Granada sigue apostando por el turismo de cruceros
En el Puerto aseguran no haber notado ningún efecto aún del síndrome del hundimiento del 'Costa Concordia' · Desde Motrilport dicen que todavía es pronto para comprobar si este accidente tiene repercusión en el cierre de operaciones
En el Puerto de Motril se respira normalidad. Nadie ha notado ningún efecto del 'síndrome del hundimiento del Costa Concordia'. Es más, estos días, su presidente, Ángel Díaz Sol, se ha paseado por Fitur vendiendo el éxito de la dársena motrileña en el turismo de cruceros en el último año y esperan repetir resultados para el año que viene. De hecho, las previsiones son muy buenas, según el gerente de Motrilport, José Bermúdez, que aunque no espera incrementar el número de visitantes sí por lo menos mantenerse, que no es poco en los tiempos que corren.
Bermúdez comenta que aún es pronto para comprobar si este accidente tiene repercusión en el cierre de operaciones. "Tenemos cerradas las mismas previsiones que teníamos hace 15 días" y señala que la próxima feria del sector a la que asistirán será la de Miami en el mes de marzo. "Ahí detectaremos si esto tiene algún impacto en la comercialización de cruceros o no", añade.
El turismo de cruceros era de los pocos que no había notado la crisis y ahora este incidente puede hacer que se tambaleen sus fuertes cimientos. Sin embargo, todos esperan que el temporal amaine y que puedan más las ganas de disfrutar que el miedo por lo sucedido. En algunas agencias de viajes consultadas comentan que es cierto que han bajado los precios desde que ocurrió la tragedia y que eso último sí está provocando que numerosas personas pregunten por los descuentos. También señalan que temen más a la crisis que a sucesos aislados de este tipo.
Fuentes del touroperador Intercruises, que opera en el Puerto de Motril, aseguran no haber notado en los viajeros ningún "comportamiento extraño" por lo sucedido en el naufragio del Costa Concordia. "Ayer por la mañana embarcamos en Málaga a 750 personas con absoluta normalidad" y se apresuran a recordar que "el medio marino es muy seguro y que suceden muchas más muertes por accidentes en carretera".
En cuanto a la posibilidad de que una desgracia de estas dimensiones ocurriera en Motril, fuentes de la Administración marítima explican que, debido a los mecanismos con los que trabajan, sería impensable. En primer lugar, porque depende de la legislación de cada país (en el caso del Costa Concordia habría que analizar la italiana) y en España está completamente prohibido acercarse a tierra y, en segundo, porque su acercamiento a puerto se hace a través de canales de acceso (una especie de carreteras para barcos) perfectamente delimitados y controlados por radares que vigilan sus movimientos en todo momento. El propio capitán de Capitanía Marítima divisa quién entra y cómo lo hace.
El capitán del ferry que diariamente une Motril y Melilla, Arturo Berini, asegura que el medio marino es mas seguro que el aéreo o que el transporte terrestre. "En caso de evacuación, en un barco el sistema de abandono es más seguro que el avión", sostiene.
Berini recuerda que el capitán es quien mejor conoce el barco y el que sabe lo que está sucediendo, por ello él es quien tiene que tomar decisiones. "La evacuación es la última medida a tomar, solo si se hunde la embarcación, hay fuego o una fuga de agua".
Arturo Berini, que quiere dejar claro que no quiere entrar a prejuzgar a nadie, sospecha que el acercarse a la orilla, se pudo deber a un varamiento voluntario, "de igual manera que los cetáceos heridos acuden a las playas, en este caso pensaría Francesco Schettino que era mejor que el barco se hundiera cerca de la playa que dentro del mar".
Otra de las actuaciones cuestionadas es el rescate del pasaje. Salvamento marítimo debe autorizar a proceder a poner al pasaje a salvo, como última posibilidad, pero siempre respetando el protocolo de actuación: se debe comunicar por megafonía y avisar a los camarotes que se va a proceder al rescate.
No obstante hay un sistema de grabación, en el que quedan registrados todos los movimientos del radar y las conversaciones mantenidas, el RDT, que es una especie de caja negra de los barcos.
Estos cruceros, por sus dimensiones, tienen un sistema de posicionamiento dinámico, por el que no se mueven por un timón, sino que dispone de muchas hélices que hacen que el crucero se posicione en un punto y no otro, no utilizan el ancla, por lo que "el problema se pudo deber a un fallo humano, un despiste al introducir mal las coordenadas", argumenta Berini.
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