Juan Latino, la trayectoria personal más sorprendente del Renacimiento español

Pasó de ser esclavo con los Fernández de Córdoba a ser el primer negro catedrático en una universidad europea

Se casó con una joven blanca perteneciente a una familia adinerada de Granada y consiguió la admiración de muchas personas influyentes

No hay imagen alguna de Juan Latino. Esta es la que se ha utilizado en algunas ocasiones para ilustrar su vida.
No hay imagen alguna de Juan Latino. Esta es la que se ha utilizado en algunas ocasiones para ilustrar su vida. / GH

Si Juan Latino, un esclavo negro que llegó a ser catedrático de Latín de la Universidad de Granada, hubiese sido anglosajón, ya se habrían rodado al menos diez películas sobre su vida y se habrían escrito más de veinte novelas con base en su trayectoria personal, tan interesante como conmovedora. La vida de este hombre es un ejemplo de superación y de lucha contra las circunstancias adversas que provoca la existencia. Y de haber existido revistas o programas del corazón en el siglo XVI, el negro Juan Latino habría sido sin duda un tema recurrente en sus espacios, perseguido por los paparazzi y sirviendo de carnaza para los buitres de las tertulias, sobre todo tras su boda con una joven noble blanca y rica que había tenido de alumna. Lo que se dice, un auténtico braguetazo.

Por lo pronto el lugar de nacimiento de Juan Latino aún se está debatiendo. Se sabe que su madre era una etíope de gran belleza que era esclava y que había sido comprada por Elvira Fernández de Córdoba, duquesa de Sessa e hija del Gran Capitán, que vivía en Baena. No se sabe a ciencia cierta si cuando la esclava llegó a España fue vendida con su hijo pequeño o el niño nació en nuestro país. Las lenguas más afiladas dijeron que la esclava fue preñada por Luis Fernández de Córdoba y Zúñiga, el marido de Elvira. Nada está demostrado, aunque parece poco probable. De los pocos escritos que se conservan de Juan Latino, hay una pequeña obra en la que él mismo afirma que nació en 1518 en Etiopía, aunque también se dijo que quizás lo había escrito para tapar su condición de bastardo.

El caso es que el niño negro Juan de Sessa, pues tomaría el apellido del ducado que lo acogía, desde muy pequeño demostró una inteligencia y una viveza excepcionales. Jugaba a diario con los hijos de sus dueños, pero sobre todo con Gonzalo Fernández de Córdoba, que se llamaba igual que su abuelo y que, según esas lenguas afiladas de las que hablaba antes, sería su hermanastro. Al quedarse este último huérfano, se vino a Granada con sus hermanas y todos sus sirvientes, entre ellos Juan. Cuando el niño esclavo estaba con sus amos en el palacio su negritud sobresalía como una mosca en un vaso de leche. Pero cuando salía a la calle era uno más. Granada, recordemos, en esa época acababa de ser reconquistada. Aquí existía un gran crisol de ambientes. Convivían los cristianos viejos con los judíos conversos, los moriscos y los esclavos africanos, que no eran pocos. Esto hacía de Granada una sociedad mucho más variada en cuanto a razas y culturas que muchas ciudades europeas del momento.

Dicen los expertos en Juan Latino que este entabló una relación muy fraternal con su amo Gonzalo Fernández de Córdoba, algo mayor que él. Juan aprovechaba la educación que impartían al joven duque para participar con él en las lecciones. Muy pronto el niño negro demostró su capacidad para aprender lenguas, sobre todo el latín. Cuando Gonzalo Fernández de Córdoba entró en la Universidad granadina, que estaba recién creada por el emperador Carlos V, Juan lo seguía y se quedaba a las puertas de la clase a escuchar, pues los esclavos negros no podían entrar en las aulas. Fue así como aprendió latín clásico, gramática, retórica y literatura clásica, algo muy raro para un esclavo. Su inteligencia llamó tanto la atención que al poco tiempo fue tratado como un estudiante más. Así hasta que consiguió la manumisión (que le otorgaría su dueño y amigo Gonzalo Fernández de Córdoba) y el título de bachiller en Filosofía.

Amoríos y polémica

Gracias a que ya era libre, pudo dar clases particulares a hijos de personas adineradas de Granada. Una de sus alumnas sería Ana Carleval, hija de un caballero veinticuatro (que era como se llamaban los primeros regidores cristianos de la ciudad), y administrador de Gonzalo Fernández de Córdoba. Ana de Carleval estaba ya prometida, pero se enamoró perdidamente de su profesor negro. También Juan sintió el flechazo del amor. Por supuesto la relación causó una auténtica conmoción entre la familia de la joven y entre la sociedad en general. No había mentalidad alguna de la época que concibiera la relación amorosa de un negro pobre con una joven blanca de familia acomodada. Aún hoy sería difícil de entender. Pero los amantes estaban dispuestos a todo. Y en ese todo entraba el embarazo de la joven. Así las cosas y ante la previsible llegada de un niño mulato a la familia, los padres de Ana no tuvieron más remedio que claudicar. Gracias a la mediación de los Fernández de Córdoba y el apoyo que dieron a Juan otorgándole una renta vitalicia y el nombre del Ducado de Sessa, se pudo celebrar la boda entre los jóvenes amantes. La historia desmentiría con el tiempo a los que habían augurado el fracaso de un matrimonio tan poco común. Juan y Ana fueron muy felices mientras vivieron, comieron muchas perdices y tuvieron cinco hijos mulatos. El profesor negro y su alumna blanca pasan la eternidad, junto a sus hijos, en el mismo lugar en el que se casaron: en la iglesia de Santa Ana.

Juan Latino, totalmente integrado ya en la sociedad granadina, consiguió la cátedra de Gramática y de Lengua Latina en 1556. Fue profesor durante veinte años y escribió una obra de cierta importancia llamada Austriada, sobre la estancia de Juan de Austria en Granada.

Al ser la primera persona negra que recibió estudios universitarios y obtuvo una cátedra en Europa, tuvo tanta fama que incluso fue nombrado por Cervantes en El Quijote: "Pues al cielo no le plugo que saliese tan ladino como el negro Juan Latino". También se sabe que se relacionó, literariamente hablando, con San Juan de la Cruz y con otros autores del llamado Siglo de Oro. Y que escribió obras de importancia, aunque siempre en latín. A pesar de esto y de haber tenido una vida apasionante, sobre él solo hay una pequeña obra de teatro del dramaturgo Juan de Enciso y una interesante novela de José Vicente Pascual. Sobre el negro Juan Latino aún queda mucho que escribir. Su historia y su figura merecen estar más presentes en nuestro recuerdo.

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