Eduardo Barba | Paisajista, jardinero y escritor

"Granada representa el jardín secreto"

  • Del parterre al museo, se muestra entusiasmado con la riqueza vegetal de los cármenes

Eduardo Barba Gómez.

Eduardo Barba Gómez. / Daniel Méndez

Jardinero, botánico, paisajista, profesor de jardinería, colaborador del taller de restauración de El Prado y escritor. Eduardo Barba (Madrid, 1978) es el autor de El jardín del Prado, en el ofrece un paseo por la flora y vegetación de algunas de las obras de la excepcional pinacoteca mientras desliza su propia experiencia con las plantas. Y ahí Granada tiene un hueco especial. Regresará, aunque todavía no hay fecha confirmada, para una firma de ejemplares en la librería Un mundo feliz.

–En las primeras páginas del libro destaca el ajuste de cuentas que realiza a cuenta de la imagen que se tiene de la profesión de jardinero...

–Es cierto que la jardinería se ha visto como algo casi residual. Como quien se dedicara a esto fuera un autómata inculto. Y la jardinería es todo lo contrario. Como en cualquier oficio habrá quien quiera avanzar y quien no. Creo que es un oficio muy bello y que tiene mucho rigor. También es necesaria la adaptación al entorno. Se requiere de un aprendizaje continuo.

–No es muy habitual que un jardinero escriba un libro dedicado a El Prado...

–He conocido personas con oficios muy distintos que tienen otro tipo de pasiones o aficiones que han trasladado a un libro. Conozco a un médico que es un gran conocedor de la historia de las guerras.

–Que un artista sea capaz de conocer las plantas de su entorno y las plasme en su obra no choca tanto. Cruzar esa línea está más naturalizado.

–Un artista tiene que tener los ojos muy abiertos. Históricamente han tenido una mirada muy detallista, y muchos han incluido la flora en sus obras de arte.

–Otra cuestión que destaca del libro son las referencias continuas a Granada...

–Estuve viviendo varios años en Granada. Es un periodo de mi vida muy hermoso. Es una de las ciudades más bellas que conozco, siempre querré regresar a Granada. Es una ciudad llena de belleza y de amistad. Y tiene algo. Cada callecita se convierte en una obra de arte. Te sientes un personaje de cuento.

–De los barrios históricos lo que a mí personalmente me llama la atención es que apenas haya árboles. Los que hay están dentro de los cármenes...

–Granada representa ese jardín secreto. Tienes que tener acceso a los cármenes para poder ver el vergel que crece dentro. Por mi oficio de jardinero tuve la suerte de visitar bastantes cármenes, de clientes o de gente que me abría sus puertas.Granada es una especie de arcano a nivel paisajístico, porque hay que abrir puertas para descubrir esa belleza orgánica.

–¿Eso puede ir incluso en contra de la conservación? Lo que no se ve no se aprecia...

–Hay varios cármenes que se pueden visitar, pero es verdad que algunos no son visitables. Con los cármenes me gustaría que ocurriera como en el Reino Unido. Hay unas jornadas anuales en las que los propietarios de los jardines abren. Son unos días concreto y hay un cupo de entrada para visitar jardines privados. Sería precioso tener unas jornadas de cármenes abiertos. Creo que muchos propietarios estarían dispuestos a hacerlo, siempre con un respeto al entorno.

–Quizá los cármenes sean ejemplo de adaptación vegetal al medio urbano excepcional... En estas latitudes, si no es en un jardín, no es posible ver palmeras, por ejemplo.

–Cualquier jardín es un reducto, una lucha. La vegetación en la Península es muy rica y cada vez hay una conciencia mayor a usar especies autóctonas. Los jardineros cada vez más recurrimos a plantas que se adaptan a nuestras condiciones climatológicas.

–Las chumberas, que son una especie alóctona, se están dejando morir...

–Con las especies foráneas hay controversia. ¿Cuándo deja de considerarse una planta de fuera? Es una de las grandes preguntas. Una planta que lleva siglos en Europa debería tener un estatus de compañera de nuestro paisaje y darle la importancia que se debiera. La chumbera no puede desaparecer de Andalucía. Ha marcado muestro paisaje de una manera muy especial.

–Entonces, la conservamos aunque sea invasora...

–Claro. La chumbera ha tenido una importancia económica capital. Se ha cultivado para criar la cochinilla de la que se extrae el tinte que tiene tantos usos.

–En los jardines del Generalife fue donde comenzó el Renacimiento en España...

–Granada es una ciudad afortunada en la que se integran no sólo épocas, sino también corrientes artísticas, que están perfectamente imbricadas. Ahí está la Alhambra, o a nivel de jardinería esas mezclas de jardín árabe, renacentista o jardines novecentistas. Es un ejemplo de lo que se tendría que conseguir a distintos niveles.

–Un modelo de cultivo urbano homogéneo, el jardín modelo, ¿puede morir de éxito?

–Lo que hay que hacer es diversificar. En Madrid se sigue cultivando el castaño de indias y aquí tiene algunos problemas para sobrevivir y para estar bien. En verano sufren y es por ese sobreuso. La naturaleza nos enseña que la virtud está en el término medio. Ya no podemos hacer jardines como antes, sota, caballo y rey. Hay más especies que nos van a aportar belleza. Hay que abrir el abanico y recurrir a la flora autóctona. En el Reino Unido usan plantas que aquí vemos en los descampados. Es el caso de la Dittrichia viscosa. Es una planta que allí utilizan en jardines, rincones. Cuando la vemos aquí es el cunetas y descampados. ¿Por qué no integrar esas plantas? Cultivándolas nos va a aportar estética distinta, novedosa.

–Quizá en el confinamiento se ha visto esa apuesta de forma natural, en la manera en la que la naturaleza ha brotado en rendijas de aceras, alcorques...

–Lo que tenemos que hacer es mirar. No nos hacen falta muchos recursos para tener un jardín bello. Al contrario, se trata de saber elegir. Saber qué poner en ese jardín, y observar. Es lo que tenemos que hacer los que cuidamos de una u otra manera de nuestro entorno.

–Eso mismo se puede aplicar a la visita de un museo. Se trata de elegir y observar...

–Exacto. Cuando estás en un museo no hay más que se pueda hacer, de inicio, que observar. Luego viene lo demás, la recepción, conocer, el discernir... pero el primer verbo es la observación. Y estamos acostumbrados a una inmediatez que nos ha hecho olvidar lo que es la observación real. Cuando voy con mi sobrina al museo me gusta enfocar la visita de una forma muy diletante. No me gusta ir a un museo y soltar el rollo.Para cautivar lo primero es enseñar a observar. No a todos nos gusta fijarnos en las mismas cosas. Para unos lo más importante serán los colores, para otros las joyas, para otros los vestidos... A partir de esa semilla, de esa observación, habrá algo, interés por los datos históricos. Pero lo primero es aprender a observar, aprender a mirar.

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