Vía Augusta
Alberto Grimaldi
Un mundo nuevo (y terrorífico)
El final del año que acabamos de despedir lo ha hecho calentito a vueltas con la guerra que amenaza declararse entre pensionistas y jóvenes. La periodista Analía Plaza acaba de echar gasolina al fuego con su ensayo La vida cañón: la historia de España a través de los boomers, donde retrata a la generación del baby boom como la primera que ha vivido mejor que sus padres y, a lo que parece, que sus hijos. Como si no tuviéramos problemas reales: peligro de una tercera guerra mundial, crisis climática, precariedad laboral, acceso a la vivienda. Mejor poner a abuelos contra nietos, porque todo el mundo sabe que 30 euros de pensión más o menos, es la causa estructural de las miserias de los jóvenes. El debate sobre pensiones es absolutamente legítimo, pero transformarlo en un campo de batalla generacional donde el objetivo real parezca ser culpar a tu abuelo por tener mejor jubilación que tú con tu primer contrato basura es, cuanto menos, algo miserable. La trampa está servida: “Es que mi sueldo es más bajo que tu pensión”, como si eso ocurriera en un universo paralelo y no en un mercado laboral que lleva años siendo precario. Y aquí entra ‘La vida cañón’: magnífico titular, divertida ironía de frase hecha, pero ¿de verdad queremos convertir en enemigo al abuelo que te daba galletas de pequeño? Sí, Analía pone el dedo en la llaga al mostrar cómo esa generación boomer supo beneficiarse de condiciones económicas especiales –vivienda más asequible, empleo más estable, oportunidades que las generaciones posteriores solo conocen por memes–, pero también advierte de que no se trata de desatar una “guerra de edades”, sino de reflexionar sobre desigualdades reales. El problema surge cuando nos distraemos con esta polémica absurda y no afrontamos el problema de fondo ¿Creéis que a los miles de jóvenes que no pueden emanciparse les va a ayudar que su abuelo tenga una pensión un poco menos cuantiosa? No. Lo que necesitan son políticas de empleo, vivienda asequible y un sistema de retribuciones digno. Al final, el verdadero enemigo no es el mayor disfrutando de una pensión que se ha ganado a lo largo de 40 años de cotizaciones, es permitir que esta discusión se quede en la guerra entre abuelos y nietos y no llegue a cuestionar las estructuras que generan esa desigualdad económica intergeneracional. Porque si seguimos culpando a los mayores por comparar su pensión con un salario de miseria, lo único que vamos a conseguir es que los fondos de inversión se descojonen desde sus despachos.
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