Sanidad

Granada registra un nuevo caso de anorexia o bulimia cada tres días

  • La asociación Adaner registra más de 30 nuevos pacientes en lo que va de año

  • El tratamiento asciende a una media de 400 euros al mes por lo que reclaman la actuación de la sanidad pública

Todo comenzó en los años 70 y 80. Nombres como Cindy Crawford, Claudia Schiffer o Kate Moss se alzaban en el olimpo del imaginario colectivo. Eran el súmmun de la fe consumista occidental, la frivolidad empaquetada al vacío que tuvo como consecuencia el repunte de una de las enfermedades del siglo XX: la anorexia y la bulimia.

Las oficinas de Adaner Granada, en el barrio Fígares llevan casi 30 años recibiendo a adolescentes con trastornos alimenticios. Se abre la puerta y aparece un pasillo. Hay varias habitaciones en la parte izquierda del piso, que mantiene las molduras y suelos de cuando fuera construido. Nada de lujos ni recibidores aparatosos, lo único que decora las salas son multitud de murales de mil colores hechos por aquellas que han pasado por allí.

Tantas pequeñas estampas con un “gracias” escrito que no se pueden contar y la mayoría son para Eduardo Oblaré, el presidente de la asociación Adaner.La necesidad y su experiencia como padre le hizo llegar a esta entidad en los 90. Dar respuesta a una serie de enfermedades que iban a pareciendo en esa época y que a los padres y profesionales cogieron desprevenidos porque eran patologías aún sin nombre y apellidos.

Han pasado muchos años desde entonces, pero la exigencia sigue siendo la misma: “cada tres días llega un nuevo caso de bulimia o anorexia a estas oficinas”, explica Oblaré. Por supuesto, y aunque esta es la única asociación específica de Granada –y pionera en Andalucía–, “no son todos los casos, hay muchísimos más”. En 2018 buscaron ayuda en la asociación 340 personas y en los tres primeros meses de este 2019 ya han recibido más de 30 nuevos casos.

Desde los 90, Eduardo señala que han pasado por la asociación “infinidad” de pacientes y familiares, y regresa a los datos: “tenemos unas 340 citas nuevas cada año” y ahora mismo, en la Unidad Multidisciplinar de la Conducta Alimentaria (Elca), estrechos colaboradores de la asociación “atienden en consulta ambulatoria 120 casos semanales y en la unidad de día, un régimen más agudo, hay 32 chicas”.

No solo el proceso de detectar la enfermedad es complicado, ya que es ‘silenciosa’ y la familia tarda un tiempo en ver que pasa algo, sino que el abordaje y saber dónde acudir se tercia complicado. “No sabe la de vueltas que da la gente antes de llegar hasta aquí”, explica Eduardo refiriéndose, en primer lugar, al servicio que ofrece la Seguridad Social. La sanidad andaluza no cuenta con una unidad específica para los trastornos alimentarios, un servicio que es precisamente una histórica demanda de los profesionales y los pacientes y que el nuevo delegado de Salud en Granada, Indalecio Sánchez-Montesinos ve como una opción.

Esto, hay que explicar que no depende de él, si no de la Consejería de Jesús Aguirre y desde Adaner, tras “tantos años de espera” prefieren ahora que “usen los medios que hay vía conciertos” pasando los costes a la sanidad pública para que cubran estas terapias.

Las personas que acuden al SAS con un diagnósticos de trastorno alimenticio son derivadas al servicio de Salud Mental, donde, señala Oblaré, no son atendidas correctamente dado que allí se tratan todas las enfermedades mentales y los trastornos alimenticios necesitan una alta especialización. Por otro lado, el estado de la atención en salud mental actualmente es deficitaria pues los pacientes tienen una larga espera entre citas y no resulta efectiva si se requiere un seguimiento.

También existe la sanidad privada que sí cuenta con este servicio, pero no todo el mundo tiene un seguro sanitario. Para estos, el precio medio, con un seguro escolar, oscila en torno a 400 euros al mes si se trata de una unidad de día. Por eso, y con precios que no todas las familias pueden afrontar mensualmente, dice Oblaré, “que si ahora tienen que crear una unidad de cero, van a tardar otros diez años y la voluntad de un partido ahora puede cambiar en cuatro años”.

En cuanto al perfil de los pacientes, Oblaré señala que la tendencia ahora está cambiando, aunque siguen siendo minoritarios, la tasa de varones con este trastorno está aumentando y ahora mismo se encuentra en 2 de cada 10 enfermos. La edad de los pacientes también está cambiando: cuando antes la media se encontraba en los 14 años, ahora baja incluso hasta los 11 años. Otro dato que aporta el presidente de Adaner y mucho más esperanzador, es el de la tasa de curación. Cuando hace unas décadas solo el 60% de las pacientes se curaba, ahora llega a más del 80% quienes salen de la enfermedad.

El abordaje que llevan a cabo en Adaner comienza con una primera visita y una cita de valoración “que no tarda en llegar ni 48 horas” donde un psicólogo y un nutricionista especializados verán en qué situación está la paciente y la familia. A continuación se dibuja las necesidades de la persona: si necesita la unidad de día, ingreso en hospital o tratamiento ambulatorio.

Al igual que la cultura del cuerpo en los 80 se empieza desarrollar y se iniciaba así una tendencia que decía a los jóvenes cómo vestir y el modelo de cuerpo ideal, en la actualidad, Oblaré alerta de que las nuevas modas alimenticias como las “comidas extra sanas” o “las exóticas como comer insectos” pueden ser peligrosas porque “pueden no contar la verdad sino intentar crear una”. “Si hubiera una dieta milagro que fuera eficaz ninguna otra existiría” reflexiona este hombre que en cuestiones terapéuticas, además de la atención con nutricionista y psicólogo, cree firmemente en el apoyo con terapias grupales, tanto de padres como de pacientes y expacientes.

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