Pasado con presente incluido

Pepe Macanás, el hombre de los dos corazones

  • Cuando tenía 18 años fue fichado por el Real Madrid, en donde estuvo seis temporadas

  • En 1982 vino a jugar a Granada, donde se casaría con una granadina y fijaría su residencia

  • Desde hace año y medio es vicepresidente del club granadino

Pepe Macanás, el hombre de los dos corazones Pepe Macanás, el hombre de los dos corazones

Pepe Macanás, el hombre de los dos corazones

Su cara es espaciosa, su nariz potente y su boca amplia, como si estuviera en ella el gesto de una sonrisa permanente. Los mofletes los tiene tersos y los ojos casi siempre mojados por la humedad nostálgica de aquellos que se sienten satisfechos con la vida. José Macanás es de ese tipo de hombres que nada más conocerlos te dan unas ganas tremendas de tomarte unas cañas con ellos. Afable en el trato, campechano en sus maneras y de fácil conversación, cuando se habla con él uno tiene la impresión de que lo está haciendo con un hombre que tiene el molde exacto de la felicidad. Pepe Macanás ha visto todo lo que había que oír y ha oído todo lo que había que ver en el mundo del fútbol. Él salió de un pueblo murciano dándoles patadas en las eras a una pelota de badana y llegó a ser un futbolista impetuoso y destacado en el Real Madrid. Ahora ocupa un despacho de ejecutivo del Granada Club de Fútbol desde el que reparte abrazos y mensajes optimistas a todo aquel que se acerca por allí.

Celebrando un gol. Celebrando un gol.

Celebrando un gol.

Dice que cuando el otro día estuvo en el Santiago Bernabeu y vio a sus dos equipos del alma salir al campo, se hinchó de llorar de la emoción. “Son mis equipos, pero el otro día quería que ganara el Granada. El Real Madrid ya tendrá ocasión de ganar a otros”, dice. Tiene una vida con copiosas afluencias de recuerdos que le hacen emocionarse y hasta llorar. Extrovertido en el habla, tiene la voz natural y espontánea, con la que se acerca de manera llana a cualquier interlocutor que tenga delante. No olvida sus humildes orígenes y parece no dispuesto a aparentar aquello que no es. De cuello grueso, cuando viste traje casi siempre lleva desanudada la corbata, no porque sea un claro disidente de los protocolos, sino porque no puede soportar tener atada una garganta tan profusa en exaltaciones. Después de correr muchas bandas en campos de fútbol ajenos, en Granada encontró la persona con la que compartiría su vida. Se casó con una granadina que le ha dado seis hijos, que a su vez le han dado seis nietos. Muy querido por los aficionados y muy respetado por los jugadores, dice sentirse satisfecho con su vida. “Granada me ha dado mucho más que lo que yo podré devolverle”, dice con ese serpentín de sentimiento que le pone a cada frase que él considera crucial. Macanás es el hombre de los dos corazones.

En su despacho

El encuentro del periodista con el ex futbolista es el despacho que éste tiene en el Estadio de Nuevo los Cármenes. Hace año y pico fue nombrado vicepresidente y consejero del club. La conversación es relajada, la silla cómoda y el despacho es de apariencia humilde, como la persona que lo habita. En la pared de enfrente hay una foto dedicada de Santiago Bernabéu, una caricatura que le hizo Carlos Belda y dos pósteres de la Virgen de las Angustias y otro de la Virgen de los Dolores. “Es que yo soy muy religioso. Antes de los partidos le pido a la Virgen que interceda por nosotros, que nos de suerte y, sobre todo, que ganemos. Ya que pido…” En la pared que tiene detrás de él hay un lema que dice lo importante que es el pundonor en el campo de fútbol. Hay colgadas más fotografías de cuando él un joven futbolista con bigote y una bufanda rojiblanca enorme casi en el techo. Encima de la mesa hay un balón con los colores del club, el escudo del equipo en metacrilato y más fotos, una con Vicente del Bosque, con el coincidió en el Real Madrid y con el que mantiene una amistad a prueba de olvidos.

Lamentándose de una ocasión fallada. Lamentándose de una ocasión fallada.

Lamentándose de una ocasión fallada.

