Así se desaloja a un pueblo: las horas más difíciles de Dúdar

Trabajadores y voluntarios de Cruz Roja relatan la angustiosa madrugada del jueves, cuando se tuvo que evacuar con urgencia a los 150 vecinos del pueblo

Dúdar cabe en un hotel: una guardería, una farmacia, mascotas y los nervios de un desalojo que nunca van a olvidar

Momento de la evacuación del jueves en Dúdar / G. H .

En la medianoche del miércoles al jueves muchos teléfonos volvieron a sonar a la vez. Como en todo el día anterior. Pero aquellas llamadas tenían un objetivo poco habitual: había que llegar a Dúdar y convencer a los vecinos de que tenían que irse de sus casas. Todos, sin excepción. Las autoridades tenían que evacuar el pueblo porque el pantano de Quéntar no daba abasto y tenía que abrir compuertas para evacuar agua, mucha agua. Eso ya era un problema de por sí, pero había otro. La carretera principal llevaba, y aún lleva, días cortada y la única manera de llegar era dando una vuelta por Beas de Granada, a través del Collado del Fraile, una carretera que de toda la vida había sido un camino agrícola, pero que se asfaltó de aquella manera hace unos años. Y ya no solo eso: la carretera estaba plagada de terreras, de derrumbes porque la tierra ya no podía beber más agua. Había que abrirse camino en la oscuridad, alumbrando solo con los faros de los coches.

Junta y Diputación, coordinados con efectivos de la Unidad Militar de Emergencias, Cruz Roja, Bomberos del Ayuntamiento de Granada y del consorcio provincial, emprendieron la expedición. Habían quedado en Huétor Santillán. Al llegar a Beas se incorporó una excavadora, que como una quitanieves, abría camino entre el barro. “Tardamos más de una hora en llegar”, cuenta uno de los trabajadores de la Diputación que viajaba hasta Dúdar, que aún recuerda la impresión de llegar al pueblo y “ver a todos los vecinos en la parte alta, que lo llaman las escuelas. Emocionalmente fue duro ver asustada a la gente, sobre todo la mayor”, añade.

El Ayuntamiento había juntado a los más de cien vecinos en las aulas. Se les explicó que lo más idóneo era irse, y aunque apenas una veintena se quedó, todos aceptaron. La comitiva superó la veintena de vehículos. “Y en mitad de montarlos en los coches, se fue la luz”, recuerda este trabajador de la Diputación. A las 3:21 minutos ya estaba casi todo Dúdar en marcha. Destino: Gran Hotel Luna, en la capital. Una llamada a su dueña, Concha de Luna, bastó para poner las habitaciones necesarias a disposición de la emergencia. Como ya sucedió en la pandemia para aislar a sanitarios. A las cinco de la mañana ya estaban todos alojados.

Voluntarios de Cruz Roja Juventud entretuvieron a los niños de Dúdar / Álvaro Barbero / PicWild

El trabajo ni mucho menos había terminado. Los voluntarios de Cruz Roja, coordinados por Andrés Silaghi, no pararon en ningún momento. De hecho, llevaban horas movilizados hasta una veintena de ellos: sanitarios, dos psicólogos, logística... “A nosotros nos dieron primero el aviso para montar un albergue para 150 personas”, recuerda. Pero durante el trayecto algo cambió: Junta y Diputación habían ordenado la evacuación. Ahí fueron clave los psicólogos, que “ayudaron a hacer esa comunicación porque había mucha incertidumbre. Imagínate 150 personas sin saber muy bien qué pasa y por qué”.

Aun así, Cruz Roja montó el albergue previsto para la treintena de vecinos que decidió quedarse, y a los que se les brindaba bebida caliente, comida, cama, mantas, y servicio de carga para los móviles. “Durmió muy poca gente”, recuerda Silaghi, que añade que “dentro de la incertidumbre estos equipos son capaces de crear ese espacio, ese pequeño orden dentro del caos. Creo que hicieron de aquella noche algo agradable”.

“Lo más complicado fue traerse a las personas mayores. Afortunadamente había una ambulancia que pudo hacer un traslado de una persona mayor que estaba en silla de ruedas”, cuenta Silaghi. Furgonetas de bomberos, vehículos de la Guardia Civil, coches particulares. Una caravana por la vida de todo un pueblo.

Quienes ayudaron a los dudareños no son unos cualquiera. Los voluntarios que evacuaron Dúdar ya tuvieron un papel activo en la DANA de Valencia. Tenían fango en las botas: “Cada año la unidad de emergencias prepara simulacros de todo tipo que te ponen en situación y que te ayudan a cuando llega la realidad saber cómo actuar. Esa es una de las claves. La mayoría son todos grandes expertos”.

Equipo de Cruz Roja, en el Hotel Luna / Álvaro Barbero / PicWild

En el hotel los chalecos rojos de la organización no dejaron de atender a los vecinos. Una vez se registraban en el hotel, una voluntaria recogía sus necesidades en un ordenador. La mayor preocupación era aquellos que necesitaban medicación y que al salir de sus casas no pudieron cogerla. Un equipo médico y una ambulancia aguardaban alguna emergencia. Pero todas las necesidades médicas las tenían cubiertas. “Colaboramos con el 061 también, con los médicos de guardia, para que cada uno añadiera su tarjeta sanitaria o con su DNI, la documentación que tenga para identificarse, para que pudieran ir a la farmacia a sacar su medicación”, detalla Silaghi.

Tres psicólogos y tres ayudantes sociales atienden a los vecinos ya fuera de sus casas, que es “cuando se dan cuenta de lo que realmente están viviendo, es lo más difícil”. “Intentamos un poco ya, dentro de esta emergencia, calmar esas situaciones”, completa.

Un equipo de Cruz Roja Juventud se unió también al apoyo principal de la organización. Su labor atender a los siete menores que estaban viviendo algo que no sabían muy bien comprender cuando lo que quieren es jugar. Pero también “para dar un poquito de tranquilidad a los padres”.

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