Dúdar cabe en un hotel: una guardería, una farmacia, mascotas y los nervios de un desalojo que nunca van a olvidar

La práctica totalidad de los vecinos del pueblo a la orilla del Aguas Blancas aguardan el futuro de la crecida del río tras una larga noche de evacuación y traslados

Algunos se quejan de que el desembalse de Quéntar debió llevarse a cabo con más semanas de antelación y otros achacan el problema a "falta de limpieza" en el río

Así ha sido el desalojo de 120 vecinos de la localidad de Dúdar por el desembalse de emergencia de la presa de Quéntar

Llegada de los últimos vecinos desalojados en Dúdar
Llegada de los últimos vecinos desalojados en Dúdar / Álvaro Barbero / PicWild

"Qué alegría de veros". Beatriz Chirosa, concejal del Ayuntamiento de Dúdar, con su plumón rosado y sus zapatillas de deporte, se acercaba y acariciaba la cara de José y Álex, dos de los últimos vecinos que quedaban por ser evacuados del pueblo. Son conocidos porque la familia regenta el Restaurante El Trébol, conocido en toda Granada por sus cachopos, pero que impregna de olor a brasa todo el valle del Aguas Blancas. Ambos habían decidido quedarse en el pueblo junto a toda su familia, de catorce miembros. Uno de ellos señala al frente. Sentada en silla de ruedas, aparentemente dormida, su abuela, de 82 años. Más adelante, su abuelo, de 92. "Decidimos quedarnos por ellos, por su tranquilidad, pero esta mañana han venido para decirnos que había que evacuar", relata. Alrededor, cerca de una treintena de vecinos acababan de llegar escoltados por la Guardia Civil al Hotel Luna, su hogar los próximos días hasta que baje el nivel de la riada.

Los 160 habitantes que han tenido que ser desalojados de la localidad de Dúdar a consecuencia de la crecida del río Aguas Blancas debido al desembalse de emergencia del pantano de Quéntar viven las primeras horas con una mezcla de sentimientos encontrados. Por un lado, están tranquilos porque saben que su vida ya no corre peligro, pero por otro temen que el agua haya podido llegar a sus casas o causar importantes destrozos. Los nervios y la inquietud predominan entre la gente, que se organiza por si algún vecino necesita algo, ya que tuvieron que salir con prisa y con lo puesto.

La guardería

Ya a primera hora de la mañana de este jueves, los vecinos, que no han pegado ojo durante toda la noche, salían del hotel para ir a desayunar a las diferentes cafeterías de la zona. En la recepción del hotel se mezclaban los clientes del establecimiento, algunos en los sofás vestidos de traje trabajando con su ordenador portátil, con los vecinos, algunos aún con los pantalones llenos de barro. En una esquina donde hay moqueta, al pie de una escalinata, Ignacio ha montado una guardería improvisada. "Los pobres, igual que los mayores, llevan toda la noche y hay que entretenerlos de alguna manera", relata mientras no le quita ojo a su sobrino. En el suelo, juguetes desperdigados pero la estrella es una pequeña pelota de fútbol. Siempre el fútbol. "Teníamos que llevarnos algo para los chiquillos porque no sabemos los días que vamos a estar fuera", añade. En ese momento llega un amigo y le muestra un vídeo del pueblo. La riada ha roto un muro y el agua se ha ido a las huertas, lo que da un respiro a Dúdar. "Menos mal", dice.

Cerca está Beatriz Chirosa, la concejal, dando vueltas y sin parar de preguntarle a los vecinos cómo están. Se la ve cansada. Relata que a las 3:00 horas llegaron las máquinas de la UME, Infoca y los medios de Diputación y Junta para desalojar. "Nos fuimos todos los que pudimos y con las máquinas fueron abriendo camino, porque había deslizamientos de tierra en la carretera hacia Beas", ha recordado. "A las 19:30 horas del miércoles nos empezaron a decir que desalojásemos, sobre todo las partes bajas del pueblo, porque iban a tener que abrir las compuertas del pantano. Entonces nos fuimos al colegio, a la parte alta. Fue todo muy rápido, los que teníamos coches fuimos subiendo a la gente mayor, y todos acabamos en las escuelas a la espera de ver si nos desalojaban. Los dos caminos estaban cortados, uno por el agua y el otro por los desprendimientos", ha descrito Chirosa.

Así ha sido el desalojo de 120 vecinos de la localidad de Dúdar por el desembalse de emergencia de la presa de Quéntar / Diputación

La niña que desapareció

A media mañana, un coche patrulla de la Guardia Civil arriba a los bajos del hotel. Tras él, una ambulancia de Cruz Roja y siete vehículos privados con los vecinos que quedaban en el pueblo. Niños con sus perros amarrados, adultos con caras de haber dormido poco, jóvenes con gesto de resignación. Algunos se bajan y empiezan a dar abrazos. Se saltaban las lágrimas hasta en quienes pensaban ser fuertes. Sergio García se acerca al agente que encabezaba la comitiva. Tiene al teléfono a Juanjo, un concejal que está hablando de un socavón en la carretera, cerca del puente que sube a la urbanización Aguas Blancas, donde hay cerca de un centenar de vecinos aislados. El agente escucha y pide la ubicación. Hay tensión en la voz del edil al otro lado de la línea. Hay que comunicarlo al mando.

