Un viaje lejos de las alergias

Desde hace nueve años alumnos de Jaén con alergia al polen del olivo pasan un periodo en Motril dentro del programa Aulas en la Costa · Se hospedan en la residencia García Lorca, donde mejoran de sus síntomas

R. Fernández

12 de junio 2012 - 01:00

Un enorme mural en el que se representa un monte de olivos sobre el mar con la leyenda "Bienvenidos, andaluces de Jaén", es el primer recibimiento con el que se encuentra la veintena de escolares que desde primeros de mayo llegan a la residencia Federico García Lorca de Motril huyendo de las grandes concentraciones de polen de olivo que en estas fechas invade la atmósfera de las localidades jienenses de las que proceden. "Los niños de la alergia", como cariñosamente les llaman el resto de internos de este centro educativo, regresan a la Costa de Granada para mejorar su salud.

Este año es el noveno curso que se desarrolla esta iniciativa. María Victoria Palomares, presidenta de la Asociación de Alérgicos y Asmáticos de Jaén (Alerja) fue quien puso en marcha el programa Aulas en la Costa, por el que la Junta permite que alumnos alérgicos al polen del olivo continúen en Motril sus estudios evitando así el alto absentismo que provoca esta enfermedad en los escolares en esta época del año, ya que pronto mejoran en el litoral granadino, el más cercano a sus domicilios.

La secretaria de la residencia de estudiantes motrileña, Mariví Cabanillas, asegura que los menores "vienen con picor de ojos y síntomas de ahogamiento pero a los pocos días de estar aquí interrumpen incluso la medicación".

Miguel Ángel, de 12 años, acudía con frecuencia al hospital de su pueblo, Villanueva del Arzobispo, para que le administraran oxígeno porque le costaba respirar. A su familia le comentaron esta iniciativa y decidieron enviarle a Motril. Es el primer año que viene y está muy contento, pues durante estos días en la Costa Tropical ya no ha necesitado ir al centro sanitario.

Los niños alérgicos viven en la residencia como si fuera su casa y asisten a clase al colegio o al instituto, según les corresponda, que se encuentran a ambos lados del centro. Desde el colegio de procedencia los profesores les asignan tareas y, además, intentan conseguir los mismos textos que siguen en su nueva clase, por lo que preparan dos temarios complementarios.

En la residencia pasan el resto del día. Allí comen, duermen, hacen sus deberes y disfrutan de su tiempo de ocio supervisados en todo momento por los monitores. Incluso reconocen que aprovechan mejor el tiempo de estudio y que mejoran sus resultados escolares.

Alejandro, de 13 años, es el tercer año que viene y está encantando. Es siempre de los primeros en llegar y de los últimos en abandonar la residencia. Dejó Alcalá la Real el 7 de mayo y no regresará hasta el 18 de junio.

Para participar en este programa hay que presentar una solicitud ante la Delegación de Educación de su provincia. Además, cada niño trae una ficha médica que recoge su historial y que controlará si fuese necesario un pediatra del Centro de Salud de San Antonio de Motril. También se detallará la evolución que experimenta en este proceso.

Este año se presentaron 33 solicitudes de las que se cursaron 22. Todos no han coincidido a la vez en la residencia y, cuando unos vienen otros se van.

A pesar de los recortes en Educación, Cabanillas comenta que al menos este año no ha disminuido el presupuesto para este programa: "o será que lo administramos muy bien", bromea.

También se nota la crisis en las familias cuando vienen a pasar tiempo con sus hijos. "Antes los padres alquilaban un apartamento en la playa o iban al camping y se quedaban el fin de semana, ahora en cambio vienen un día a primera hora, recogen al menor y por la noche el niño se queda en la residencia y ellos vuelven a sus hogares".

Se avecinan los exámenes finales y empiezan a regresar a sus casas. Es el caso de Ana Armenteros, de 13 años, de Torredelcampo. Es el segundo año que esta joven repite en Motril puesto que ya la primavera pasada pudo comprobar que los síntomas de su enfermedad desaparecían en la Costa. Como los niveles de concentración de polen han bajado en su pueblo, regresa a casa. El viernes se produjo el reencuentro con sus padres: "Pero … si estás más rellenita y todo", le dijo su madre al verla. "Deberían estar aquí todo el año", comentan sus progenitores.

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