• Se cumple un cuarto de siglo del Campeonato Mundial de Esquí de Sierra Nevada, celebrado en 1996

  • En 1897 Ángel Ganivet hablaba ya en sus 'Cartas Finlandesas' de la práctica del esquí en nuestras montañas

Historias de Granada | 25 aniversario del Campeonato Mundial de Esquí de Sierra Nevada El año en que Cecilio estaba hasta en la sopa

La mascota Cecilio con las banderas de los países participantes La mascota Cecilio con las banderas de los países participantes

La mascota Cecilio con las banderas de los países participantes

Juan Ortiz

La vista de Sierra Nevada con sus 'tres miles' cubiertos de nieve crea adicción. Si uno, por un casual, se tira mucho tiempo fuera de Granada, la visión de la Sierra es lo que más echa de menos. Los nostálgicos alimentan su nostalgia con la visión blanca de su Sierra. Y es que Granada no sería Granada sin su montaña. Ella es la cumbre de sí misma, la cima ideal con su vistoso Veleta. Si esta ciudad nos da una sensación de inefable, es porque desde muchos puntos de la misma se puede ver esa Sierra que miramos con los mismos ojos que ponemos al amor y a la fantasía. Muchos de ustedes habrán ido algunas veces a los miradores del Albaicín, el de San Nicolás o el de San Cristóbal, a ver a la Sierra como telón de fondo de la Alhambra.

Como he dicho más de una vez, se trata de un espectáculo único en el mundo porque son dos sitios privilegiados para ver el palacio nazarí con el fondo blanco de las alturas de nuestra montaña. Y todo en la misma mirada. Es un fuerte simbolismo del que es difícil sustraerse y que nos hace pensar que la naturaleza es una gran emisora de belleza. La Sierra, esa "turquesa inmensa" como la llamaba García Lorca, ha inspirado siempre a pintores, músicos y poetas. Hacer poesía en Granada, a decir de Gallego Morell, "es entendérsela con la realidad inmediata de Sierra Nevada sorprendida desde el ombligo urbano de Puerta Real".

Desde siempre Sierra Nevada ha ejercido una poderosa influencia hacia quienes se la han pateado, desde aquellos científicos alemanes del siglo XIX que la recorrieron buscando respuestas médicas, a quienes han dedicado gran parte de su vida a estudiarla y amarla, como el padre Ferrer o Manuel Titos. El padre Ferrer, fallecido en 2001, escribió uno de los más bellos y voluminosos tratados sobre la Sierra y Manuel Titos sigue acumulando libros sobre lo que significa esta simbiosis entre la montaña y la ciudad.

Los primeros esquiadores

Cientos de Granadinos acudieron a la plaza del Carmen el día de la nominación Cientos de Granadinos acudieron a la plaza del Carmen el día de la nominación

Cientos de Granadinos acudieron a la plaza del Carmen el día de la nominación / Juan Ortiz

En 1897 se habla por primera vez de la práctica del esquí en Sierra Nevada. Lo hace Ángel Ganivet en una de sus Cartas Finlandesas. En el año 1898 nace la asociación Diez Amigos Limited, constituida por miembros del Centro Literario y Artístico de Granada. Su primera excursión se realizó en el verano de 1899. Trece años más tarde, en 1912, se convertiría en la Sociedad Sierra Nevada, tercer club más antiguo de España y pionero en Andalucía. Su misión sería trabajar en el desarrollo turístico y deportivo de Sierra Nevada. Pero hasta 1914 no se tiene constancia de granadinos que se pusieran tablas en los pies para deslizarse por la nieve. Lo hicieron cuatro jóvenes atrevidos: Rafael Zárate, Germán Fernández y otros dos de los que solo se saben sus apellidos: Guijarro y Meléndez. Las tablas para esquiar las compraron en Madrid y la pista estaba en el Llano de las Víboras. Por entonces por allí sólo subían a esquiar cuatro gatos, y nunca mejor dicho.

