Misa por Franco y José Antonio en el Sagrario

El vuelo bajo del águila

  • La polémica por el traslado de los restos de Franco no ha supuesto el aumento de nostálgicos en la homilía del 20-N

  • Los antifascistas también salen a la calle

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“Concede a tus hijos Francisco Franco y José Antonio Primo de Rivera el descanso eterno”. Así ha comenzado en la iglesia del Sagrario la misa en recuerdo del dictador y del fundador de la Falange ante menos de 200 personas y una lluvia que, con todo, no ha impedido a los nostálgicos del régimen, ya en la calle, cantar el 'Cara al Sol' a pleno pulmón.

“¿Cómo está usted Ricardo?”, preguntaba uno de los asistentes, ya entrado a en años, a otro de los parroquianos. “Aquí, haciendo España”, contestó marcial. La polémica por la intención del Gobierno de trasladar los restos de Francisco Franco del Valle de los Caídos, curiosamente, ha movilizado en mayor medida a los jóvenes antifascistas, que exhibieron viejos eslóganes en su manifestación previa que partió desde el Triunfo y que recorrió la Gran Vía, con una parada especial a la altura de la Catedral, entonando antiguos hits como “no pasarán”.

Con banderas independentistas andaluzas, esteladas y republicanas, los jóvenes, nacidos la gran mayoría en democracia, buscaron cavar su propia trinchera 40 años después de la muerte de Franco.En todo caso, superaron en número y en ardor a los presentes en la misa por Francisco Franco y José Antonio Primo de Rivera, que asistieron a la homilía en total recogimiento, con dos banderas franquistas la primera fila de asientos, un par de camisas azules con el yugo y las flechas y una pareja de amigos envueltos en una bandera en una de las filas.

En principio, el cura se excusó por la misa de difunto señalando que la Iglesia no pide a nadie los apellidos de los difuntos para hacer una misa, aunque en el transcurso de la misa se aventuró a hablar de las “personas que han pasado por la historia haciendo el bien”.

La manifestación antifascista comenzó con la presencia de dos espontáneos que, con una bandera nacional en la mano, lanzaron varios “viva España” antes de irse a la misa en el Sagrario. Con un despliegue de seguridad integrado por fuerzas de la Policía Nacional y la Policía Loca, los jóvenes antifascistas se jalearon entre ellos para “no caer en las provocaciones”.

Fue la única escaramuza del día, pese a que los encendidos ánimos por el traslado de los restos de Franco hacían presagiar que la presencia de nostálgicos en la misa podría subir respecto a años anteriores. Pero no, la misa por Franco y José Antonio tuvo más de canto de cisne que de vuelo del águila.

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