–Nací en Los Ramos, un pueblecito de Murcia. Tengo 66 años y mi infancia te la puedes imaginar: jugando al fútbol en la calle o donde pillaba. Además, yo era el dueño del balón y después de comer todos los niños estaban en la puerta de mi casa esperando a que Pepito, que era yo, terminara para salir a jugar. Mi padre también fue futbolista, pero de equipos muy modestos. Teníamos una pequeña tienda de ultramarinos y un negocio con animales. Yo ayudaba a mi padre todo lo que podía, pero mi pasión era el fútbol. Mi padre, cuando me veía con el balón, siempre me preguntaba: ¿Es que hoy tampoco tienes deberes? Yo le decía que no. Recuerdo que cuando había partido de fútbol televisado, me iba a sentarme delante del único aparato en blanco y negro que había en el pueblo y que estaba en un bar. ¿Te acuerdas de cuando el Real Madrid le ganó al Partizán en la final de la copa de Europa por dos uno en el año 1966? Pues allí estaba yo, sentado delante del televisor y vitoreando los goles de Amancio y Serena. Tendría 16 años o así cuando empecé a jugar más en serio: en el Racing de la Flota, en el Iberia y después en el Murcia.

El destino a veces se desencaja por sus caminos más inciertos y un buen día, el todopoderoso don Santiago Bernabéu, que veraneaba en Santa Pola, se acerca a Murcia para ver a un jugador del que le habían hablado mucho y bien en una panadería en la que iba él a comprar el pan. Cuando va al campo y contempla al fragoso extremo izquierda, comprueba que todas las bondades de las que le habían hablado sobre este jugador eran ciertas. El mandamás del equipo madrileño decide ficharlo. Ocho millones de pesetas fue la oferta, que el Murcia no desaprovecharía.

Con la directiva. Con la directiva.

Con la directiva.

–Don Santiago me dijo que estaba buscando a un extremo izquierdo que fuera el sucesor de Gento. ¡Dios mío! Pensé que esa era demasiada responsabilidad para mí. ¡Nada menos que para sustituir a Gento! Yo tenía 18 años, era un chiquillo y verme en el vestuario con todos aquellos a los que yo había visto por televisión en el bar de mi pueblo, fue tan grande que me sentí abrumado. Pero todos se portaron muy bien conmigo: Pirri, Zoco, Santillana… Era como estar en un sueño del que no quería despertarme. Luego supe que el Barcelona y el Atlético de Madrid también se habían interesado por mí, pero mi corazón por entonces era totalmente blanco.

El sueño roto

En el Real Madrid estaría seis temporadas. Su comienzo no pudo ser mejor. Debutó contra el Castellón en septiembre de 1972. Ganaron los madridistas por 2-3 y Macanás anotó uno de los tantos del partido. Al público le encantaba el desparpajo de aquel chaval que había venido del Murcia. Macanás no era siempre titular, pero fueron muchas las veces que el partido se resolvía a favor del equipo blanco cuando él salía al campo. Como aquella final de Copa de 1974 contra el Barcelona, que ganó el Real Madrid por 4-0 y con partidazo del murciano en el estadio Vicente Calderón. Con el Real Madrid ganaría tres ligas y dos copas del Generalísimo, que es como se llamaba entonces la que hoy es Copa del Rey.

-Es que yo daba todo lo que tenía, era muy impetuoso y mi obsesión era no defraudar a los 90.000 espectadores que se metían en el Bernabéu. Podrían achacarme lo que quisieran, pero nunca que yo no había cumplido en el campo, que había sudado la camiseta. Mi carrera en el Real Madrid acabó en Belgrado, cuando jugaba contra el Estrella Roja. Recibí una entrada muy fuerte de un defensa y se me rompió lo que se llamaba la triada. Son tres lesiones en una ya que se me fracturaron a la vez el ligamento cruzado, el ligamento lateral y el menisco interno. El mismo médico del Estrella Roja le dijo al médico del Real Madrid que creía que mi carrera deportiva había terminado y que nunca más volvería a pisar un campo de fútbol.

Pepe Macanás me cuenta que aquella fue una etapa dura para él, etapa que tuvo que superar a base de mucha voluntad y la misma cantidad de esfuerzo. Después de las correspondientes operaciones y sabiendo que el Real Madrid ya no iba a contar más con él, en 1978 se fue a Alicante a jugar con el Hércules, donde estuvo tres años. Tras un breve paso de nuevo por el Real Murcia, fue traspasado al Granada.

