Ayer y hoy

Granada entre el deporte y la cultura, hace 50 años

  • Era el año del Pichichi Porta

  • El defensa Barrachina fue agredido por un árbitro

  • El Festival de Música trajo a Margot Fonteyn y a Montserrat Caballé

  • Vino la Compañía de Teatro Lope de Vega

Margot Fonteyn y Rudolf Nuréyev, en unas imágenes de archivo. Margot Fonteyn y Rudolf Nuréyev, en unas imágenes de archivo.

Margot Fonteyn y Rudolf Nuréyev, en unas imágenes de archivo. / G. H.

Son los recuerdos de la Granada de ayer cuando a los espectáculos podían asistir espectadores sin problemas; hoy eso lo tenemos complicado. Hacia 1968 vivíamos la Granada ilusionada con su equipo en Primera División presidido por Cándido Gómez 'Candi' y entrenado por el mítico portero del Atlético de Madrid, el francés Marcel Domingo. Precisamente jugando el Granada contra el Atlético de Madrid, un "accidental" puñetazo del árbitro Sánchez Ibáñez al internacional defensa granadino Barrachina le ocasionó una herida en el labio; la protesta airada del jugador, el comentario no me salgo, te voy a comer y la amenaza de denunciarlo ante la Federación, determinó su expulsión. El Granada con 10 jugadores perdió en el Manzanares (1-0).

Menos mal que a la semana siguiente dio la sorpresa venciendo en Los Cármenes al Barcelona (1-0), gol de Ferreira marcado al portero catalán Sadurní, que dio la victoria al Granada e hizo perder la imbatibilidad al excelente guardametas; era el Granada de Tinas, Barrenechea, Martos, Santos, Ureña, Vicente… Y los demás. El equipo acabó en la mitad de la tabla y todavía habrá quien recuerde los nombres de Ñito, Noya y Barrios que ese año fueron los mejores.

Portada del libro 'Los años del Pichichi' de Ramón Ramos. Portada del libro 'Los años del Pichichi' de Ramón Ramos.

Portada del libro 'Los años del Pichichi' de Ramón Ramos. / G. H.

En pleno mes de julio, cuando la mitad de Granada, tras larga caravana en el 600, andaba por Torrenueva y Almuñécar y el resto entre las pozas del Genil y la piscina Miami, la prensa local nos traía la noticia; en el despacho del presidente Candi estampaba su firma el delantero Enrique Porta, máximo goleador de su equipo el Huesca con el que marcó 34 goles. Porta costó 600.000 pesetas por tres temporadas y, a pesar de sus tímidos inicios en el Granada, acabaría siendo también el máximo goleador de la Primera División en la temporada 71-72, consiguiendo el Trofeo Pichichi. Porta y el grito de la afición "Portaaaa, Portaaaa", hicieron historia en Granada. Fueron Los años del Pichichi, con sus mitos, sus luces y sus sombras, tal como titularía su libro el periodista Ramón Ramos.

Pero había otra Granada porque deporte y cultura van de la mano. En 1968 pudimos contemplar la espléndida exposición sobre el pintor, escultor y arquitecto Alonso Cano y su escuelamontada con lujo en el Hospital Real. Con la exposición culminaban los actos para celebrar el III Centenario de la muerte del artista granadino (1967). El Centro Artístico, la Cátedra Manuel de Falla y Juventudes Musicales seguían con sus nutridos programas de conciertos, mientras el XVII Festival Internacional de Música y Danza traía al Generalife nada menos que a Margot Fonteyn y Rudolf Nureyev y al Patio de los Arrayanes a Montserrat Caballé.

Para los amantes del teatro, la Compañía Lope de Vega les ofreció El alcalde de Zalamea de Calderón y El Tragaluz de Buero Vallejo. Sonaban entonces los nombres de nuestros mejores directores y críticos musicales: Julio Marabotto, Francisco Higuero, Dámaso García, J.J. Ruiz Molinero, José A. Lacárcel; se empezaba a hablar de la construcción del Auditorio Manuel de Falla, pero hubo que esperar diez años. ¿Para qué correr?

J.J. Ruiz Molinero, Jose A. Lacárcel, Dámaso García y Francisco Higuero. J.J. Ruiz Molinero, Jose A. Lacárcel, Dámaso García y Francisco Higuero.

J.J. Ruiz Molinero, Jose A. Lacárcel, Dámaso García y Francisco Higuero. / G. H.

Además 1968 fue un año de buenas intenciones que parecían hacer despegar a Granada de su secular retraso. En un Consejo de Ministros, allá por marzo, se defendieron asuntos tan importantes como el aeropuerto internacional, el pantano de Quéntar, la Escuela de Arquitectura Técnica y la Sección de Biológicas para la Facultad de Ciencias; además se inauguraba la rama de Maestría en la Escuela de Hostelería. Pero aunque algo caminamos, solemos ir des-pa-ci-to, pasito a pasito. De poner el freno ya se encargan las pandemias y algunos políticos perezosos cuando no ignorantes. Son más peligrosos los funcionarios quietos en los despachos que los "paraos" de los lunes al sol.

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