"Le vi golpeando con la barra a mi marido brutalmente en la cabeza"
La viuda del dueño del camping de Almuñécar asesinado en 2010 por un ex empleado que vivía en su finca declara entre sollozos que le tenían "pánico" por sus "amenazas"
Carmen Jiménez de la Cruz no pudo dejar ayer de llorar durante su declaración en el juicio con jurado que se está celebrando en la Audiencia de Granada contra Gunter Volknar, el hombre que mató el 1 de octubre de 2010 a su marido. La mujer presenció desde su casa el crimen y describió ante el tribunal cómo el procesado, un ex empleado del camping que tiempo atrás el matrimonio había regentado en Almuñécar, golpeó "brutalmente" a su esposo con una barra de hierro.
La viuda tuvo que revivir, ante la fría actitud del verdugo de su esposo, la dantesca escena que marcó su vida para siempre aquella tarde de otoño. No obstante, para evitar que tuviese que declarar cerca de él, la magistrada presidenta autorizó que el acusado se sentase en el banco de los letrados durante la intervención de Carmen, que evitó a toda costa cruzar la mirada con el procesado mientras permaneció en la sala, dirigiendo sus ojos en todo momento a los miembros del jurado.
Su testimonio, una de las principales pruebas de cargo que existen contra el acusado, fue desgarrador. Explicó, llena de dolor y lágrimas, cómo presenció la agresión mortal desde su domicilio, una vivienda tipo loft situada debajo del jardín donde estaba la autocaravana propiedad del matrimonio en la que Gunter se había instalado y de la que se negaba a marcharse pese a los continuos requerimientos de la pareja.
"Henri estaba bocabajo, con la cabeza sangrando y él estaba detrás dándole", detalló desconsolada la viuda, al tiempo que confesó que el miedo le impidió salir, pues Gunter, después de asestar a su marido varios golpes en la cabeza -de los que vio al menos cuatro-, le mostró a ella también el arma homicida con gesto amenazante. "Venía con la barra hacia mí", aseguró la mujer, que "temblando" llamó enseguida a la Guardia Civil, pues tenía su número guardado en el móvil. "Ustedes no saben cómo gritaba mi marido y (a Gunter) no lo paraba nadie", añadió.
Carmen no vio que su esposo llevara ninguna pala en la mano y dijo desconocer cómo llegó la barra al lado de la caravana, ya que había sido apilada con otros restos de materiales de obra al final del jardín. "Gunter tuvo que ir a buscarla, lógicamente", consideró la mujer, que ejerce la acusación particular en la causa, representada por el letrado Francisco José Mellado, y solicita que el acusado sea condenado a 20 años de prisión por un delito de asesinato.
Su marido, Henri De Greef, tenía 86 años. Era muy mayor, "pero estaba muy bien de salud" cuando el procesado, de 61, le arrebató la vida tras pedirle aquél una vez más que se marchase de su caravana, en la que tiempo atrás le habían dejado vivir porque carecía de recursos y no tenía donde ir tras el cierre del camping. "No éramos personas inhumanas con él; cuando nos pedía ayuda se la dábamos", dijo. Gunter, a cambio, les pagaba con fiestas nocturnas, a las que llevaba "prostitutas y gentuza", así como con "amenazas". "Teníamos pánico a decirle que se fuera", confesó la mujer.
En la primera sesión del juicio, celebrada el lunes, el acusado reconoció ser el autor del crimen, aunque aseguró que "nunca" tuvo intención de hacer daño a la víctima. Ese día la emprendió a golpes con él "de forma automatizada" porque, según su defensa, fue presa de un arrebato momentáneo. La abogada de Gunter, que inicialmente había calificado los hechos como asesinato anunció que iba a tratar ahora de probar que fue un homicidio.
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