García cuelga con ese trabajo hecho, pero queda más. De hecho, se recuerda a las ocho de la mañana del miércoles ayudando a desalojar viviendas y ayudando a los vecinos de los cortijos. "Era un desastre. Las terreras eran de 3 o 4 metros cortando la carretera, el agua entrando en las casas a la entrada del pueblo... Estábamos quitando el barro rápido con la maquinaria del ayuntamiento, yo con el dúmper, pero tenías que tener cuidado porque se te venía encima. A mi me pilló una terrera y me tuve que proteger, y salir de allí pitando", cuenta aún angustiado. Aunque el peor momento fue cuando se perdió una niña de cinco años. "Por lo que se ve la chiquilla se despistó y la encontró un vecino cerca del río, que se había ido al puente del Aguas Blancas", relata aún con angustia.

Cruz Roja les suministrará los medicamentos que necesiten a los desalojados
Cruz Roja les suministrará los medicamentos que necesiten a los desalojados / Álvaro Barbero / PicWild

"Con la UME no nos iba a pasar nada"

Voluntarios de Cruz Roja toman nota de las necesidades de los vecinos. Muchos necesitan medicación y anoche se fueron sin cogerla. Una chica toma nota y registra a todos y cada uno de los dudareños que están alojados en el hotel para que puedan ir a la farmacia. El trasiego de bandejas con blísters y viales es continuo. En la recepción no dan abasto. Una de las trabajadoras se toma unos minutos para salir a tomar el aire. Muchos vecinos dan vueltas en la sala de estar, otros en un ala de la cafetería que se les ha habilitado para pasar el rato. Otros tantos, pese a la lluvia, sacan a pasear sus mascotas. "Está acostumbrada al campo y a estar al aire libre, está muy nerviosa", dice una señora sujetando a su perra.

"La UME nos dijo que hoy estamos aquí ayudando a este pueblo, y que evacuar era la opción más viable, porque mañana no sabremos si vamos a poder venir", cuenta Óscar Caños, que vive a apenas cuatro metros del río. "Por la tarde ya nos avisaron de que desalojáramos, pero cuando vieron que iban a abrir las compuertas, nos reunieron en la escuela, que está en la parte alta. No nos quedaba otra que irnos", añade a su relato. Fue su hijo pequeño lo que le hizo dar el paso para irse del pueblo, en que el vive hace apenas tres años. También por la presencia de la UME. "Me siento seguro con ellos y que con ellos no nos iba a pasar nada, por eso les hice caso", concluye. En su mente, los niños del pueblo jugando en la escuela mientras los mayores vivían la tensión del momento. "Ellos, por suerte, no lo notan", sentencia.

Vecinos desalojados pendientes del teléfono móvil a las afueras del hotel
Vecinos desalojados pendientes del teléfono móvil a las afueras del hotel / Álvaro Barbero / PicWild

Quejas y explicaciones

Eduardo Cebrián, otro vecino evacuado, relata también los nervios con los que se vivieron las situaciones. "Decían que el agua llegaría a la plaza del pueblo, cosa que creemos que es casi imposible que pueda pasar, es como si soltaran medio embalse de golpe. Pero la vida es lo primero y por eso colaboramos todos para subir a las escuelas lo primero y luego para salir. Se tuvieron que quedar gente con silla de ruedas en las escuelas porque no se organizó bien, eso está mal hecho", ha criticado.

"Yo personalmente creo que esto ha sido provocado por no limpiar el cauce del río. Llevamos años diciéndoselo a Medio Ambiente, y nos contestaban que no se podía limpiar. Y ahora cuando ha venido tanta agua junta ha saltado el cauce del río y se ha metido por toda la zona de las umbrías. El puente tiene 6-7 metros de altura, y ha estado a medio metro de llevárselo, pero por culpa de todo lo que ha arrastrado el agua", ha comentado el vecino.

Tanto él como muchos vecinos pedían explicaciones. Y se quejan. Jesús no vive en Dúdar pero sí su familia, que está "bien, dentro de lo que cabe". No está de acuerdo con cómo se ha gestionado el desembalse de la presa de Quéntar. "Tenía que haber empezado mucho antes", cuenta este testigo, que días antes advirtió que la presa estaba a rebosar: "Si te quedan 20 centímetros para llegar al 100% de capacidad y entra una borrasca, no se puede contener el agua ahí, es inviable. Da igual que abrieran los desagües de fondo, el río iba ya cargado. Ya con eso se había desbordado", relata con amargura. "No es suficiente. Habría que haberse desembalsado mucho antes para no tener que haber llegado a abrir compuertas. Ahora no se puede hacer nada, es un desastre", lamenta.

Vecinos de Dúdar en el interior del hotel con lo poco que han podido llevarse
Vecinos de Dúdar en el interior del hotel con lo poco que han podido llevarse / Álvaro Barbero / PicWild
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