Granada CF-Barcelona | La pizarra

El plan del Granada funcionó durante 88 minutos

  • Los nazaríes ven truncada su idea de partido cerca del añadido y son superados en el tiempo extra

Los jugadores del Granada, siempre atentos a las evoluciones de Messi. Los jugadores del Granada, siempre atentos a las evoluciones de Messi.

Los jugadores del Granada, siempre atentos a las evoluciones de Messi. / Antonio L. Juárez / Photographerssports (Granada)

Entre dudas y titubeos, todo como consecuencia de tres ausencias de calibre en el centro del campo –Luis Milla, Yangel Herrera y Gonalons–, el Granada recibía en el Nuevo Los Cármenes a un equipo que no perdona indecisiones: el FC Barcelona. Lo que los catalanes no esperaban era un encuentro que se alargase hasta el 120 y que los de Diego Martínez tenían resuelto hasta a falta de ciento veinte segundos para el final. Pasó de todo.

Planteamiento

Con un once titular condicionado por las lesiones, las rotaciones y el cansancio, el Granada CF sorprendió con hasta siete novedades de partida. Sólo Domingos Duarte, Carlos Neva, Montoro y Kenedy repitieron respecto al encuentro que los rojiblancos empataron contra el Celta de Vigo.

Así dispuso el Granada ante el Barcelona. Así dispuso el Granada ante el Barcelona.

Así dispuso el Granada ante el Barcelona.

Diego Martínez repitió sistema con el 1-4-2-3-1 que cada día parece carburar un poquito más que el anterior. El técnico vigués volvió a colocar a Germán en el eje de la zaga y montó un doble pivote con Eteki y Montoro –los únicos mediocentros disponibles– en la medular. Soro fue el mediapunta y Soldado ocupó el puesto de ariete.

Los culés

El Barcelona, como de costumbre, sólo tiene un plan y está basado en el balón. Los de Ronald Koeman fueron con todo: incluso Ter Stegen arrebató el puesto al portero habitual en Copa del Rey, Neto.

Griezmann actuó de falso extremo izquierdo, siempre virado hacia el centro y entrelíneas, y cedió todo el carril izquierdo a Alba. Los culés atacaron con muchos jugadores por el centro y entrelíneas –Pedri hizo mucho daño en el espacio entre centrocampistas y defensas– mientras que Messi retrasaba su posición para intentar construir desde tres cuartos.

Posesión efímera

La adelanta presión barcelonista, combinada con las líneas tan atrasadas del Granada y los pocos efectivos a la hora de salir de la presión dieron como resultado una situación irritante para los nazaríes. El Barcelona recuperaba rápido, en segundos, dejando las opciones de hacer daño de los pupilos de Diego Martínez reducidas a casi cero.

Vivos y coleando

Cuando nadie daba un duro por el Granada, situación en la que los nazaríes navegan con suma tranquilidad, los jugadores granadinistas dieron un golpe sobre la mesa. La presión adelantada, que sólo se hacía efectiva cuando los culés tocaban en zonas muy retrasadas del campo o, en su defecto, hacia atrás o al portero, dio sus frutos con la recuperación de Soro a expensas de Umtiti. El mediapunta cedió a Kenedy y el brasileño, desde dentro del área, remató a placer para sorprender con el uno a cero.

La ventaja al descanso se hizo mayor en el cuarenta y siete gracias a una cabalgada antológica de Soldado que, después de un pase medido de Montoro, definió frente a Ter Stegen para hacer el dos a cero.

Griezmann observa a Vico tras el tanto del 3-3. Griezmann observa a Vico tras el tanto del 3-3.

Griezmann observa a Vico tras el tanto del 3-3. / Antonio L. Juárez / PHOTOGRAPHERSSPORTS (Granada)

Ciento veinte

A falta de dos minutos el Granada estaba arriba gracias a dos golpes de autoridad. Los guerreros de Diego Martínez, cómodos con la ventaja y amontonados cerca del área de Aarón, vieron quebrada su confianza con tanto de Antoine Griezmann a ciento veinte segundos del final. El ingreso de Vallejo por Puertas desorientó al equipo y el Barcelona, preciso en zonas altas, castigó las dudas nazaríes con un cruel tanto que forzó la prórroga. Ambos goles vinieron por la banda derecha, ocupada por Foulquier.

El fin de la fortuna

Después de más de treinta disparos y dieciocho saques de esquina a favor del Barcelona (frente a los siete y cero del Granada, respectivamente), el choque se fue tintando cada vez más de color azul y grana. Los de Ronald Koeman golpearon el poste hasta en tres ocasiones y un resultado positivo para los nazaríes parecía pasar más por la suerte que por los méritos cosechados durante el encuentro.

La fortuna se acabó en el ciento ocho, con el gol de De Jong. El Granada fue superado táctica, anímica y físicamente en el tiempo añadido y Jordi Alba, a siete del final, sentenció a un conjunto nazarí que siempre y pese a todo, mantuvo el honor.

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