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Emilio Herrera, el granadino que discutió con Einstein la teoría de la relatividad
El ADN de Granada
Científico muy reconocido a nivel mundial por sus investigaciones en la aerodinámica, en España fue totalmente olvidado después de la Guerra Civil
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En 1923 vino Albert Einstein a España a participar en un congreso en el que también participaba el granadino Emilio Herrera, una de las figuras científicas más brillantes del país en aquel momento. Ambos habían oído hablar el uno del otro, pero no se conocían personalmente. Einstein ya había publicado su famosa teoría de la relatividad y al científico granadino le interesaba saber cómo se podía aplicar dicha teoría a sus investigaciones sobre la atmósfera y el vuelo a gran altitud. También Einstein estaba interesado en este campo. El encuentro entre ambos duró varias horas y parece ser que, después de una fructífera discusión, ambos decidieron admirarse mutuamente. Aquella amistad la cultivaron durante varios años alimentada por las misivas que se enviaban. “¿En qué estás ahora, Albert?” “En nada serio, Emilio, yo ya he inventado todo lo que tenía que inventar”. Y cosas así.
En estos últimos años Granada se ha esforzado en recuperar la memoria de Emilio Herrera, uno de sus hijos que más prestigio científico tuvo en el mundo en el primer tercio del siglo pasado. Hasta la Guerra Civil, no se podía hablar de aerodinámica o aeronáutica sin que saliera el nombre del granadino. Después fue cubierto por un manto de silencio. Cuando llegó la democracia los granadinos empezaron a reconocer la valía de su paisano, sobre todo cuando llegó a divulgarse que este científico había diseñado el primer traje espacial, precursor de los que hoy se ponen los astronautas, y que había sido un ingeniero visionario de las máquinas pesadas que se sostenían en el aire. De hecho, muchos historiadores de la ciencia consideran ya a Herrera como uno de los científicos españoles que mejor entendió, en su tiempo, el alcance de las nuevas teorías físicas europeas. El olvido ha sido reparado en parte sobre todo por los estudios sobre su persona y su trayectoria profesional que han hecho su tocayo Emilio Atienza, doctor en historia, y Juan Gerardo Muros, ingeniero aeronáutico y presidente de una asociación que lleva el nombre del científico granadino (ACEHL). Hoy podemos decir que Emilio Herrera, que ya tiene estatua en la Avenida de Fuentenueva, forma parte del ADN de Granada.
Biografía
Emilio Herrera, que era descendiente de Juan Herrera, uno de los arquitectos de El Escorial, nació en la calle San Isidro, muy cerca de San Antón. Su padre, Emilio Herrera Ojeda, era militar de profesión y su madre, Rita Linares Salanava, fue una pintora con cierto reconocimiento en el mundo artístico, a pesar de lo mal que lo tenían las mujeres creativas en aquel tiempo. Emilio Herrera Linares heredó de su padre su pasión por la ciencia y de su madre su entusiasmo por el diseño y el dibujo.
Durante su adolescencia devoró las novelas de Julio Verne. Herrera pasó pocos años en Granada, hasta que cumplió la edad de ingresar en la Academia de Ingeniería Militar de Guadalajara. A los 22 años ya era teniente y poco más tarde fue uno de los primeros pilotos militares en tener licencia para poder navegar en globos aerostáticos, dirigibles y aviones. Le encantaba estar en el aire. En 1911 participó en Granada en el III Congreso de la Asociación para el Progreso de las Ciencias con una ponencia sobre lo que había observado durante sus vuelos en globo. Y en 1914 cruzó en aeroplano el estrecho de Gibraltar con su amigo Ortiz Echagüe. En ese tiempo empezó a ser más científico que militar y por sus investigaciones aeronáuticas en el laboratorio de Cuatro Vientos pronto sería reconocido a nivel mundial.
En ese laboratorio colaboró con Juan de la Cierva en el diseño del autogiro, el precursor del helicóptero moderno. Y en ese laboratorio creó el traje presurizado con escafandra que serviría para que años después los ingenieros americanos diseñaran los trajes espaciales de los astronautas. Pero llegó la guerra y desbarató todos sus proyectos, que eran muchos. Una de sus ideas más ambiciosas era llevar a cabo un vuelo estratosférico, realizando una ascensión en globo a 26.000 metros de altura.
Como general que era, participó en la contienda fiel al Gobierno de la República. Y al terminar el conflicto bélico se tuvo que exiliar a Francia con su familia si no quería acabar fusilado. En el exilio lo pasó realmente mal. Sufrió graves dificultades económicas. Sus biógrafos dicen que el régimen franquista le ofreció regresar a España, por la que sentía una gran nostalgia, si aceptaba ciertas condiciones y colaboraciones. Herrera se negó. Prefería seguir en el destierro antes que legitimar un régimen que consideraba ilegítimo. Sí aceptó ser nombrado presidente de la República en el exilio, pero era más que nada una figura simbólica. Dicen también sus biógrafos que fue una persona muy íntegra, que nunca se presentó como víctima ni dio muestras de resentimiento. Sus temas de conversación preferidos eran la ciencia y la aviación.
Fallecimiento
Falleció en 1967 sin haber podido regresar a España y sin haber visto a los astronautas americanos pisar la luna. Tenía 88 años. Sus logros nunca fueron reconocidos por su país de origen, pero sí se ganaron el reconocimiento internacional. Un ayudante suyo, Antonio García Borrajo, reveló que los norteamericanos habían ofrecido a Herrera colaborar en el programa espacial, pero este lo rechazó porque no le permitieron que la bandera española ondease en la luna. También las hemerotecas recogen el día en que el primer hombre que pisó la luna, Neil Armstrong, trajo una roca de allí que entregó a otro de los colaboradores de Herrera en agradecimiento póstumo a sus investigaciones.
Sus restos mortales fueron enterrados en Ginebra, hasta que en 1993 el Ayuntamiento de Granada, gobernado por el socialista Jesús Quero, decidió que dichos restos debían estar en la ciudad en la que había nacido. Al acto de la inhumación en el cementerio de San José vino el presidente de la República de Portugal, el socialista Mario Soares, que quería estar presente. El Ayuntamiento lo nombró también hijo predilecto.
Para muchos investigadores, el reconocimiento llegó tarde y aún no es tan amplio como debería. Sin embargo, hoy su figura ya aparece en libros, documentales y exposiciones como uno de los científicos españoles más notables del siglo XX. Muchos granadinos que están al día de lo que pasa en su ciudad, ya saben quién fue su paisano Emilio Herrera. Eso es lo importante.
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