En 1925 se tiene constancia de un evento organizado por la Sociedad Sierra Nevada para los socios del club montañero. Pero es entre 1928 y 1936 cuando empiezan a celebrarse las llamadas Semanas Deportivas y con ellas las competiciones de esquí. Las comunicaciones, los accesos y las instalaciones daban pena, pero allí estaban. Cuando el duque de San Pedro hizo la carretera hasta el Collado de las Sabinas con un acceso complementario mediante el tranvía de la Sierra, que llegaba hasta el establecimiento hotelero que había levantado él mismo, aquello empezó a funcionar. Después vino el Albergue Universitario. Tras la guerra y hasta 1964 se produce un renacimiento de la actividad montañera y esquiadora. Hay mucha ilusión y se consigue que la Federación Internacional de Esquí piense en Sierra Nevada a la hora de organizar competiciones. En 1964 un grupo de empresarios locales constituyen una sociedad -Centros Turísticos, S.A.- que asume la responsabilidad de construir una estación de esquí como Dios manda. Dos millones de pesetas constituían su capital inicial. Entre 1964 y 1984 se configuró la estación Solynieve y la urbanización Pradollano.

A las primeras infraestructuras deportivas en la zona de Borreguiles se accedía ya por telesillas y telecabinas. Pero los gastos eran demasiado cuantiosos para los empresarios locales y se crea Cetursa, donde entra capital francés y suizo. En 1974 de nuevo la mayoría del capital es local a través del Banco de Granada primero y por la Caja General de Ahorros después. Finalmente, en 1984, pasa a ser de titularidad pública. A partir de 1985 se abre una etapa caracterizada por el protagonismo del sector público en la gestión de la estación y el compromiso asumido principalmente por la Junta de Andalucía, pero también por los Ayuntamiento de Granada y Monachil, la Diputación Provincial de Granada y la antigua Caja General de Ahorros de Granada. Esta implicación institucional permitió renovar y ampliar la estación hasta hacer posible que por allí se deslizara una gran campeona como nuestra María José Rienda y que en 1996 se celebrara el Campeonato del Mundo de Esquí Alpino. Y ahí vamos.

Plegarias por un tubo

Antonio Jara anuncia oficialmente la nominación de Sierra Nevada como sede del Campeonato Mundial de Esquí Antonio Jara anuncia oficialmente la nominación de Sierra Nevada como sede del Campeonato Mundial de Esquí

Antonio Jara anuncia oficialmente la nominación de Sierra Nevada como sede del Campeonato Mundial de Esquí / Juan Ortiz

Aquel año de 1995 las campanas de Nochevieja en la Plaza del Carmen no funcionaron, los granadinos iban en mangas de camisa en pleno diciembre y al fondo de la ciudad se veía una Sierra Nevada pelá de nieve. La tragedia era que ese año había sido designado para que se celebraran en Granada el Campeonato del Mundo de Esquí y en nuestras montañas no había caído ni una mota de nieve. En Monachil se sacó en procesión a San Antón y en Guadix a San Torcuato para que intercedieran ante el Supremo (Dios, no el tribunal) y que enviara a Granada una buena nevada sobre la estación de esquí. Pero nada, Dios hizo oídos sordos a las plegarias.

Aunque Granada fue elegida para organizar el Campeonato Mundial de Esquí durante el mandato de Antonio Jara, en enero de 1995 el alcalde era Jesús Quero (sería relevado en mayo de ese año por el popular Gabriel Díaz Berbel). El alcalde de Monachil era el incombustible Pepe Sevilla, la Junta de Andalucía estaba presidida por el no menos incombustible Manuel Chaves, el responsable de Cetursa era el todopoderoso Jerónimo Páez, al frente del Área de Comunicación de la estación estaba el añorado Manolo Santaella y el que esto escribe era el modesto presidente de la Asociación de la Prensa. Ese año yo había salido de Baltasar en la cabalgata de Reyes: iba de negro mientras la ciudad soñaba con vestirse de blanco.

