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Granada

El acuífero de la Vega multiplica por 24 la capacidad de Canales y Quéntar

  • Emasagra y otras empresas del sector emprenden un estudio sobre las aguas subterráneas para conocer la realidad de un recurso "potente pero bastante desconocido" l Por ahora evita que haya restricciones

Junto a la puerta del pozo número cinco un letrero anuncia que es una instalación de emergencia. Lo era cuando se puso en marcha, en 1995. La sequía apretaba y se optó por perforar en la cabecera del acuífero de la Vega para inyectar agua a la red de abastecimiento. El director de producción de Emasagra, José María Ogando, explica que esa captación fue de las primeras que se realizaron por la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir para aprovechar los inmensos recursos hídricos que duermen bajo Granada.

El acuífero de la Vega, explica Ogando, llega hasta la A-92 y tiene 2.000 hectómetros cúbicos . La cifra puede no decir nada, pero es la que se obtendría si se multiplicase por 24 la capacidad de los pantanos de Canales y de Quéntar (70 y 13,5 hectómetros cúbicos, respectivamente), actualmente bajo mínimos.

En la Vega, junto a la Ronda Sur y el río Monachil, hay perforados 14 pozos. Diez están funcionando desde que la CHG recomendó desembalsar menos agua de los pantanos. El director de producción es rotundo: "Gracias al acuífero está garantizado el abastecimiento de agua". Extraña entonces que se diga desde la CHG y la Consejería de Medio Ambiente que Granada y su Área Metropolitana serán donde más se sienta la sequía. "Seguramente, cuando se dice eso sólo se tiene en cuenta el nivel de los pantanos, que realmente está muy bajo", explica.

Cada pozo cuenta con un cuadro de mandos que permite controlar todo el proceso de encendido, extracción y seguridad desde la Estación de Tratamiento de Agua Potable de la Lancha de Cenes. En cuanto se abre la puerta salta una alarma de intruso, que el jefe de captaciones de la empresa, Francisco Ávila, no tarda en apagar. La tubería, de 250 milímetros de diámetro, se hunde en la tierra hasta llegar a entre los 200 y los 230 metros de profundidad. Desde allí, una electrobomba situada a unos 125 metros de la superficie impulsa el agua desde el interior de la tierra y hace que remonte el desnivel hasta la ETAP, donde es tratada. La potencia necesaria para hacer que el agua remonte esa distancia es de 420 caballos. El año pasado, con menos pozos funcionando, la factura de la energía eléctrica de Emasagra reflejaba un consumo de 12 millones de kilowatios hora. Este año, puede subir a 20 millones con la puesta en marcha de la decena de instalaciones funcionando.

Cada pozo extrae un caudal medio de 100 litros por segundo, explican los técnicos de Emasagra. La empresa de abastecimiento no usa todos los pozos a no ser que el consumo lo haga necesario, algo que también se controla desde la Lancha de Cenes. Y cada pozo, a su vez, cuenta con un centro de transformación y una antena que envía la información constantemente a la central.

El agua se toma de la cabecera del acuífero, donde el líquido es más puro. "Es agua del deshielo de Sierra Nevada, de filtraciones de los ríos y de la lluvia", explica Ogando. La cantidad de agua que se extrae es recargada de forma natural con una media de 80 hectómetros cúbicos por año. Cifra que en los últimos años, ha disminuido.

Francisco Ávila argumenta después que la media de precipitaciones en Granada es de 500 litros por metro cuadrado. "En 2007, la cifra fue de 342 y en lo que va de este año, llevamos 150,2 litros por metro cuadrado. Y ya han pasado los meses de lluvia", se lamenta. Por tanto, el nivel de recarga de las aguas subterráneas ha descendido. Aunque el acuífero sea "muy potente", como lo define el jefe de captaciones de Emasagra, no es ilimitado. De hecho, la altura del agua cuando los pozos funcionan -nivel dinámico- ha bajado unos cinco metros. "Tiene que llover. Todos cogemos el agua de ahí y Granada cada vez tiene más población. El tiempo nos tiene que favorecer", explica. "Necesitamos lluvia", sentencia.

En la ETAP, el agua transparente de los pozos se mezcla con el caudal que procede de Canales. Allí se tratan, se decantan y se potabilizan para su posterior reparto a la red de suministro de agua. Primero, pasa por dos "depósitos de regulación" de gran capacidad. De ahí, el agua pasa a la red de tuberías desde donde llega a otros depósitos de donde se le sirve el agua al consumidor.

En caso de que la situación fuera a peor, la sequía se agravase y el nivel del acuífero bajase más, una opción que plantean los técnicos de la empresa es "reperforar" los pozos. O lo que es lo mismo, hacer que la tubería descendiese hasta los 400 metros de profundidad para coger el agua de allí.

Además, está en marcha un estudio para conocer un acuífero "que sabemos que es potente pero que es desconocido", señala Ávila. Emasagra y otras empresas especializadas están realizando ese estudio para tener un "conocimiento profundo" de las aguas subterráneas que se almacenan bajo Granada y conocer con exactitud qué tipo de problemas pueden surgir.

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