• Muchos granadinos aprendimos a conducir carritos de la compra en Hipergranada, que se construyó en 1979 de manera ilegal y sin licencia municipal

  • La conversión del Rey Chico en un restaurante dividió a la opinión pública entre los que querían derribarlo y los que querían cambiarlo de uso: 700 millones nos costó a los contribuyentes

Historias de Granada | Obras ilegales y otras polémicas Mi licenciatura en 'Ciencias Polémicas'

Manifestación a favor del Híper Manifestación a favor del Híper

Manifestación a favor del Híper

Juan Ortiz

A los granadinos nos gusta más una polémica que rascarnos un sabañón. En los últimos 40 años las hemos tenido a porrillo. Con la llegada de los socialistas al Ayuntamiento de Granada hubo varias y muy importantes. Se dieron tantas refriegas políticas y ciudadanas en aquellos tiempos que alguien comparó a Granada con el rasca de la Once, que frotas y te sale una polémica. Algunas de ellas provocadas por decisiones políticas y otras por actuaciones o actividades en las que la ciudad se dividió entre los que pensaban de una forma y los que pensaban la contraria.

Los granadinos hemos discutidos en los bares y en los periódicos por muchos temas, pero en dos rompimos el molde: el de la construcción de la Circunvalación, que contaré en otro momento, y la del Hipergranada, que contaré en este capítulo. También recuerdo la que se lio cuando un grupo de ultraderechistas que enarbolaba una cruz y diversos objetos contundentes intentaron impedir la actuación en Granada de Els Comediants, que había congregado a unas 5.000 personas, para presenciar su espectáculo Demonis, en los alrededores del monumental arco de Puerta Elvira. Eso fue en mayo de 1984.

Manuel Gómez y Virgilio Sánchez se chocan la mano ante el nuevo Rey Chico Manuel Gómez y Virgilio Sánchez se chocan la mano ante el nuevo Rey Chico

Manuel Gómez y Virgilio Sánchez se chocan la mano ante el nuevo Rey Chico / Juan Ortiz

¿Y se acuerdan ustedes de la polémica que se originó con el edificio del Rey Chico en tiempos de Jesús Quero? Un empresario granadino, Virgilio Sánchez, compró la primitiva sala de fiestas a su antiguo dueño, Manuel Gómez, y la convirtió en un restaurante y en local para acontecimientos sociales. Pero nunca se utilizó como tal porque su cercanía a la Alhambra desató una polémica en la ciudad por quienes pensaron que esa situación deformaba la perspectiva que se tenía del monumento nazarí desde el vecino Albaicín.

La presión popular pudo con las autoridades y al final hubo que pagarle al empresario, que tenía todos los papeles en regla para su construcción, casi 700 millones de pesetas. Un pastón que tuvimos que pagar los contribuyentes. Había quien era partidario de derribarlo y había quien creía que había que cambiarlo de uso. Hoy es un centro cultural.

¿Y qué me dicen del debate sobre el caballo con el jinete que hay encima de la portada de la Casa Consistorial de Granada? Fue encargada al artista Pérez Villalta -su ejecución estuvo a cargo del escultor Ramiro Megías- con motivo de la celebración de los 500 años del Ayuntamiento de Granada. Hubo hasta manifestaciones de colectivos y políticos que pedían que no se instalara por antiestética y por el gasto que suponía su ejecución.

Boceto de Pérez Villalta del caballo del Ayuntamiento Boceto de Pérez Villalta del caballo del Ayuntamiento

Boceto de Pérez Villalta del caballo del Ayuntamiento / Juan Ortiz

Fue instalada una noche de diciembre de 2002 para evitar manifestaciones y algarabías ciudadanas. La del aguador de la plaza de la Romanilla, la del monumento a la Constitución y la del monolito levantado a Bill Clinton fueron otras polémicas de las que daremos cuentas en venideros capítulos.

Ahora centrémonos en Hipergranada, tema con el que me licencié en 'Ciencias Polémicas'. Recuerdo que durante muchas noches era el asunto estrella de las conversaciones de los periodistas granadinos. Un día sí y el otro también era noticia. Siempre había algo novedoso sobre esa polémica, hasta convertirse al cabo del tiempo en un tema coñazo del ni queríamos oír hablar. Llegó a parecerse a un culebrón de esos venezolanos del que nadie sabía cuándo ni cómo iba a acabar. Aquella fue, sin duda, la primera gran controversia de la democracia granadina.

Los bandos

A comienzos de los 80, la sociedad granadina se dividía entre los que estaban a favor de derribar Hipergranada y los que estaban a favor de que se legalizara y quedara en pie. Había algunos que un día pensaban una cosa y al siguiente otra. Yo era de esos. A veces pensaba que había que demoler aquellas instalaciones porque eran ilegales. Pero también pensaba que ya que si esos locales habían costado mucho esfuerzo y dinero por parte de los 150 cooperativistas que lo habían creado, lo mejor sería recalificar los terrenos y legalizarlo. Pero es que no había término medio porque la situación no lo contemplaba.

Los concejales socialistas y comunistas habían anunciado en sus mítines que si ganaban las elecciones municipales iban a derruir el edificio porque había sido construido sin licencia municipal en terrenos no urbanizables, correspondientes a una zona agrícola de protección especial del Plan Comarcal. Y ganaron. Uno de los primeros decretos que firmó el recién elegido Antonio Jara fue el de la demolición del Híper. Sin duda fue la gran polémica de aquellos años. En ella se gastaron pantanos de tinta.