-¡Baltasar! ¡Este año en vez de carbón tráenos nieve! -oí que me gritaba alguien durante el recorrido de la cabalgata.

Pero mi misión era tirar caramelos, no traer nieve. Ojalá hubiera dependido de mí. Mucha gente pensó que aquel desastre meteorológico era producto de ese carácter nuestro de desear algo que luego no se cumple y que algunos confunden con la malafollá. La circunstancia sí que tuvo malafollá porque echaba por tierra las ilusiones puestas en ese acontecimiento que pondría el nombre de Granada en el ranking de las ciudades importantes en deportes de invierno. El 26 de enero de 1995 se celebró la rueda de prensa -yo cubrí el acto para la agencia de noticias Colpisa- en la que el presidente de la Sociedad Nevada 95 y de Cetursa, Jerónimo Páez, que estaba acompañado por el entonces responsable de la FIS (Federación Internacional de Esquí), Gianfranco Kasper, leyó un comunicado que decía: "Habiendo analizado la situación actual y después de estudiar con todo detalle los partes meteorológicos a largo plazo, el comité organizador y la FIS han decidido que, debido a causas de fuerza mayor, los Mundiales no podrán ser realizados".

El rey Don Juan Carlos acudió a la inauguración. Al fondo se ve a la reina Sofía El rey Don Juan Carlos acudió a la inauguración. Al fondo se ve a la reina Sofía

El rey Don Juan Carlos acudió a la inauguración. Al fondo se ve a la reina Sofía / Juan Ortiz

Jerónimo Páez y Pepe Sevilla se chocan la mano en la clausura del campeonato Jerónimo Páez y Pepe Sevilla se chocan la mano en la clausura del campeonato

Jerónimo Páez y Pepe Sevilla se chocan la mano en la clausura del campeonato / Juan Ortiz

Esta fue la primera parte del comunicado. Si los periodistas que estábamos presentes nos hubiéramos ido corriendo a las diferentes redacciones, hoy tendríamos que estar escribiendo la historia de un fracaso. Pero el anuncio tenía segunda parte: "El comité organizador es declarado oficialmente preparado para celebrarlos en febrero de 1996, con mejoras y nuevas instalaciones en las áreas de esquí. La FIS y el comité organizador os invitan a los Mundiales de esquí alpino de 1996, aquí, en Sierra Nevada". Los periodistas aplaudimos todos a la vez. Entre nosotros se decía que Jerónimo Páez había movido todos los hilos posibles para que la Federación Internacional de Esquí consintiera ese aplazamiento, algo insólito en la historia del esquí alpino. Él era muy amigo del rey de España, don Juan Carlos I, y entre los círculos periodísticos y empresariales se decía que la figura del monarca había sido clave para esa decisión.

El caso es que, si Dios hizo oídos sordos a las plegarias en 1995, en 1996 echó nieve como para enterrar a cien cachalotes en el Pico del Veleta. Uno de los años en que más ha nevado sobre la Sierra.

La ceremonia de inauguración fue en el Estadio Nuevo Los Cármenes. Estuvo la familia real en pleno, hasta Jaime Marichalar, que por entonces seguía siendo marido de la infanta Elena. Enrique Morente cantó La Estrella y a todos los asistentes se nos puso los pelos de punta.

La mascota fue Cecilio, que representaba a uno de los leones del patio alhambreño con caracteres humanos y camiseta color burdeos. Lo había diseñado el dibujante de cómic Carlos Hernández (El Chucky para los amigos) y durante aquellos meses raro era el sitio en el que había una concentración y no se presentaba Cecilio. Cecilio estaba hasta en la sopa.

