Granada

Un salvavidas en mitad de la Vega

  • A punto de cumplir 50 años, la Ciudad de los Niños es todo un referente educativo Más de 450 niños con problemas familiares crecen y se educan en sus 51.000 metros

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Si a un niño se le retira de su familia tiene que estar en un lugar lo más normalizado posible. Por eso, en la Ciudad de los Niños no hay vallas. Hay aire, mucho aire, y campo, y huertos, y animales y un sólido sistema educativo con el que infundir valores a un grupo de menores a los que la vida les ha castigado más de la cuenta.

A punto de cumplir 50 años en sus instalaciones de la Antigua Carretera de Málaga, la Ciudad de los Niños es un inmenso hogar de 51.000 metros cuadrados que se alza en mitad de la Vega. Paqui Archilla, la directora del colegio, dice que la Ciudad de los Niños es un salvavidas en mitad del mar, una tabla a la que se agarran los más de 450 niños que conviven en este espacio tan especial en el que se desarrolla una innovadora oferta educativa capaz de compensar las desigualdades sociales.

En sus orígenes, allá por el año 1953, la Ciudad de los Niños se ubicaba en el convento de Santa Inés, en la calle San Juan de los Reyes. Fueron los Hermanos de María (y en concreto el Hermano Carlos) los encargados de fundar esta obra social para dar respuesta a la situación en la que se encontraban muchos niños de la provincia. Los primeros pequeños que llegaron hasta la Ciudad de los Niños venían mandados por el gobernador civil. Eran niños que querían quitar de la mendicidad. Luego, con los años, llegarían derivados de los servicios de protección de menores.

Hoy, 50 años después, la Ciudad de los Niños ofrece un centro escolar en el que se estudia Infantil, Primaria, Secundaria, PCPI y FP. En este nivel de enseñanza obligatoria en torno a la mitad de los niños son internos (residen en la escuela hogar de lunes a viernes) mientras que la otra mitad son externos. Además existe un grupo que procede de los servicios de protección de menores y que residen en pisos tutelados por un equipo técnico de educadores y psicólogos. Hay otro grupo de mayores de 18 años que se forman en orientación al empleo.

Todo este entramado está orquestado por un grupo de 70 trabajadores que, además de sus conocimientos, aportan una vocación excepcional para acompañar en su educación a niños de más de 14 nacionalidades. "A estos niños hay que quererlos mucho porque tienen grandes carencias afectivas, pero no basta con quererlos, hay que exigirles", explica Paqui Archilla.

Arrastrado por los prejuicios uno puede pensar que la convivencia en este centro debe ser, cuanto menos, complicada. Una duda que se desvanece al abrir cualquier puerta de una de las clases. Se han propuesto convertirse en el primer centro de educación compensatoria bilingüe. "¡Good morning!", saluda Paqui a los pequeños de cuatro años. "Good morning", contestan los pequeños afanados en terminar el yogur de media mañana. Ese yogur es parte del programa de compensación del centro y garantiza que los niños puedan hacer al menos tres comidas al día. "Hace unos años nos dimos cuenta de que muchos niños se quedaban dormidos a mitad de mañana porque no comían. Por eso lo primero que les decimos cuando llegan aquí es: no te preocupes de las necesidades básicas, que para eso ya estamos nosotros", relata la directora del colegio.

El sistema educativo de la Ciudad de los Niños está basado en la pedagogía del afecto y en el desarrollo de la responsabilidad con el fin de convertir a los niños en personas participativas y responsables. Los niños son monitores de las actividades más diversas, y como tal, deben comportarse. Hay monitores de comedor, de informática, de lectura... En la medida que los niños se sienten responsables y van cumpliendo sus tareas reciben un refuerzo positivo que se plasma en un sistema de puntos. Al terminar el día hay una asamblea en la casa en la que analizan qué tal ha ido la jornada. En el centro hay dos normas básicas: el respeto a las cosas y a las personas y la necesidad de acabar el trabajo."Llegan con problemas de inseguridad muy grandes que se van corrigiendo en la medida en que ellos ven que tienen éxito en lo que hacen", añade Archilla.

El Hermano Juan Molina es una ráfaga dentro del centro, por eso hay que seguirle rápido para poder robarle unos minutos. "Aquí estamos todo el día inventando. Buscamos los elementos para que los niños desarrollen la responsabilidad y que sean ellos los que se ganen las cosas", dice, y no deja de reiterar su agradecimiento a todas las personas e instituciones que colaboran con el centro. Al Hermano Juan le gusta que las puertas de la Ciudad de los Niños estén siempre abiertas; por eso es fácil ver a los niños del cole jugando con pequeños de toda Granada que acuden habitualmente con sus padres a ver los pavos, faisanes, patos, catatuas y hasta un avestruz que crían en la casa y que ya forman parte de esta gran familia. Así, viéndolos jugar juntos, son solo niños. Es entonces cuando se liberan de esa pesada mochila que arrastran y que hay que ir vaciando en los años que durará su crecimiento hasta que dejen de ser niños para ser hombres y mujeres con las mismas oportunidades.

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