Isaac Muñoz pornógrafo maldito
El escritor modernista granadino fue relegado al olvido por unos relatos eróticos, que en la actualidad recupera Amelina Correa Renacimiento anuncia para el próximo otoño la novela erótica del autor titulada 'Voluptuosidad'
LA búsqueda de la belleza, el placer, el descenso a los infiernos de Baudelaire y del modernismo finisecular, enganchado a la estela valleinclanesca de la bohemia, periodista y orientalista, Isaac Muñoz (Granada, 1881-Vallecas, 1925), acabó arrojado al cajón del olvido ante sus escritos y novelas de alto contenido erótico, que le valieron el sambenito de pornógrafo. La profesora y filóloga granadina Amelina Correa se ha encargado de recuperar a este personaje a través de sus estudios, monografías, biografía y reedición de sus principales obras. El próximo otoño verá la luz en la editorial Renacimiento la novela erótica Voluptuosidad, uno de sus textos malditos, pero todavía quedan más.
Muñoz, junto a Sawa, Villaespesa y Cansinos Assens, pertenece a ese grupo de bohemios cuyas luces tan espléndidamente retrató Valle Inclán. Muñoz fue heredero del rancio abolengo de su familia paterna, de origen castellano, residente en la localidad de Tendilla (Guadalajara) al menos desde la primera mitad del siglo XVIII, cuando su fundador, que ejercía como consejero y secretario del rey Felipe V, edificó allí un gran caserón nobiliario con capilla anexa. Su ascendencia noble quedaría reflejada posteriormente en los escritos del joven escritor granadino, siguiendo la línea del modernismo, con leyendas de ilustres caballeros, como el marqués de Bradomín de Valle-Inclán.
Muñoz nace en Granada en junio de 1881, lejos de la cuna de la estirpe. Su padre, militar de alta graduación, ocasiona con sus constantes traslados el cambio del domicilio familiar por varias ciudades andaluzas a lo largo de la infancia y adolescencia del escritor. No obstante, Isaac Muñoz siempre se sentirá especialmente vinculado a Granada, ciudad en la que pasará su niñez y periodo universitario, cuyo pasado idealizará y entroncará en sus propias preferencias orientalistas, que tienen su reflejo en el mítico reino nazarí de las tres culturas.
El joven granadino tampoco fue ajeno al romanticismo de su ciudad natal y menos aún a toda una tradición literaria en ese sentido. En su etapa estudiantil, tras residir con su familia en Córdoba y acabar el bachillerato, Isaac Muñoz regresa a Granada, al comenzar el curso 1896-1897. Es la época en la que entabla amistad con el poeta almeriense Francisco Villaespesa, al que estará unido desde entonces y durante sus primeros años de vida literaria en Madrid. Ambos constituyeron una curiosa pareja, en la que tan pronto Isaac se deshacía en elogios hacia la manera de componer poesía de Villaespesa como lo acusaba de sucio y desaseado. Cansinos Assens, en sus memorias, glosa las aventuras universitarias de Villaespesa y Muñoz: "Villaespesa se exaltaba, recordaba su época de adolescente en Granada, sus diabluras en unión de Isaac, que vivían en un carmen de la Alhambra, donde celebraban orgías que escandalizaban a los burgueses y beatos de la ciudad. Decían misas negras, celebraban cópulas en ataúdes con prostitutas vestidas de monjas, bebían vino en calaveras y paseaban por la ciudad vestidos de moros...".
En este ambiente de bohemia típicamente modernista y donde predomina el exceso imaginativo sobre la realidad, Isaac Muñoz ve publicados sus dos primeros libros en 1898, dos pequeños tomos de escenas sueltas titulados Miniaturas y Colores grises, iniciando ya en 1900 su colaboración con la revista granadina Idearium. Muñoz emprendió, a los 17 años, una carrera literaria que fue a mayor velocidad que la académica. De este modo, cuando está a punto de abandonar la Universidad de Granada para continuar sus estudios en Madrid, publica su primera novela titulada Vida (1904), un libro que tuvo muy buena acogida en los círculos madrileños de la innovación literaria. Su amigo Villaespesa será su lazarillo artístico en el Madrid de comienzos de siglo, una vez que Muñoz deja Granada de manera definitiva y se traslada a la capital para concluir sus estudios de Filosofía y Letras en el curso 1904-1905.
En Madrid se dedica a tiempo total a la literatura. En casa de su amigo almeriense se reunirá un grupo de jóvenes representante de las últimas tendencias literarias. Se sienten especiales, diferentes, consagrados a la búsqueda de la belleza. Todo esto queda plasmado en su segunda novela, titulada Voluptuosidad (1906), y de la que el próximo otoño la editorial Renacimiento ofrece una reedición con estudio preliminar de Amelina Correa. La aparición de esta novela coincide con el nuevo destino de su padre a Ceuta, donde el joven escritor permanecerá junto a su familia hasta 1913. Isaac Muñoz durante los siete años que duró su estancia en tierras del Norte de África hace realidad su proximidad estética y afición por el Oriente. Desde el primer momento el escritor se acerca al mundo árabe como si fuera el espejo donde reflejar sus sueños. Su idealización de la realidad oriental se va dibujando en sus diferentes escritos.
