Krhin, la eterna promesa

Fue el componente más joven de la Eslovenia del 2010, pero no jugó ningún minuto

En el Granada vivió la cara y la cruz de la permanencia

Juan José Medina

Granada, 26 de junio 2018 - 02:34

Que la selección nacional de Eslovenia juegue un Mundial podría considerarse siempre un milagro. Un país de apenas dos millones de habitantes en el que, además, el fútbol no es el deporte rey. Le ganan los que se juegan bajo techo como el baloncesto, el balonmano, y el hockey sobre hielo, y también los de invierno, donde los Alpes Dináricos han dado grandes campeones en modalidades como el esquí alpino o los saltos. Sin embargo, cuando un país hace las cosas bien con su deporte, normalmente da resultados. Y la escuela eslovena, que siempre estuvo a la sombra de la yugoslava hasta la desmembración en la Guerra de los Balcanes, ha asomado varias veces su cabecita por los mejores eventos del planeta futbolero. Dos Mundiales y una Eurocopa jugadas decoran el historial de un equipo cuya última aparición global acaeció hace ocho años en el glorioso Mundial de Sudáfrica. Y en él estuvo el aún granadinista Rene Krhin.

Por aquel entonces, el centrocampista de Maribor peinaba unos jóvenes 20 años. Demasiado pocos para un equipo experimentado y cuyos referentes rozaban la treintena. De hecho, Krhin era el jugador más joven de la plantilla que se llevó el seleccionador Matjaz Kek a la primera cita mundialista en suelo africano. Como era de esperar, Krhin no jugó ni un solo minuto y fue más bien un jugador de apoyo en los entrenamientos de su equipo.

El futbolista tenía ya entonces cierta vitola. Tres años antes del Mundial de Sudáfrica, nada menos que el Inter de Milán se fijó en un prometedor centrocampista de gusto por el toque y buena salida de balón. Se lo compró al Maribor y pasó a las categorías inferiores del club nerazzurri, para saltar a la primera plantilla en la temporada 2009/10 de la mano del ínclito José Mourinho. Un año mágico para los interistas, que conquistaron la Liga de Campeones al ganarle al Bayern de Munich una final jugada en el Santiago Bernabéu justo el día antes de que el Granada conquistara el ascenso a Segunda División en aquella tarde de nervios en Alcorcón.

Los cinco partidos que jugó con el Inter le valieron para ir a Sudáfrica. Tras su paso por el Mundial, el club interista lo mandó al Bologna en régimen de copropiedad para que se fogueara. Allí pasó cuatro temporadas, pero su evolución no fue lo rápida que esperaban los rectores lombardos. Por si fuera poco, a finales de la temporada 2011-12 se rompió el ligamento cruzado, una lesión que siempre merma las carreras de los jugadores. Su primera aventura en España la vivió en el Córdoba, al que llegó en el mercado invernal de 2015. Fue titular indiscutible en un equipo que descendió por la vía rápida a Segunda División. Se le vio por Granada en su duelo liguero, en el que el equipo de José Ramón Sandoval venció por 2-0 y alimentó el sueño del milagro de la permanencia. Krhin fue el único jugador de campo cordobesista que se salvó del ridículo general de los suyos. Por eso, cuando en ese mismo verano firmó por los rojiblancos, la afición acogió bien al futbolista esloveno.

Había puestas muchas esperanzas en él y cuajó una buena primera temporada como rojiblanco, en la que disputó 25 partidos. Se ganó a la afición por las lágrimas que derramó en el banquillo de Cornellà, cuando todos sus compañeros ya estaban en el vestuario, por la impotencia que sintió cuando al Granada se le escapó, una vez más, el triunfo en el tiempo de descuento, aquella vez frente al Espanyol. Su segunda campaña resultó decepcionante. Solo jugó 12 partidos, sufrió algunas lesiones, y empezó a ser más conocido por su vida fuera de los terrenos de juego. Entre octubre de 2016 y abril de 2017 solo disputó un partido, viendo cómo poco a poco el Granada se deshacía en la Primera División. Jugó seis de los últimos siete partidos, con los rojiblancos prácticamente desahuciados. Tony Adams le quiso probar para ver si podía ser parte del equipo de esta temporada, pero ya estaba muy fuera de ritmo. El club trató de darle salida, pero solo logró cederlo al Nantes francés con una opción de compra que, al final, ejercieron hace unas semanas. El club no ha recuperado el 'kilo' y medio que invirtió en él, pero se ha quitado un peso de encima por su fuerte salario. Adiós a un jugador que se quedó en la promesa que estuvo en Sudáfrica 2010.

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