Las elecciones de 1979 son de la de recordar para toda la vida y se merecen una historia aparte. Pero por lo pronto diré que al salir tan igualados los resultados la alcaldía se la llevó el PSOE gracias a la estrategia de pactos: el PSA votaría a favor de los socialistas en Granada y el PSOE votaría a favor de los andalucistas en Sevilla. Todo para que no gobernara en ambas ciudades la UCD (Unión de Centro Democrático). Un cambio de cromos en toda regla. En Granada fue elegido Antonio Camacho, un hombre bueno por naturaleza -llegué a jugar algunas veces con él al dominó en Almuñécar cuando estaba totalmente retirado de todo- y tal vez inseguro para la política que no supo o no quiso gestionar la crisis urbanística que había generado la construcción del citado Híper.

Manifestantes del Hiper se enfrenta a la Policía Manifestantes del Hiper se enfrenta a la Policía

Manifestantes del Hiper se enfrenta a la Policía / Juan Ortiz

Él no estaba afiliado al PSOE, pero había pertenecido a la UGT y ocupaba un alto cargo en la Caja de Ahorros de Granada. El importante puesto en la entidad de ahorros y la relevancia social que este cargo le había proporcionado fueron las motivaciones principales del PSOE al recurrir a él para encabezar su lista en aquel importante proceso democrático. Pero se vio pronto que este hombre no estaba por la política.

El tema del Híper lo dejó sin sueño y recibía constantes amenazas anónimas. Él había dado préstamos a los cooperativistas para su proyecto y ahora tenía que decirles que dicho proyecto era ilegal. Sus principios no le dejaron otra salida que la dimisión. Duró solo seis meses en el cargo. Le sucedió en el cargo Antonio Jara, que era un partidario acérrimo de la demolición del edificio.

Recapitulemos y, antes de seguir, contemos un poco la historia de este desastre urbanístico. Llegaban tiempos nuevos y muchas ciudades importantes contaban ya con centros comerciales de gran envergadura. En Granada aún existía Galería Preciados en la Carrera de la Virgen y aún no se había construido Hipercor. Hipergranada sería una revolución en la manera de vender a los granadinos. Se habían juntado 150 socios que habían aportado capital para la construcción de este centro comercial.

El establecimiento se abrió al público en octubre de 1979 y se mantuvo abierto, en intervalos, hasta 1985. Muchos granadinos aprendimos a conducir carritos de la compra en esas instalaciones. Estaba situado junto a la confluencia de las carreteras de Badajoz y Málaga, en unos terrenos no urbanizables calificados como suelo agrícola de protección, en donde sólo se permitía levantar edificios directamente relacionados con las actividades agrícolas. Pero los cooperativistas pensaron que ya que habían llegado tan lejos no se atreverían a derribarlo.

El mismo presidente de la cooperativa, Rogelio Rodríguez, destacado andalucista, llegó a decir a la prensa: "Si algún día llegan a demoler el Hiper, que no creo que llegue el caso, tendrían que hacerlo sobre nuestras propias cabezas, porque ninguno de los 150 socios de esta cooperativa pensamos movernos de aquí". Le habían echado un pulso en toda regla al Ayuntamiento de Granada.

El encierro

Asamblea Hiper en marzo de 1984 Asamblea Hiper en marzo de 1984

Asamblea Hiper en marzo de 1984 / Juan Ortiz

Mientras tanto los consumidores granadinos y de algunas provincias colindantes seguíamos accediendo al establecimiento. Raro era el día que no había una noticia en la prensa relacionado con el Híper. En una ocasión el presidente de los cooperativistas, para protestar por el decreto de clausura del local, se encerró en un despacho y no salió de allí en varios días. Hacía declaraciones a los periodistas a través de la ventana. Sobre el tema opinaron todos aquellos que tenían que opinar: políticos, arquitectos, periodistas, abogados… Cada cual dando su versión de los hechos.

Yo incluso escribí sobre el tema exponiendo lo que parecía la pregunta del millón: si había unas instalaciones que se habían construido en una zona no urbanizable y sin licencia municipal… ¿Cómo era posible que no se hubieran paralizado antes las obras y se hubiera dejado terminar el edificio? La respuesta a esa pregunta sería para analizarla en un programa de Iker Jiménez.

Fueron varias las voces que pedían que se recalificara la zona y se quedara abierto el Híper, pero eso serviría de precedente para futuras construcciones ilegales. Además, Antonio Jara estaba dispuesto a dar un escarmiento a todos aquellos que construyeran ilegalmente. También quería evitar que aquello abriera las puertas a la invasión de la Vega. La lucha entre el Ayuntamiento y los cooperativistas duró casi seis años, lo que la Justicia tarda en dar su parecer. Se sucedieron los recursos y los nuevos recursos hasta que el Supremo declaró la obra ilegal. Los cooperativistas habían perdido la partida. Muchos de ellos se quedaron arruinados.

Albañiles tapian el Hiper Albañiles tapian el Hiper

Albañiles tapian el Hiper / Juan Ortiz

El cierre definitivo se produjo en octubre de 1985. Poco después se tapió el edificio para evitar ocupaciones inesperadas y el desmantelamiento de la infraestructura por los amigos de lo ajeno. Así estuvo durante casi 25 años. Muchos granadinos que pasábamos por allí en dirección a Málaga y que veíamos el edificio cerrado, se nos escapaba un lamento: ¡Pobre Híper!

Las excavadoras demolieron el edificio en abril de 2006. Ya no queda nada. Solo un solar. Durante todo este tiempo ha habido varios intentos de revitalizar las instalaciones. Pero el tema estaba ya muy gastado, por parte de la prensa y por parte de los ciudadanos, que oían hablar del Híper y hacían un mohín de indiferencia. El alcalde Díaz Berbel intentó buscar una solución al edificio fantasma pero no llegó a un acuerdo con los cooperativistas. También se pensó convertirlo en un hotel de lujo e incluso en un casino. Pero todos los sueños iban cayendo uno tras otro en el saco roto de la realidad.

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