Miguel Caballero inicia en unas semanas la segunda búsqueda de García Lorca

El historiador granadino centrará sus trabajos en la zona conocida como Peñón Colorado siguiendo las investigaciones de Eduardo Molina Fajardo

Comienza la segunda búsqueda de los restos del poeta en Peñón Colorado.
G. Cappa / Granada

05 de enero 2012 - 01:00

Tras la fallida búsqueda de los restos de Federico García Lorca junto al monolito del Parque de Alfacar, la ex consejera de Justicia, Begoña Álvarez, afirmó que "ahora son los historiadores los que tendrán que hacer nuevas investigaciones". Y es justo lo que ha hecho el granadino Miguel Caballero, quien en las próximas semanas (entre finales de enero y principio de febrero) comenzará la segunda búsqueda del autor de Poeta en Nueva York en la zona conocida como Peñón Colorado, situada junto a la carretera local GR-3101. Los restos del poeta y los de otros treinta republicanos yacerían en unos pozos que parece ser se abrieron para buscar agua y que por su fácil acceso se convirtieron, según Caballero, en el nicho perfecto para enterrar a las víctimas. El investigador ya ha presentado su documentación al Ayuntamiento de Alfacar y pretende comenzar cuanto antes unos trabajos para los que no ha pedido ningún tipo de subvención y que costeará de su propio bolsillo, entre 3.000 y 4.000 euros. Sí cuenta en cambio con el permiso por escrito del propietario de los terrenos.

Bajo la supervisión del arqueólogo Javier Navarro Chueca, responsable de la exhumación de más de 30 fosas comunes de represaliados en la Guerra Civil y profesor de la Universidad de Zaragoza, la intervención se basa en una primera fase en la retirada del manto vegetal de la zona y el examen de la superficie para detectar los cambios de coloración y textura en el terreno, que implicarían la presencia de pozos. "En caso de localización de estas evidencias, unos sondeos de escasa dimensiones podrían desvelar la presencia de restos humanos y confirmar la existencia o no de fosas comunes", relata Caballero sobre el primer paso para la localización de los restos del poeta, fase que se completará con el estudio sobre el terreno de un georradar. El investigador calcula que esta primera fase durará unos dos o tres días y que los resultados pueden estar disponibles en unas semanas. El siguiente y definitivo paso sería la exhumación de los cadáveres, punto en el que ya sí tendría competencias la Junta de Andalucía.

El Peñón Colorado es justo el lugar que delimitó el falangista granadino Eduardo Molina Fajardo (1914-1979) en su libro póstumo Los últimos días de García Lorca. En su condición de adicto al régimen franquista -y director del periódico Patria- consiguió reunir el testimonio de 48 personas cercanas a los hechos, declaraciones que coinciden en ubicar los restos del poeta en el paraje en el que ahora se dispone a investigar Miguel Caballero. "Si estos testimonios hubiesen sido recogidos por alguna de la comisiones que durante la democracia se formaron para dilucidar el paradero del poeta, posiblemente a estas alturas ya tendríamos claro la ubicación de sus restos y se hubiesen descartado los de Manuel Castilla Blanco, que manifestó erróneamente al investigador Gibson el lugar de enterramiento", señala Caballero.

En su informe arqueológico, el autor de estudios como el reciente Las 13 últimas horas en la vida de Federico García Lorca indica que el paraje del Peñón Colorado reúne las condiciones necesarias para realizar la ejecución en noche cerrada. "Este lugar sería el más apropiado en todo el trayecto de carretera existente entre Víznar y Alfacar", resalta el investigador. En este tramo habría sólo dos zonas de salida: una más accidentada cercana al barranco de Víznar y la que defiende el historiador como lugar de ejecución del poeta, que posibilitaba la entrada de vehículos al campo de instrucción de las tropas mandadas por Nestares. "Es en la cabecera de este campo donde se ubicaban los pozos", defiende Caballero, quien destaca que este lugar estaba lo suficientemente lejos de los dos pueblos como para efectuar las ejecuciones con tranquilidad y sin miradas indiscretas. En resumen, un emplazamiento al que se accedía cómodamente para fusilar con impunidad y con unas zanjas al lado para enterrar rápidamente a los muertos con la fiebre de los primeros días del alzamiento franquista.

En cuanto a las evidencias superficiales del enterramiento, el estudio de Miguel Caballero destaca una alineación de rocas "colocadas intencionalmente por la mano del hombre" que delimitan la presunta fosa de forma rectangular. También se observan "zonas deprimidas que pueden corresponder a pozos o fosas excavadas y tapadas posteriormente". En resumen, las piezas del puzzle encajan de momento en el proyecto de Miguel Caballero.

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