Paquito Fernández Ochoa, con la bandera de la estación Paquito Fernández Ochoa, con la bandera de  la estación

Paquito Fernández Ochoa, con la bandera de la estación / Juan Ortiz

Lo que sí está claro es que este campeonato supuso un buen impulso para todos los sectores de la ciudad, sobre todo el turístico. Se amplió el actual aeropuerto de Granada, se mejoraron los accesos a la estación de esquí y se terminó la hoy conocida como Plaza de Andalucía, centro neurálgico de Sierra Nevada. Esta gran competición supuso para Sierra Nevada un escaparate para demostrar que aun estando en el sur de España había una estación invernal en la cual predominaba el buen tiempo y unos desniveles para todos los gustos. Comenzó a tener validez esa creencia de que una persona podía esquiar por la mañana en Sierra Nevada y tomar el sol en la Costa Tropical por la tarde.

Si la Expo 92 celebrada en Sevilla y los Juegos Olímpicos de Barcelona habían servido para invertir en infraestructuras y sentar las bases de un desarrollo necesario y vital en ambas ciudades, el Mundial de Esquí podría servir para ese objetivo en Granada. Se cuantificó en 160.000 millones de las antiguas pesetas, aproximadamente mil millones de euros, los que se invirtieron en nuestra ciudad, aunque un buen pico iba destinado a completar las tres autovías que, cuando se supone que iban a empezar los Campeonatos, no estaban hechas: la de Málaga, la de Bailén y la de Murcia. Sólo llegó a tiempo la de Málaga, abierta en el tramo Salinas-Las Pedrizas el día antes de la inauguración del 96. Las otras esperaron más, ya sin la prisa de llegar a los Mundiales. Se inauguró la llamada Ronda Sur y se hicieron los túneles del Serrallo. Se abrió el Parque de las Ciencias y se pusieron las bases para la futura expansión del Campus de la Salud. En el río Genil el rey Juan Carlos I, que cada dos por tres estaba en Granada, inauguró la zona de Aguas Bravas. Y hasta se echaron patos al Genil. Nunca antes se había invertido tanto en la ciudad.

Normalidad en las pistas

Alberto Tomba durante su descenso Alberto Tomba durante su descenso

Alberto Tomba durante su descenso / Juan Ortiz

El campeonato se desarrolló con toda normalidad y fue considerado un auténtico éxito. Allí se proclamó campeón del mundo de slalom gigante el italiano Alberto Tomba, un tipo afable y cercano que se ganaba la simpatía de todo aquel con el que trataba. No concedía entrevistas, pero contestaba a salto de mata a todo aquel periodista que se le acercaba. Recuerdo que charlamos con él un grupo de informadores en un hotel de Sierra Nevada tras haberse proclamado campeón del mundo. Estaba radiante. Desbordaba alegría. Tenía famada de latín lover y en su currículo de ligón estaba su famosa su intención de llevarse a la cama a una patinadora de Alemania del Este en el 88. Los periodistas granadinos lo teníamos como un bocazas que había dicho que era un error designar a la estación de esquí granadina como sede del Campeonato de Esquí porque esto era como Marruecos.

Luego, para compensar, había dicho que él amaba España y amaba Granada. Antes de marcharse y brindar por su éxito, nos dedicó a los gacetilleros una prolongada sonrisa. Cuando ganó el Mundial tenía 30 años. Después de saltar por las pistas de esquí se dedicó a saltar a las páginas de los sucesos, pues en su carrera mantuvo distintas disputas y litigios y afrontó varias denuncias, entre ellas juicios por presunta evasión fiscal o corrupción, multas por exceso de velocidad y el intento de falsificar su pasaporte. Todo ello sin olvidar sus numerosos romances. En Italia lo conocían como La Bomba. Jerónimo Páez, al que se le considera el gran artífice de la proyección internacional de la Sierra y el que llevó a cabo la modernización de la estación de esquí, dimitió un año después. Estaba harto de que le echaran arena en los cojinetes de su gestión.

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