Obituario del último limosnero de Granada

Muere Antonio Gutiérrez Ferrer, el último limosnero de Granada

  • Fallece a los 94 años este Hermano de los Obreros de María que ha consagrado su vida a los demás y, en particular, a la Ciudad de los Niños como el limosnero que recorrió hasta la última loseta de Granada

Antonio Gutiérrez Ferrer, el último limosnero de Granada en una entrevista en 2014 Antonio Gutiérrez Ferrer, el último limosnero de Granada en una entrevista en 2014

Antonio Gutiérrez Ferrer, el último limosnero de Granada en una entrevista en 2014 / Maria de la Cruz / Archivo

94 años entregado a los demás. Antonio Gutiérrez Ferrer se ha ido del mundo en la madrugada de este 30 de noviembre de 2020 dejando tras de sí una huella de bonhomía que será muy recordada en Granada. Se despide el último limosnero de la ciudad tras una vida dedicada a los demás y sobre todo a los niños como Hermano de la Orden de Obreros de María con una dedicación total al proyecto de la Ciudad de los Niños, al que ha consagrado más de siete décadas de su vida.

Antonio Gutiérrez Ferrer, el último de la estirpe de los limosneros granadinos, ha fallecido a los 94 años tras una vida repleta de buenas obras y de comprensión hacia los demás. Un hombre querido y que encandiló a la ciudad de Alhambra por su dedicación a los más pequeños y a los más necesitados.

Nacido en la Costa, en esa localidad ahora conocida como Gualchos-Castell de Ferro, en el año 1926 ha sido un testigo directo del siglo XX desde sus nacimientos en esos dorados años 20 hasta la Guerra Civil que quebró un país, la dura posguerra y todo lo que ha venido después entre transiciones y las posmodernidad de la vida contemporánea. Pero siempre con la mirada puesta en los demás.

De figura cenceña y con su pelo canoso, la imagen de Antonio Gutiérrez lleva acompañando muchos años (muchísimos) las obras de caridad de los Hermanos Obreros de María, una institución religiosa y solidaria que tiene su estandarte en la Ciudad de los Niños donde se forman vidas a las afueras de la capital en el barrio de Bobadilla, en el distrito Chana.

En un reportaje publicado en 2014 en Granada Hoy, Antonio Gutiérrez Ferrer contaba cómo llegó allá por los años 50 a la congregación y tuvo que dejar a un lado la vergüenza para poner todas sus esfuerzos en las 300 bocas que había que alimentar y nutrir. Una responsabilidad que le llevó a salir a la calle y pedir con toda la humildad como limonesro para garantizar el sustento de los niños.

Con vocación de maestro, la economía familiar no le permitió estudiar para desempeñar una profesión que de alguna manera ha hecho de la mejor manera posible sin título y dejando una huella en sus 'alumnos' de la vida.

Un maestro del camino, que se puso a andar y a andar (pero no a desandar el camino) para conseguir el pan y el plato que poner en la mesa de los más pequeños que lo adoraban. Muchos ya convertidos en adultos que han visto luego a este 'andarín' con una sonrisa por las calles de la ciudad.

Durante una época de su vida, estuvo ligado a los periódicos y a la tinta escrita como trabajador de la imprenta en el Faro de Motril, cerca de donde nación. Aunque tras el servicio militar en Jaca (Aragón) decidió poner pies en polvorosa y entregarse a los demás colaborando primero con la orden de los hermanos de San Juan de Dios y, después, en los Agustinos hasta que encontró su familia definitiva en los Hermanos Obreros de María.

De su tiempo en la impresión aprendió el arte de la estampa, la encuadernación y los calendarios. Sus imágenes con las que luego iba a buscar la limosna. Limonista a limonista fue labrando un oficio y una manera de hacer mejor la vida en esa Ciudad de los Niños. Visitando cada día medio centenar de instituciones en las que lo recibían con una sonrisa.

Hasta pasados los 90 años, las piernas nunca han fallado a Antonio Gutiérrez Ferrer, a quien cuentan que le tenían que cerrar con llave para que no saliera por la verja antes de que cantara el gallo. Este periódico contaba también en 2015 cómo la Ciudad de los Niños intentaba compaginar ese oficio antiguo y digno de limosnero con las actuales campañas de micromecenazgo o crowdfunding.

Ahora a sus 94, en el fatídico año Covid, se apaga su vela aunque con una sonrisa en la boca y la conciencia repleta de buenos recuerdos y de la felicidad que supone para algunos haberlo dado todo.

El limosnero con los niños El limosnero con los niños

El limosnero con los niños / Maria de la Cruz / Archivo

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