Oído al corte

11 de marzo 2026 - 03:08

Aveces me invitan a hablar de literatura o de mis libros en algún pueblo de Granada o de Jaén, que es el territorio donde se aposenta mi humilde fama de escritor. A todos sitios voy con el maletero del coche lleno de libros. A veces me veo como un vendedor ambulante de literatura y lo mismo que un melonero pregona su mercancía por las calles, yo pregono mis libros. En todos sitios suelo alabar el placer que puede suponer para el ánimo leer un libro, en donde podemos tener un fragmento de vida y aprender a ser libre. Y lo que me reconforta es que hay aún muchas personas que lo creen y que han encontrado en los textos impresos esa emoción silenciosa que les saca de la rutina de los días.

Pero no todo está ganado. Está claro que estamos inmersos en una recesión de la lectura. Vivimos en una época que yo llamo del ‘picoteo’. Las nuevas tecnologías permiten que cada vez leamos textos más cortos. Los lectores de pantallitas de móvil o tabletas solo se nutren de titulares. Un texto de quinientas palabras es mucho para ellos y la mayoría es incapaz de leer un artículo de opinión. Mucho menos un libro de cuatrocientas páginas. Y si el abandono de la lectura es algo que me desazona y me inquieta, más me inquieta aún el desprecio de nuestros gobernantes por la cultura. Faltan políticos que crean realmente que el progreso y la grandeza de un país o una ciudad se construyen por la fuerza que imprime la educación y la cultura. Políticos que hayan leído a Montaigne o a Unamuno y no quieran convertir sus pueblos y ciudades en lugares solo para turistas.

Esta semana es decisiva para saber nuestro futuro como Capital Europea de la Cultura en 2031. Antes tendremos que pasar el primer corte, en el que también hay ciudades españolas que lo piden. Ojalá salga Granada elegida y ojalá el evento no sirva solo para que los políticos se hagan las fotos de rigor. Ha llegado la hora de que Granada recupere ese sello de ciudad cultural que siempre ha tenido y que en los últimos años nos lo han arrebatado ciudades como Málaga y Sevilla. Ha llegado la hora de que esa cultura llegue a todos los rincones de la provincia y no se quede solo en la espuma que da el prestigio del logro. La cultura que necesitamos no solo debe servir para recordar lo que fuimos, sino para planear lo que seremos. Oído al corte.

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