Granada CF - Real Oviedo La Pizarra Una definición diferencial

  • El Granada supera a un rival rocoso, el equipo que más problemas le genera.

Análisis técnico del Granada CF - Real Oviedo Análisis técnico del Granada CF - Real Oviedo

Análisis técnico del Granada CF - Real Oviedo / Infografía

Lo llevaba avisando Diego Martínez desde el comienzo de Liga, aquello de que los partidos no acabarían todos en goleadas, ni que los rivales concederían tantas facilidades como los que primero visitaron Los Cármenes. El Oviedo fue el más claro ejemplo. Con sus limitaciones, sobre todo en ataque, Juan Antonio Anquela ha construido un equipo aguerrido en defensa, bien plantado, con mordiente y que aguantó la presión sobre los jugadores más creativos rojiblancos hasta que le dio la gasolina...y hasta que Adrián Ramos marcó el gol, dejando la mejor acción técnica que quizás pueda verse esta temporada en Liga 1|2|3. Es cierto que el partido no fue el que más cosas positivas le pudo dejar ni a la grada ni al banquillo rojiblanco, pero el final que aguardó es la síntesis perfecta de lo que es la categoría.

Variaciones

Pese a saltar al césped de Los Cármenes con el mismo once inicial de la última semana, los rojiblancos sabían que el Oviedo plantearía un choque cerrado con su línea de tres centrales, aunque se viera algo sorprendido con la presión alta de los carbayones. No entró bien el Granada al partido, abusando del balón largo y desaprovechando el gran espacio que los de Anquela dejaron en la segunda línea. Los de Diego Martínez se partieron en exceso, ya que cada jornada Puertas acompaña más a Adrián Ramos, lo que genera un espacio vacío en la segunda línea. Habitualmente es Montoro quien lo cubre, pero ayer Folch y Tejera (con su presión alta) dejaron sin ideas a los cerebros locales. Anquela ganó el primer ‘round’, pero demostró tener pocas variantes ya que mantuvo el mismo plan y dejó en reserva a sus jugadores.

Ansiedad

La que mostró el equipo en toda la primera mitad. A muchos se les pasó por la cabeza el partido frente al Numancia, aunque los rojiblancos estuvieron más entonados en el trato con el balón que aquel día. Hasta la grada esgrimió durante algunos segundos, antes de los 20 minutos de juego, algunos leves pitos, no de protesta, sino intentando despertar a un equipo que ayer se quitó la presión que parece coger cuando se ve en lo más alto de la tabla. El gol de Ramos puede ser el paso que necesitaban los nazaríes para no marearse ante la altura que da el verse como cabeza de la competición. Más teniendo en cuanto que solo restan tres partidos para ‘recoger’ el título de campeón de invierno.

Anti-estático

Una jornada más y ya van 18. Diego Martínez no acaba un choque con el mismo sistema con el que empieza. Ayer movió en tres ocasiones (una por cada sustitución) su esquema. Arrancó con su ya habitual 1-4-4-2, con Puertas acompañando en punta al colombiano ‘espectáculo’ protagonista. La entrada de Vico hizo variar para buscar hacer daño entre líneas, variando al 1-4-2-3-1, pero solo duró con ese formato algo menos de 20 minutos, dado que el gallego vio que no encontró el gol. Rodri hizo recuperar a los dos puntas, pero el tanto de Ramos y sus problemas dieron entrada a Nico Aguirre para acabar con el sistema anteriormente mencionado (siendo Montoro el falso enganche). El libreto de Martínez sigue generando beneficio, sobre todo si el técnico de enfrente carece de movilidad, algo que el Granada muestra en su escudo esta temporada.

La zurda, en desuso

Hoy, como ocurriera en su mayoría del choque en Málaga y todo en Tarragona, el Granada solo presentó dos zurdos en el campo (uno con titularidad): Martínez y Fede Vico. Pero ninguno actúa por la banda zurda. Quini estuvo acompañado por Vadillo y Pozo, quienes se repartieron los 90 minutos. El cordobés cumplió en los dos choques anteriores, pero frente al Oviedo lo pasó peor. Quizás la carta de los Reyes Magos rojiblanca ya tiene un párrafo escrito con el deseo de un jugador para la demarcación.

Cafetero

Ramos fue el mejor ayer del Granada. El colombiano tuvo tres ocasiones en el área antes de dejar el mejor recurso del partido. Y no fue la picada con la que batió a Champagne, sino el control orientado con el que bajó el balón para dejar atrás a los dos centrales del Oviedo que lo persiguieron. En la primera mitad dejó un lanzamiento al larguero, mucho trabajo fuera del área y otra ocasión en la que cruzó en exceso su remate. Con igual fortuna acabó una ocasión en la segunda antes del gol. Está en forma y lo demuestra. Que siga así.

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