Universidad

Polémica en Granada por el "riesgo" de mantener las prácticas presenciales en la UGR

  • El popular profesor de Física Arturo Quirantes pone en evidencia la situación y las posibles consecuencias laborales hacia los docentes de no cumplir con una presencialidad que no sería "esencial"

Imagen de archivo de la entrada a la Facultad de Ciencias durante el inicio del curso universitario. Imagen de archivo de la entrada a la Facultad de Ciencias durante el inicio del curso universitario.

Imagen de archivo de la entrada a la Facultad de Ciencias durante el inicio del curso universitario. / Jesús Jiménez/Photographerssports

Quizá por su nombre a secas -Arturo Quirantes- no sea muy conocido, sin embargo, si se dice que es @elprofedefisica gran parte de la comunidad tuitera, pero sobre todo de la universitaria de Granada, ya sepa de quién se trata. "Los que me conocen sabrán que no me callo en Twitter ni debajo de agua, pero mis intervenciones en blog sobre el COVID se pueden contar con los dedos de una mano", advierte este profesor de la UGR en una publicación en su blog en la que ha evidenciado el "riesgo" de mantener las prácticas presenciales. Bien es cierto que su postura podría ser impopular dentro de la comunidad docente universitaria a tenor de la reiterativa reivindicación de que "el coronavirus no está en las aulas" que han mantenido estudiantes y la propia rectora, Pilar Aranda, pero en cambio hay bastantes docentes (y también universitarios) que secundan lo que expone este profesor de Física (y Química) ante la crítica situación de Granada.

Hace un mes que la Junta de Andalucía decretó la suspensión de las clases presenciales en la Universidad de Granada, lo cual obligó a la institución a activar su llamado Plan B: volver a la docencia online que se probó, por fuerza mayor, en marzo y que ahora contaría con más experiencia y herramientas para su desempeño. Sin embargo, quedaban exentas de esa virtualización las prácticas, algo que generó controversia entre la comunidad universitaria.

Las semanas fueron pasando, el virus continuó asediando Granada y la presión hospitalaria (y los fallecimientos) fueron creciendo hasta el punto de tomar la decisión de cerrar toda la llamada "actividad no esencial" de la provincia desde el pasado martes. Eso sí, sin suspender las prácticas presenciales (entre otras actividades educativas, como las clases en colegios o institutos o los conservatorios). Sin embargo, esta circunstancia, a tenor de los datos de la pandemia que siguen manteniendo a Granada como el punto negro del Covid-19 a nivel nacional, ha generado una polémica de la que se ha hecho eco este profesor granadino ante la posible falta de medidas para que se garantice la seguridad dentro, precisamente, de las aulas.

"Dado el riesgo inherente de tener parejas trabajando a corta distancia, pedí mamparas para que pudiesen trabajar con seguridad. Petición denegada. Hace meses pedí (y no sólo yo, también otros profesores) que nos duplicaran el número de sesiones de prácticas para poder cumplir con todos los alumnos, lo que requería más tiempo y personal. Petición denegada", expone Quirantes, que continúa explicando que, tras ello, preguntó "qué hacer en esas condiciones en las que sólo la mitad de los alumnos podían asistir a clases prácticas. Me dijeron: virtualice usted. Y eso hice. La mitad de las sesiones de prácticas serían presenciales, y la otra mitad una combinación de vídeos y datos simulados".

Ante la expansión del virus en noviembre, expone @elprofedefisica, se hizo dos preguntas a sí mismo: "¿Hasta qué punto vale la pena arriesgar la salud de los alumnos, y la mía propia, obligándoles a venir a unas prácticas presenciales en las que, como mucho, podrían hacer la mitad de las prácticas? ¿Tiene sentido hacerles venir una vez al día al laboratorio, cuando estamos al borde de un nuevo confinamiento?", lo cual propició que se pusiera en contacto con el resto de profesores de su departamento y tras valorar que sus prácticas no eran "insustituibles y no prorrogables (mis prácticas no son insustituibles, y mucho menos esenciales)", dice, trataron de pasar al escenario online.

Tras un par de semanas la "burocracia" hizo acto de presencia y ha sido, en cierto modo, llamado al orden para que sus prácticas sean, de nuevo, presenciales (o semipresenciales, como venía haciendo en octubre). "Mi Universidad entiende que el podrán ser presenciales en realidad significa deberán ser presenciales, y mantiene la tesis de que todas las prácticas, sin excepción, han de ser presenciales. Da igual que, como en mi caso, no podamos cumplir esa presencialidad al 100% por falta de horas; no importa que mi comunidad se haya acercado tanto como legalmente puede al confinamiento total; no importa que mi presidente autonómico haya pedido confinamiento domiciliario una y otra vez. Pase lo que pase, las prácticas presenciales deben continuarThe show must go on", manifiesta Quirantes, que ha sido citado el próximo lunes para abordar una situación que, según expone, le da "miedo".

"Me llegó un correo electrónico. Estoy citado el lunes por la mañana con un responsable universitario (no diré nombres, por supuesto) para 'hablar del tema', lo que significa volver al escenario de prácticas (semi)presenciales tal como dicta la orden de la Rectora. 'Nos vemos el lunes' es la frase final del correo. Los otros profesores de prácticas ya se han avenido a ello. Sólo quedo yo. Sinceramente, no sé qué hacer. (...) Si he aprendido algo en estos meses es que los altos mandos de mi Universidad están más preocupados por seguir el protocolo al pie de la letra que por ver las cosas con perspectiva y un par de dedos de frente. Los veo muy capaces de abrirme un expediente y acusarme de falta muy grave (abandono del servicio, incumplimiento de funciones, desobediencia a órdenes de su superior…). Si me aplican la legislación vigente, la sanción puede llegar a mi separación del servicio o a la suspensión de funciones por hasta seis años", prosigue el docente.

Y es que, ¿realmente debe o no mantenerse dadas las circunstancias actuales una actividad que los propios profesores universitarios han considerado, como así se expone, que no es esencial? "Os lo confieso: tengo miedo. Por primera vez desde el inicio de la pandemia tengo miedo. Puedo perder el trabajo que tan felizmente he hecho durante 29 años, el sustento y seguridad de toda mi familia. ¿Por qué? Por negarme a tomar una medida perjudicial para los intereses de 40 estudiantes que confían en mí para su educación", mantiene el docente.

La polémica está servida y el resultado de todo ello... El próximo lunes, ya sea porque se conozca finalmente la postura adoptada por Quirantes, porque la propia Universidad decida ser flexible o porque la Junta de Andalucía, que tiene las competencias en la materia, tome (más) cartas en el asunto.

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