Día para la erradicación de la violencia de género

25-N: La violencia económica, otra batalla contra el machismo en Granada

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25-N: La violencia económica, otra batalla contra el machismo en Granada

La violencia de género tiene muchas formas, y se compone de multitud de piezas. El maltrato se puede fracturar y ejercer en todas las maneras en las que se utilice una situación de debilidad impuesta.

La historia de Carmen, granadina de apenas 40 años, es compleja. Con muchas salidas de pista, el suyo es, como ella dice, “dentro de lo que cabe un perfil privilegiado”. Quizás por esto, esta historia resulta tan insultante y espeluznante porque ¿si a una mujer joven, muy formada y con trabajo le puede pasar esto, qué no puede sufrir una mujer menos favorecida? Se trata de violencia económica y casi siempre es el último estadío de la violencia de género.

La suya es una historia que comenzó con maltrato psicológico, hacerla pequeña y reducir la imagen de sí misma a un nada vacío; más tarde y como siempre llegó la violencia física que la mujer acaba viendo legitimada por el propio estado mental fruto de la violencia psicológica. El maltratador ya ha creado a su víctima. La violencia social también apareció para Carmen: “Me preguntaban que cómo siendo tan grande me había podido pegar”. Poner en duda la situación y reducirla a términos maniqueos también es violencia, se ejerce desde fuera. Los amigos, la familia o los compañeros de trabajo.

Carmen no denunció a su maltratador por sí misma, lo acabo haciendo porque la maestra de su hijo le advirtió que tras escuchar lo que el menor contaba en clase, si no lo hacía lo tendría que denunciar ella. En ese momento Carmen no solo temía al agresor que tenía en casa, también a la vergüenza social, a los trámites y al tristemente famoso “¿y ahora qué?”.

En esa pregunta se balancean muchas mujeres con hijos a cargo que han sufrido violencia de género. La Plataforma Stop Desahucios de Granada convive con ello a diario. Aseguran que tienen “muchos casos” en los que mujeres maltratadas han acudido a ellos porque “han pasado por todas las instituciones y no han tenido respuesta” por eso, dicen, la mayoría de personas que ocupan viviendas son mujeres que han pasado por un maltrato y que tienen que elegir entre ir a la calle o ocupar la casa de un banco, “por eso ocupan”.

También hay granadinas que han acudido a esta plataforma por una ejecución de hipoteca o con problemas de alquiler. Entre esas tres aguas se mueven las mujeres que han sufrido la violencia económica derivada de un maltrato. Una violencia silenciosa que se normaliza como pobreza cuando en realidad, dice Carmen, “es desamparo”.

Esta granadina era la única que trabaja en su núcleo familiar y tras la separación del hombre, éste le exigió 50.000 euros a cambio de no pedir la custodia de su hijo. “Le hubiera dado lo que me hubiera pedido si con eso podía dejar de verlo y salir de ahí”, explica Carmen que lo recuerda ahora no con vergüenza pero sí con impotencia porque “él podría alegar en ese momento que al no trabajar era quien cuidaba del niño” y con eso, quedarse con la custodia. Pero las consecuencias de querer cambiar cosas serán peores que dejarse llevar, ese es miedo común de estas mujeres. “Tenía miedo porque me decía que se iba a quedar al niño”.

Carmen no tenía ese dinero, la cuenta común solo disponía de algo menos de 20.000 euros que el hombre sacó del banco dejándola vacía. “También se llevó todo lo que había en nuestra casa y destrozó lo que no pudo llevarse como el frigorífico y algunos muebles”, explica. Más violencia. “Cuando vi mi casa así y además no tenía un duro... me vi yendo a la Cruz Roja a pedir mantas”.

Pero su historia también recala en “la violencia de la justicia”. Relata que el hombre fue condenado en el juzgado de violencia de género tras aportar un parte de agresiones que correspondía a una de las palizas. “Gané el juicio por violencia de género, pero entonces él me denunció a mí por lo penal por denuncia falsa”. En ese litigio él ganó porque Carmen no pudo demostrar las lesiones pese a tener el parte de urgencias, hecho que aún no consigue explicar porque el primer juzgado sí lo dio por probado. “El alegato del fiscal sí decía que había sido víctima de violencia de género reiterada pero no podía probar esos hechos concretos”.

Esta denuncia acabó en una sentencia que para la granadina es la última vuelta de tuerca a su soga económica. Carmen había perdido su trabajo y se vio en el paro y teniendo que pagar una compensación económica a quien fue condenado por violencia de género. “Tuve que recurrir a la familia para hacer frente a la situación. Cuatro euros al día no son nada, menos cuando no tienes nada”.

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