La Universidad de Granada participa en la conservación del olivo silvestre salvaguardando 2.000 semillas en la Bóveda del Fin del Mundo
La iniciativa pretende asegurar los recursos genéticos de la especie frente al cambio global
Perejil de Dúrcal viaja rumbo al Arca de Noé de Svalbard
La Universidad de Granada (UGR) en el marco del proyecto europeo Horizonte GEN4OLIVE, ha contribuido con 2.000 semillas a la protección del olivo para el futuro. Las semillas se encuentran ya en la Bóveda Global de Semillas de Svalbard (Noruega), conocida mundialmente como la Cámara del Fin del Mundo (Doomsday Vault, en inglés), donde ya se conservan otras especies procedentes de Granada, como perejil de Dúrcal o lentejas de Lobras.
Dos universidades andaluzas, la de Córdoba y Granada, han participado en esta operación de salvaguarda. Mientras que la Universidad de Córdoba ha aportado las variedades cultivadas de mayor relevancia, la UGR se ha encargado de salvaguardar el origen, el olivo silvestre, a través de esas 2.000 semillas pertenecientes a cuatro linajes silvestres recolectadas en diversas regiones de España
La bóveda donde se custodian es un gigantesco banco de semillas construido a solo 1.000 kilómetros del Polo Norte y bajo el permafrost de una montaña helada, con el fin de preservar las plantas que sirven de alimento a la humanidad para que puedan ser recuperadas tras catástrofes naturales, conflictos bélicos, o los efectos devastadores del cambio climático.
Se trata de un búnker de alta seguridad donde actualmente se conservan unos 1.300 millones de muestras de unas 7.000 especies vegetales de todo el planeta y, ahora también, el olivo. El depósito en Svalbard ha tenido lugar el pasado viernes 27 de febrero y permite tener de cara al futuro una copia de seguridad global. En caso de que un banco de germoplasma nacional sufra un desastre o una población de acebuches sea devastada, estas semillas permitirán recuperar y repoblar las zonas afectadas.
La aportación de la universidad granadina, coordinada por Rafael Rubio de Casas, tiene el valor de que, a diferencia de las variedades cultivadas cuya diversidad genética es limitada debido a la clonación por esquejes, el material silvestre alberga una riqueza biológica incalculable acumulada durante cientos de miles de años y que puede ser crítica para potenciar la diversidad genética y resiliencia del cultivo, indica la institución en un comunicado.
Andrés Barea Márquez, técnico de la UGR responsable de la conservación de este material, subraya la importancia crítica de este depósito: “Conservar la diversidad silvestre es invertir en resiliencia de cara al futuro”. Según Barea, este material genético es un recurso fundamental para fortalecer los cultivos actuales ante un clima cada vez más inhóspito: “El acebuche alberga una gran riqueza genética y adaptaciones que pueden ser críticas para asegurar la continuidad del cultivo, como resistencia a condiciones extremas y enfermedades”, afirma.
El envío de estas semillas no ha sido una tarea sencilla. Desde 2021, Rafael Rubio de Casas y su equipo se han ido desplazando a diversos lugares de la Península, Canarias y otras regiones del Mediterráneo para recolectar el material.
Los frutos fueron recolectados a mano y procesados meticulosamente en el laboratorio. Tras extraer y deshidratar las semillas, estas se sometieron a una serie de experimentos destinados a esclarecer sus condiciones óptimas de conservación y germinación.
Para su preservación en Svalbard, los investigadores de la Universidad de Granada tuvieron que asegurarse de que las semillas de acebuche son “ortodoxas”, esto es, que mantienen su viabilidad a largo plazo después de ser deshidratadas y mantenidas bajo las gélidas temperaturas de -18ºC que mantiene la bóveda noruega.
El proyecto Horizonte GEN4OLIVE se inició en 2020 y fue posteriormente impulsado por el Consejo Oleícola Internacional (COI), la FAO y el INIA‑CSIC.
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