Sanidad

“Estamos acostumbrados a las amenazas pero no esperaba que fuera a agredirme”

  • La del celador de Íllora fue la segunda agresión del día en el Centro de Salud

  • El recinto no cuenta con botón antipánico, una medida del SAS dentro del plan contra agresiones

Imagen exterior del Centro de Salud del municipio donde se han producido las agresiones. Imagen exterior del Centro de Salud del municipio donde se han producido las agresiones.

Imagen exterior del Centro de Salud del municipio donde se han producido las agresiones.

“Estoy algo tocado, desgraciadamente es algo que sucede a menudo”. De esta manera, a medio camino de la resignación comienza el relato el celador conductor que fue agredido el pasado día 11 en el servicio de Urgencias de Íllora, el segundo según explica la víctima, que tuvo lugar ese domingo. Mañana tendrá lugar una concentración en repulsa por las agresiones a sanitarios en la puerta del centro.

Ese mismo día tuvo lugar otra agresión, esta vez al médico de urgencias del centro y de carácter verbal. El primer ataque vino a raíz de que el paciente, que acudió con cortes en los dedos, pedía un determinado relajante muscular, usado normalmente por drogodependientes.

El sujeto comenzó exigiendo una ambulancia para regresar a Granada, pero su dolencia no justificaba ese traslado por lo que “empezó a insultar y amenazar” al médico que le atendía, explica el celador. Finalmente, se tranquilizó cuando el médico le dio las pastillas que requería y se marchó del ambulatorio.

Los sanitarios no formalizaron denuncia ante la Guardia Civil, explica, aunque el cuerpo armado sí actuó de oficio y denunció al sujeto por alteración del orden público.

El ataque físico sufrido por el celador conductor del centro tuvo lugar por la noche, en torno a las 1 de la madrugada, cuando una familia acudió a las Urgencias y empezó a tocar al timbre de la puerta que permanecía cerrada durante la noche por seguridad.

El ataque se desencadenó por la impaciencia del agresor que cuando entró hasta la sala de espera comenzó a insultar a la víctima e incluso a amenazarle tanto verbalmente como con el puño al decirle el agredido que iba a llamar a la Guardia Civil tras las primeras amenazas. “Comenzó a golpear las puertas” cuando finalmente el agresor se abalanzó contra el celador y le pegó un puñetazo en el pectoral izquierdo, relata la víctima.

“Estamos acostumbrados a las amenazas pero no esperaba que fuera a agredirme”, cuenta este hombre que según su relato no puede dormir por las noches por la preocupación y el miedo derivado de la agresión. “Estoy bastante afectado psicológicamente pero no voy a dejar de trabajar porque no quiero que aumente el miedo, por eso no he querido pedir una baja”.

“Ultimamente no sé qué le pasa a la gente, no respetan nada, y creen que tenemos que hacer lo que ellos quieren” como por ejemplo recetar ciertos medicamentos o atenderles con prioridad, dice la víctima que ya se ha resignado ante las agresiones verbales que “cada día van a más y más”.

El centro de salud no cuenta aún con el llamado botón antipánico, solamente con cámaras de seguridad. Esta herramienta, que el SAS implantó dentro del Plan de Prevención y Atención de Agresiones, es un sistema que permite a los profesionales lanzar desde su ordenador un mensaje de alerta al resto de terminales del centro sanitario. 

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