–En realidad quién me había fichado era el Jerez. Hacia allí iba para firmar el contrato cuando en Loja recibí una llamada de mi representante que me decía que me quería el Granada, que estaba en una categoría inferior que el Jerez. Le dije al chófer que diera la vuelta y ese mismo día me entrevisté con Candi y me fichó. Y no me equivoqué. Siempre he dicho que he sido tan feliz vistiendo la camiseta blanca del Real Madrid como la rojiblanca del Granada.

Con un compañero. Con un compañero.

Con un compañero.

Los amores de su vida

Macanás me confiesa que con esta ciudad en la que ambos vivimos tuvo un amor a primera vista, un amor que se completaría cuando conoció a María Jesús Benavides, mujer con la que se casaría y con la que tendría seis hijos.

Pepe me habla de ellos con pasión de padre, de su Pepito que era un buen deportista y que hoy es cocinero, de su hija que ejerce de médico en Jaén, de la más pequeña que está estudiante segundo de Medicina y que quiere ser oncóloga… Yo le hablo de mis hijos. La conversación a estas alturas de la entrevista se convierte en revelaciones de dos personas que han olvidado las reglas del juego y se han abierto a la amigable charla. Hablamos de amistades comunes, como Paquita Torres, que fuera Miss Europa en 1966 y que es de Bailén.

En un momento le llaman por teléfono para hablarle de una cita a la que debe acudir. “Es que hoy le vamos a dar un homenaje a Ángel Castellanos en el Ruta del Veleta”, dice bajando la voz y en plan confidencia. Le pregunto si es verdad lo que he leído sobre él, que una vez lo sacaron a hombros en Los Cármenes. Él ensancha aún más su sonrisa y exclama:

–Síííí. Es verdad. Fue un día en que hice un buen partido y los espectadores corearon mi nombre. Ver esa afición tan entregada a mí es algo que nunca olvidaré. Yo había hecho lo que tenía que hacer, jugar bien y marcar goles. Entonces un grupo de personas se lanzó al campo y un hombre me cogió y me sacó a hombros del estadio. Yo creía que eso lo hacían solo con los toreros, pero a mí me pasó. Por cierto, hace poco un aficionado me escribió para decirme que había sido él el que me sacó a hombros aquella tarde gloriosa. Yo le he dado las gracias y le he dicho que estoy muy agradecido.

Pepe Macanás estaría tres temporadas en el Granada. Me cuenta que pudo seguir pero que Joaquín Peiró le dijo que no se fuera a otro club, que siguiera con él como ayudante y como delegado del equipo. Y como aquí tenía su vida, aquí se quedó. Hasta los 34 años en que creyó que el fútbol era cosa de su pasado. Un día fue a una especie de feria del deporte y la marca de ropa deportiva italiana Lotto Sport lo fichó como director de marketing. Me cuenta que con esa empresa estuvo 24 años, hasta que se jubiló y poco después fue llamado por el Granada Club de Fútbol para que entrara a formar parte de la directiva del club. Macanás parece incapaz de hablar mal de nadie. Habla bien de su presidente chino, del entrenador y de los jugadores, a los que considera parte de su familia. La última parte de la charla la dedicamos a hablar de lo bien que está el Granada este año, que se está codeando con los mejores en los primeros puestos de la clasificación. Él dice que sí, que el equipo es otro, que hay ganas de jugar y que el entrenador ha conseguido que los jugadores sepan ilusionarse defendiendo la camiseta que llevan puesta.

–De todas maneras, y eso quiero que lo pongas en letras grandes, el éxito del club no es solo de los jugadores o del entrenador, lo es también de toda la gente anónima que trabaja en el club, de los que cuidan el campo, de los oficinistas, de los utilleros, de los que trabajan anónimamente en el Granada. A ellos también hay que estar agradecidos. Por lo menos yo lo estoy.

Así es Pepe Macanás, un hombre de sentimientos extremos capaz de emocionarse, hasta encharcar sus ojos de lágrimas, cuando le comenta al periodista lo que tiene dicho a su mujer que pongan en su tumba cuando él se muera. Un epitafio que daría fe de su inmenso amor por Granada.

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