Salud

Chemsex. Sexo, drogas... y prevención

  • En Granada lo practican el 15% de los pacientes con VIH

  • Es la segunda provincia andaluza con más ETS

Imagen de la guía de prevención de slamming financiada por el Ministerio de Sanidad. Imagen de la guía de prevención de slamming  financiada por el Ministerio de Sanidad.

Imagen de la guía de prevención de slamming financiada por el Ministerio de Sanidad.

Las drogas y el sexo. Un binomio histórico que encuentra su unión en la necesidad de búsqueda de sensaciones, algo que ambos ofrecen. En este caso, las drogas no se consumen con el objeto exclusivo de amplificar emociones si no para que las relaciones sexuales puedan duras más tiempo. Días incluso.

Hablamos de chemsex y slamming, dos prácticas que combinan estupefacientes y largas jornadas de sexo entre un grupo de personas. Una experiencia que dadas sus características ya empieza a suponer un problema para la salud pública, aunque en España aún no está tan extendido como en otros puntos de Europa.

Fernando Lozano, director del Plan Andaluz frente al VIH y otras ITS (Infecciones de transmisión sexual) explica que el chemsex (de chemistry sex, en inglés) es el uso de determinadas drogas –no las habituales como la heroína o la cocaína– como mecedronas, GHB, éxtasis, metaanfetamina o ketamina con el objetivo de potenciar las relaciones sexuales.

En Madrid, explica Lozano, según un estudio publicado hace unas semanas, “el 30% de los HSH madrileños practican chemsex, casi una tercera parte, por otro lado, slam sex solo lo practican un 5%. Es un cifra importante”.

La cifra total de Granada aún no se conoce, aunque sí están surgiendo los primeros estudios sobre el tema. Relata Lozano que un reciente estudio presentado por el director de enfermedades infecciosas del Virgen de las Nieves, Miguel Ángel López Ruz, alertaba de que el 15% los pacientes VHI positivo practicaban de alguna manera chem sex.

Normalmente la droga se usa por vía oral, tanto en líquido como en pastillas y cuando se usan por vía intravenosa dicha práctica pasa a denominarse slamming o slam sex. Naturalmente cuando la droga entra vía intravenosa es mucho más peligroso porque aparte del efecto de las drogas “lleva implícito también otros riesgos como la asepsia en las jeringuillas”, como pasaba anteriormente con la heroína.

El slamming puede tener también “otras complicaciones como las infecciones vasculares o endocarditis, además el efecto de las drogas es mucho más intenso por esta vía que cuando se consumen por la boca”.

Lozano explica que la gran mayoría de personas que practican chemsex son hombres que tienen que tienen sexo con hombres (HSH) y también se suele emplear bastante la vía rectal para el uso de la droga, que además amplifica la asimilación.

Ahora mismo en España es un fenómeno emergente, por lo que su abordaje a nivel informativo y preventivo se está intensificando tanto por parte de ONG y asociaciones contra el sida como por parte de las instituciones sanitarias. “Por sus características, de población, consumo y modo de practicar es un nuevo concepto susceptible de generar problemas para la salud pública”, continúa.

En algunas zonas de Europa esta práctica está implantada desde hace años. En Londres hace unos cinco años fue el primer lugar donde se advirtió que su práctica crecía significativamente. En cuanto a España, “fue en Barcelona, Madrid y la Costa del Sol donde según los expertos la práctica es mayor.

Si el sexo se practica de manera segura no tienen por qué ocurrir nada, aún si se es portador del VIH. Pero, su peligrosidad, argumenta el médico, es tal por las características de esta experiencia. Cuando una persona practica chem sex, normalmente las sesiones, también llamadas fiestas, suelen durar todo un fin de semana, hasta 72 horas.

“Estas drogas se mezclan con potenciadores vasodilatadores como por ejemplo Viagra y alcohol. Esto hace que se pierda parte la consciencia y llegan a no saber con quién han tenido relaciones sexuales porque las drogas disminuyen la función cognitiva, eso facilita que se tenga menos cuidado y que se usen menos preservativos”. Por eso, “el riesgo de contraer una enfermedad de transmisión sexual aumenta considerablemente en la gente que practica chemsex”.

De hecho, Granada es la segunda provincia andaluza con una tasa de incidencia más alta de ITS, después de Sevilla, comenta Fernando Lozano.

Sobre el repunte de los datos de personas afectadas por ETS, Lozano aparta la sombra del mito del sida. “Es cierto que es un riesgo que existe pero la inmensa mayoría de las personas que tienen diagnosticado el VHI están en tratamiento antirretroviral” (el 98% en Andalucía de los que saben que tienen sida) por lo que la “carga viral es indetectable así que es muy poco probable que se pueda contagiar a otros”. Mucho más probable es, subraya, la transmisión de otras ETS como la sífilis, la gonocofia, clamidea o el herpes.

En cuanto a acciones específicas por parte de la sanidad pública, a nivel nacional y en colaboración con varias ONG, el ministerio de sanidad ha editado una guía para quienes practiquen slamming. Se trata sobre todo de enseñar dentro de la prevención a cómo usar la droga (dosis y efectos), los instrumentos y a actuar en caso de una sobredosis o problemas mentales.

En Andalucía, se empieza ahora mismo a actuar, mantiene Lozano, que especifica que hasta hace muy poco ni si quiera se tenía bien localizado ni se tenía en cuenta el fenómeno como sucede en Madrid o Barcelona.

“Naturalmente ahora mismo se tienen que plantear estrategias ya que ahora en Andalucía está en sus inicios”. Estas medidas estarán enfocadas a la información para la prevención de contagios y malos usos, dice.

Éstas se llevarían a cabo, cuenta Lozano, usando las mismas técnicas de contacto que utilizan quienes practican chem sex: a través de apps para conocer gente, redes y dispositivos de geolocalización para mantener encuentros sexuales. “Ahí es donde tenemos que meter la información”.

En otro lugar aparecería el apartado médico, dedicada a la disminución de riesgos, que consistiría en ofrecer ayuda a todos los que practican chemsex para disminuir el riesgo de potenciales complicaciones y sobre dar un mensaje muy muy claro: “aumenta el riesgo de transmisión sexual”.

También asegura Lozano que es necesario sensibilizar a los profesionales, sobre todo en la Atención Primaria. Esto pasaría por ofrecer formación para que se indague, se informe y se ayude a las personas que acudan a consulta y puedan ser usuarios de estas prácticas.

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