estabilidad Financiera (FSF) remitieran una carta ayer a los gobiernos y bancos centrales del G20 en la que indican que van a cooperar para poder instaurar un sistema de alerta precoz de las crisis financieras.
Pero hay grandes escollos. Sobre todo porque el G20 es un grupo heterogéneo que expresa intereses muy diversos, por lo que se corre el peligro de que la cumbre se desintegre en un festival de recriminaciones sobre quién tiene la culpa de la crisis. Algunos de los participantes ya han pedido una redefinición del sistema financiero mundial y han criticado el capitalismo con sello estadounidense. En cambio, Bush se aferró el jueves al libre mercado con un alegato claro: "La crisis no ha sido un fallo" del sistema actual, por lo que no cree que sea necesario revisarlo.
El resultado más tangible de la cumbre probablemente será un aumento de las contribuciones al Fondo Monetario Internacional (FMI) para que actúe de bombero en cuanto las chispas devoren las cuentas de un país. Ya ayer había síntomas de ello: Japón ofrecerá 100.000 millones de dólares (78.500 millones de euros) a la entidad, y el organismo también ha tocado a la puerta de China y de los países exportadores de petróleo. Ahora cuenta con 200.000 millones de dólares (157.000 millones de euros) y puede obtener fácilmente otros 50.000 millones (39.200 millones), pero si un país grande como Polonia o Turquía se viera en problemas, sus reservas se evaporarían. Pero no hay muchos países a los que le sobre el dinero. De todos modos, ese refuerzo a los poderes del FMI tiene un gran enemigo, EEUU, que necesita apagar la crisis, pero al mismo tiempo teme que un organismo internacional se inmiscuya demasiado en sus asuntos internos.
Lo que sí quedó claro ayer es que el G20 volverá a reunirse a finales de febrero o principios de marzo en el Reino Unido, según anunció el canciller de Brasil, Celso Amorim, cuyo país preside el grupo. "Sería natural" que fuera en el Reino unido, porque será el próximo país que presida el G20, señaló horas antes de comenzar la cumbre.
¿Y el papel de España? Al margen de la batalla diplomática que consiguió llevarle a Washington, Zapatero acude con todo su equipo económico: el vicepresidente Pedro Solbes, el secretario de Economía David Vegara y el director de la Oficina Económica de La Moncloa, Javier Vallés. El jefe del Ejecutivo español, que insiste en que quiere estar presente en todo el proceso que se abra hoy, venderá en el corazón de EEUU el modelo de supervisión y control del Banco de España, que ha permitido, según el Gobierno, que las entidades financieras del país sean "un ejemplo de solvencia" en el sistema internacional y se hayan salvado de la debacle.
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