Empieza la novena a San Juan de Dios

El santo de los pobres, más cerca de los fieles

  • Los restos mortales de San Juan de Dios bajan del camarín para la novena que empezará el 27 de febrero y que se prolongará hasta el día 7 de marzo 

La basílica de San Juan de Dios se engalana la última semana de febrero para acoger los cultos del copatrón de la ciudad. Los intercolumnios del templo se visten de rojo, salen las mejores galas de las cajoneras y todo el ceremonial se engrasa para dar esplendor a la liturgia y a la memoria del santo de pobres y enfermos. Una dinámica que se repite año tras año pero que en este 2021 contará con una singular novedad: los restos mortales de San Juan de Dios no estarán en el camarín, la urna con los huesos del santo se venerará a los pies del crucero.

Una medida extraordinaria que llega no para conmemorar ningún aniversario ni efeméride singular sino para acercar las reliquias del fundador de la Orden Hospitalaria a todos los fieles. El hermano mayor de la Hermandad de San Juan de Dios, José Luis Ramírez, ha explicado que "dado que este año no va haber procesión con la imagen y siendo un año que como el anterior va a estar marcado por la pandemia, qué mejor que ofrecer la novena por los enfermos y acercar los restos de San Juan de Dios para que todo el mundo pueda venerarlos de una forma más próxima".

Desde la hermandad remarcan que se trata de un hecho inédito: los restos mortales de Juan Ciudad fueron exhibidos en 1995, con motivo del centenario de su nacimiento, y la urna había bajado del camarín en otras ocasiones para ser procesionada - en 1996 y en el 2000, por ejemplo - pero nunca se había puesto a la veneración de los fieles de una manera tan cerca. José Luis Ramírez asegura que "ahora la gente podrá acercarse y conocer la urna, rezar más de cerca a San Juan de Dios y también disfrutar del trabajo de orfebrería que envuelven a las reliquias".

Desde el 27 de febrero al 8 de marzo podrá contemplarse este inédito momento. Los organizadores de la novena aseguran que se ha elaborado un detallado protocolo para evitar las aglomeraciones de los fieles, especialmente el día del copatrón, cuando estará la basílica abierta durante todo el día para todo aquel que quiera pueda acercarse sin necesidad de provocar incidencias desde el punto de vista sanitario.

La urna de San Juan de Dios, obra maestra de Miguel de Guzmán

Urna de San Juan de Dios (1766), obra de Miguel de Guzmán Urna de San Juan de Dios (1766), obra de Miguel de Guzmán

Urna de San Juan de Dios (1766), obra de Miguel de Guzmán / G.H. (Granada)

La historia de la urna de San Juan de Dios, en la que se conservan los restos del fundador hospitalario, es tan antigua como la propia basílica que deslumbra, aún hoy, a propios y extraños. Una obra maestra de la orfebrería del Barroco granadino, realizada entre 1766 y 1767, y con la que se coronaban todos los trabajos del nuevo templo ideado por el rector del convento y hospital fray Alonso de Jesús.

El antiguo oratorio en el que se conservaban las reliquias de San Juan de Dios se había quedado pequeño para el número de fieles que venía a rezar y venerar los huesos del santo granadino. Por esta razón, el fraile cordobés Alonso de Jesús ideó una gran iglesia barroca donde poder mostrar a los fieles la grandeza de la Orden Hospitalaria y ensalzar, como era debido, la figura de su fundador. 

Por esta razón los frailes hospitalarios llamaron al jiennense Miguel de Guzmán para que, entre 1766 y 1767, realizara una obra monumental que sirviera de eje a todo lo que se había realizado a nivel de arquitectura, retablos y pinturas: un baldaquino y una urna para acoger los restos del santo. Una obra maestra en la que intervino un escultor italiano, Bartolomeo Boroni, y que dio como resultado una pieza excepcional donde se narra la vida y muerte del protector de los enfermos: el nacimiento de Juan Ciudad, la imposición del hábito por parte del obispo de Tuy, el lavatorio de pies a los pobres y la caída de la yegua que tuvo Juan de Dios; así como la vista del obispo Pedro Guerrero en su lecho de muerte o la confortación de la Virgen y los santos antes de morir. Una obra excepcional, en lo material y en lo iconográfico, que llegó a contar con literatura propia, como muestra la descripción que hizo Sebastián de Fuentes en el marco de los fastos de la consagración del templo. 

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