Paulatinamente, su conocimiento de la realidad musulmana se va haciendo mayor, hasta llegar a especializarse en el tema como cronista periodístico. Sin embargo, en su acercamiento al Islam siempre subyace la nostalgia del paraíso perdido, una forma de ser de lo primitivo e incontaminado. Se viste como árabe y se retrata como tal. Además, se entrevista con las autoridades del magreb y viaja hasta Egipto.
Se dispara su producción literaria y aparecen: Morena y trágica, Libro de las Victorias. Diálogos sobre las cosas y sobre el más allá de las cosas (1908) y La fiesta de la sangre. Novela mogrebina (1909). Se trata de los primeros títulos ambientados en países árabes. Tras su única incursión poética, La sombra de una infanta (1910), con todos los tintes del modernismo, y una novela con versos de Villaespesa, Alma infanzona (1910), se lanza a colaborar en numerosas publicaciones periódicas. Destaca de manera especial su vinculación al 'eraldo de Madrid, en el que publica más de doscientos artículos, la mayoría de ellos en portada y sobre asuntos relacionados con el Magreb. También cultiva el ensayo sobre el colonialismo y edita dos estudios sobre Marruecos. En 1913 regresa a Madrid, donde publica una nueva novela, Lejana y perdida. En esta época Cansinos Assens recoge la síntesis del pensamiento de Isaac Muñoz, un escritor desclasado y soñador. Según el escritor sevillano, un día Muñoz lo invitó a subir al cuartito moro que poseía en una pensión de estudiantes en la madrileña plaza de Santo Domingo. Allí, mientras toman el té moruno de las cinco, al estilo inglés de Tetuán, y queman sándalo, Muñoz le confiesa: "Amo los besos que sangran, el placer que es como un dolor, la pasión infinita que sólo se conoce en Oriente, y que no distingue sexos. Yo en Marruecos tengo una novia y un efebo, soy un alma hermafrodita. Me ahogo en esta sociedad hipócrita y puritana que más que el cocido y el matrimonio. Yo necesito el Oriente, sensual y pagano a pesar de Allah, el bello Oriente, donde reinan los poetas y la vida es un cuento fantástico de Las mil y una noches".
Su regreso a la capital de España le supone un descenso en su producción literaria para incrementar su aparición en prensa. Publica varias novelas cortas, y presenta Poesía berberiscas de Sid Mojand (1914), poeta bereber cuya traducción lleva a cabo el propio Isaac Muñoz. A finales de 1914 comienza su relación con la revista La Esfera, una de las más prestigiosas del momento y en la que publica artículos hasta 1922.
En 1915 cambia la vida de Isaac Muñoz al aprobar una oposición al cuerpo de archiveros. El escritor, que había cultivado por encima de todo la individualidad, arrumbó su pluma de poeta y formó parte del exilio funcionarial. Vaga por diferentes destinos en provincias hasta que en 1919 se instala en Madrid. En estos años la salud del escritor se encuentra muy quebrantada por la enfermedad que pronto acaba con su existencia, que no es otra que el 'mal del siglo': la sífilis. Los últimos años de su vida los pasa en la localidad de Vallecas en compañía de una mujer llamada Carmen Peracho y del hijo de ambos, José Muñoz Peracho. Nunca llegó a casarse con aquella mujer de San Fernando de Cádiz y su hijo, que fallecería a los 17 años de edad, no fue reconocido como legítimo por la familia paterna. Parece ser que ante lo muy avanzado de su enfermedad, su joven compañera lo pudo mantener gracias a un pequeño comercio que poseía en el barrio madrileño. La familia de Isaac Muñoz le negó su asignación económica debido al origen 'inmoral' de su enfermedad, al mantenimiento de cierto 'concubinato' con aquella mujer y sobre todo ante la alta densidad erótica de sus novelas y otros escritos, que le valieron el calificativo de pornógrafo. De este modo, Isaac Muñoz tuvo que renunciar a su exclusiva dedicación literaria y buscarse un trabajo que le adscribiera al modo de vida convencional. Atrás quedan sus años de bohemia y viajes, de cafés literarios, tertulias y visitas a los principales prostíbulos de la época.
La parálisis general progresiva producida por la sífilis hizo que sus últimos cuatro años de vida los pasase retirado, sin apenas publicar y repudiado por una parte de su familia. El 7 de marzo de 1925 fallece Isaac Muñoz. Su compañera es expulsada por el párroco de Vallecas de los funerales. Muñoz es enterrado en la villa madrileña. A los tres días, sólo El Heraldo de Madrid se hace eco de su muerte, lo que de una idea del olvido en el que cayó el escritor en los últimos años de su existencia. Unos dos años después, saldadas las disputas familiares, Isaac Muñoz es enterrado en el panteón familiar de Tendilla. La familia nunca reconoció al hijo de Isaac Muñoz ni a su compañera. Falleció con tan sólo 44 años de edad. Su final prematuro y de olvido lleva escrita la frase que usara en La Corte de Tetuán: "¡No sucede sino aquello que inexorablemente debe cumplirse!".
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